Estados Unidos y Europa frenan el recorte de los subsidios agrícolas

admin

16/07/2021

Según la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), durante el período 2018/2020 los crecientes subsidios globales a la agricultura registraron un promedio anual de 720.000 millones de dólares.

Casi al mismo tiempo, la OMC estimó que, si las cosas siguen por este camino, existe el riesgo de que, al final de la década, el planeta se halle dilapidando, en semejante distorsión, alrededor de 1.000.000 millones de dólares. Lo cierto es que ninguno de esos datos tiende a sacar del letargo político a los protagonistas de este escenario de escándalo económico, ambiental y climático. La respuesta tácita suele ser “no sabe, no contesta”.

El más notable de esos dislates fue descripto por la directora general de esa Organización, doctora Ngozi Okonjo-Iwela, quien creyó necesario advertir que los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea no veían posible terminar una propuesta de reformas agrícolas que resulte potable para dotar de realismo a la agenda de la próxima Conferencia Ministerial (Ginebra del 29/11 al 3/12/2021).

Por enésima vez, el mensaje concreto fue que Washington y Bruselas no tienen la menor ambición de hacer una apuesta política a favor de la terminación del apartheid agrícola y del recorte de los subsidios que caracterizan a esta sensible actividad. Lástima, eran más lúcidos hasta mediados de los 90´s. 

Tal movida deprimió a ciertos negociadores, quienes habían visto circular un aporte sobre la Salvaguardia Agrícola enviado por Washington; un paper sobre las restricciones o cepos a las exportaciones de productos agrícolas y alimentos procesados, y otro elaborado por notables expertos sobre casi todos los puntos del temario del relevante Comité de Agricultura de la OMC, el que incluía un enfoque destinado a bajar los subsidios de ayuda interna (esta columna comentó semanas atrás el contenido de este último documento informal).

Si uno quiere leer estos hechos políticamente, el mensaje de la Secretaría sólo confirma que los principales líderes del capitalismo tradicional volvieron a decir que no a la reforma del sector agrícola y a la noción de eliminar o bajar seriamente los subsidios a la producción. Estados Unidos y la UE tienen, o deberían tener, mucho cargo de conciencia cuando se despuntan las cifras que marcan este tinglado y no quieren reflectores sobre sus diabólicas travesuras. Un testimonio del aludido desinterés, es la pereza con la que el presidente de Estados Unidos, y la actual titular del USTR, están manejando la renovación de la Ley de Promoción del Comercio (conocida como fast-track).

La presentación del texto elaborado por la OCDE aterrizó con un título sugestivo, quizás inspirado por la mano del nuevo Secretario General australiano: “La Ayuda Gubernamental a la agricultura (leer subsidios) es baja en materia de innovación pero elevada en materia de distorsiones”. Como ex editor, yo diría que no es un título sino un verdadero editorial.

Supongo que el lector común no necesita un comentario detallado acerca de lo que significa todo esto, pero nadie puede estar seguro de que el mensaje habrá de permear, con igual facilidad, el cerebro de los actuales y pasados responsables de la política agraria nacional. El Comunicado destaca que los datos se refieren a todos los Miembros de la OCDE, lo que incluye a la UE y, también, a once países emergentes (Argentina, Brasil, Chile y Colombia incluidos). 

Sólo me pregunto si quienes aseguraron hasta el 2014 que era inminente la desaparición natural de los subsidios agrícolas debido al elevado precio internacional de los commodities, siguen pensando la misma burrada. Yo no cambié de opinión, siempre expliqué los motivos por los que aseguré que tal enfoque era irracional e infundado (Ver La nueva versión de la plata dulce, en el suplemento iEco de Clarín del 2/11/2010, así como numerosas presentaciones posteriores).

Lo que los agraristas aún no parecen entender, es que los subsidios son el vector de los daños que provoca la agricultura intensiva sobre la economía del sector rural (precios artificialmente bajos a la producción, que en última instancia tienen un efecto económico similar a los subsidios a la exportación), así como sobre los factores tierra y agua de los sistemas ecológicos que surgen de tales explotaciones (las que desbordan en plaguicidas y fertilizantes a los que el Viejo Continente dice combatir), sin olvidar los efectos de esta tóxica parodia sobre los macro-desastres climáticos.

Lamentablemente, nuestra dirigencia no parece tener vocación por indagar y entender el real alcance de los loables principios del desarrollo sostenible. No existe ningún trabajo o decisión política seria sobre los tóxicos panfletos de la religión verde (entre ellos los nuevos juguetes denominados “Selectiva Autonomía Estratégica” el que debería leerse como sustitución antieconómica de importaciones), la aplicación horizontal del “enfoque precautorio”, el Programa del Productor al Tenedor, la nueva y áspera Política Agrícola Común 2021/27 (PAC) y otras beldades del creativo proteccionismo regulatorio de la UE.

Además del dueto que hicieron los representantes de Washington y Bruselas, los ministros de Agricultura del Mercosur mandaron a Ginebra una declaración que se guía más por el shopping list del Viejo Continente, que por las necesidades objetivas de nuestra región. En tiempos pasados, la Argentina solía ser un enérgico portavoz natural y escuchado de sus propios intereses.

Tampoco se suele prestar atención al hecho de que el Parlamento Europeo viene devolviendo, a la Comisión de la UE, los proyectos de aprobación de introducciones al mercado de varios productos agrícolas, como soja y maíz producidos con Organismos Genéticamente Modificados, por no ser consistentes con la opinión de ese foro legislativo en materia de OGM´s o con las exigencias reglamentarias para los fertilizantes que propician los lobbies de la sociedad civil.

Y, por si faltaran excentricidades doctrinarias, el célebre historiador italiano Loris Zanatta, que con frecuencia nos obsequia reflexiones inteligentes, agudas y divