Entre picnics y duelos, el Parque de la Memoria quiere hablarles “a los que no saben lo que pasó”

admin

24/03/2021

Enormidad contenedora. Silencio repleto de ruido. El Parque de la Memoria​ es más que “una institución pública de carácter nacional, enclavada en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a orillas del Río de la Plata”, como explica el catálogo oficial. Es la inmensidad real y simbólica de un lugar que pone a quien lo transite en perspectiva al instante. Todo es tremendo, pero igual aún hay belleza, siempre que se mantenga vivo el recuerdo.

El futuro de la memoria se construye desde el presente. Y eso sucede en este predio, un lugar hermoso y terrible que se planta con arte y naturaleza a orillas del Río de la Plata. Ideal para pasar un día de sol. Pero justo ahí, donde la dictadura arrojaba a muchas personas detenidas-desaparecidas en los vuelos de la muerte. En medio de todo eso, late el corazón del asunto: el Monumento a las Víctimas del Terrorismo de Estado.

Sobre una lomada artificial de césped hay cuatro muros extensos con treinta mil placas de pórfido patagónico. Más de 9000 están grabadas con los nombres y edades de mujeres, hombres, niños y niñas víctimas del accionar represivo del Estado entre 1969 y 1983. Es una obra y un memorial estático, pero en movimiento perpetuo, porque cada año se agregan los datos de unas 30 personas, a medida que avanzan las causas judiciales y que la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación los certifica. Ese es el único lugar del predio desde el que no se ve el río, donde no existe más horizonte que la memoria.

Los nombres. El memorial del Parque de la Memoria sigue incorporando nombres. Foto Cecilia Profetico
Los nombres. El memorial del Parque de la Memoria sigue incorporando nombres. Foto Cecilia Profetico

El Parque surgió como iniciativa de varias organizaciones de Derechos Humanos y su construcción fue decidida por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires mediante una ley aprobada el 21 de julio de 1998. El 30 de agosto de 2001, el Día Internacional del Detenido-Desaparecido, fue el acto de inauguración. Desde entonces, el lugar transita la paradoja del paseo turístico a la par de la llamada a no olvidar.

En medio del río, a lo lejos, hay un chico de espaldas a la costa. Es bello y extraño. Lo pueden ver quienes visiten el Parque de la Memoria, justo al final del Memorial, pero también los pasajeros que despeguen en avión desde Aeroparque, desde la altura. Está ahí parado. Es un niño de plata caminando sobre el agua. Algo pasa. Un dato está corrido de lugar. Inquieta. Es una escultura realizada por la artista Claudia Fontes, que replica la figura en tamaño natural de Pablo Míguez, secuestrado y desaparecido a los 14 años, en 1977, y arrojado a su tumba acuática en un vuelo de la muerte.

En las reseñas del Parque de la Memoria en Google se puede leer: “Fui con mi novia para descansar con aire fresco”, “Excelente para pasar un buen rato al aire libre”.

En las primeras reseñas, al buscar el Parque de la Memoria en Google, se pueden leer cosas como “muy lindo, muy cuidado, faltan lugares para acampar o reposar”, “fui con mi novia para descansar con aire fresco”, “excelente para pasar un buen rato al aire libre”. Pero eso no le preocupa a Nora Hochbaum, que es la Directora General desde 2008. Ella confía en lo que está de frente, que es la experiencia física que sucede cuando se transita el memorial o se ven las esculturas, una situación que por más bella que pueda parecer, deja sin aire, sacude.

“El público de fin de semana, que es ese que viene con la heladerita, la pelota, la reposera, por más que no sepa nada, no puede no ver. Quien entró al Parque de la Memoria sin saber adonde iba no sale igual. Estoy convencida de eso. Si quieren ir al baño, a la antesala o hasta a buscar un lugar con sombra para extender su mantel de picnic, tienen que pasar por el Monumento. Está pensado para eso, no hay forma de no verlo. No hay modo de no preguntarse de quiénes son esos nombres, entonces pasa algo”, dice Hochbaum.

-¿Alcanza solo con confiar en el entorno?

-A lo mejor hace 20 años decía que no, pero hoy, con la experiencia, digo que sí. Lo único que hacemos es tomar ciertos recaudos, avisar. Por ejemplo si alguien pone la reposera delante del Monumento nos acercamos y explicamos por qué no se puede justo ahí, y entonces ya surge el diálogo, que es lo importante.

El niños. Reconstrucción del retrato de Pablo Miguez es una de las obras más impactantes del Parque de la Memoria. Foto: Rafael Mario Quinteros
El niños. Reconstrucción del retrato de Pablo Miguez es una de las obras más impactantes del Parque de la Memoria. Foto: Rafael Mario Quinteros

-¿Es fácil o difícil ese diálogo?

-Es con mucho cuidado de nuestra parte y siempre recibimos respeto, la verdad. Aunque no sea fácil decir “no”. Nunca me voy a olvidar de esta anécdota genial, habrá sido hace seis años. Era verano. Llego y había uno de estos gimnastas que hacen training, todo trabado y musculoso. Estaba entrenando por el camino del Monumento. En sunga. La verdad es que no sabía qué hacer. Me produjo algo que me puso a pensar mucho. ¿Le voy a ir a decir que no? Estaba trotando. Así que decidí dejarlo. Porque me parece que es bueno que en este espacio haya la menor cantidad de “no”. Estas personas, cuyos nombres están en el Monumento, recibieron demasiados “no”: no a la militancia, no al estudio, no a estar felices, no a ser solidarios, no a transitar la vida con sus sueños. Entonces acá tiene que haber pocos “no”.

También están quienes sí saben a dónde van. Antes de la pandemia había en la semana visitas programadas con escuelas. Es el lugar que gran cantidad de familiares de desaparecidos eligen para tirar las cenizas de sus muertos, o para ir a visitarlos, como si el memorial fuera su tumba o, mejor, el lugar de encuentro para una charla. “Mucha gente que no quiere o no puede ir a la marcha los 24 de marzo, ese día suele venir acá a rendir su homenaje”, cuenta Hochbaum.

Identidad

Este miércoles, que se cumplen 45 años del golpe, y es el segundo aniversario durante la pandemia, las puertas van a estar abiertas. Además de sumarse a la iniciativa Plantamos Memoria, una campaña para plantar en todo el país 30 mil árboles por los 30 mil detenidos desaparecidos y por el futuro, va a estar abierta la muestra Identidad en la Sala PAyS, organizada en conjunto con las Abuelas de Plaza de Mayo.

Es un proyecto del que participaron artistas como Carlos Alonso, León Ferrari, Carlos Gorriarena, Luis Felipe Noé, Marcia Schvartz y Juan Carlos Romero, curado por Hochbaum. Es sencillo y contundente: fotos de parejas de detenidos desaparecidos con un espejo en el medio. “Esta muestra la hicimos en 1998 en el Centro Cultural Recoleta,y en ese momento la idea era que los nietos, que tendrían entonces 18 años, pudieran verse en el parecido con sus padres desaparecidos, con el objetivo de ayudar a encontrarlos”, explica.

Buscarse. Las caras de los padres desaparecidos y un espejo, para que los hijos se encuentren por el parecido. Foto: Rafael Mario Quinteros
Buscarse. Las caras de los padres desaparecidos y un espejo, para que los hijos se encuentren por el parecido. Foto: Rafael Mario Quinteros

Ahora, esos nietos –los recuperados y los que aún siguen buscando las Abuelas– ya son adultos, más grandes de lo que llegaron a ser sus padres y madres. “Lo que nos ha pasado en esta edición de Identidad es que muchos vienen con sus hijos, y son esos nuevos niños y adolescentes los que se encuentran parecidos a sus abuelos y abuelas desaparecidos. Pasamos a la siguiente generación. Le seguimos hablando a la juventud”, cuenta la curadora y gestora cultural.

“Hay una gran parte de la sociedad a la que ya no hay que contarle qué pasó, porque sabe. Nosotros tenemos que trabajar, y el Parque especialmente tiene como objetivo, para llegar a esa otra parte de la ciudadanía, la que no sabe. Sobre todo con los jóvenes. Es importante que no les resulte lejano lo que le pasó a mi generación, porque tiene ecos en el hoy, y los afecta a ellos también. Aunque hayan pasado 45 años”, dice Hochbaum.

“El gran desafío de este espacio es hacer mucho hincapié en los jóvenes por medio de las expresiones actuales, como el arte contemporáneo, podcasts, nuevas tecnologías, y enfocándonos en los nuevos conflictos y derechos, como el género, el feminismo, la violencia institucional, el abuso sexual. Dialogamos desde esos lugares con proyectos, talleres, muestras, para después entender que eso es hacer memoria también”, cuenta.

-¿Cuál es el futuro de la memoria?

-El futuro de la memoria es la educación. Tengo una hija de 29 años y la veo luchando por las cosas en las que cree. Creo firmemente que estos colegas jóvenes con los que trabajo acá, igual que los pibes que vienen con la escuela y hasta los que pasean casualmente por el Parque son los que van a seguir recordando, haciendo. Confío muchísimo en las nuevas generaciones. No sé cuándo terminaremos de cambiar el mundo. A lo mejor son los hijos de mis nietos, o los nietos de ellos, pero llego a este lugar y se me despierta la esperanza.

PK

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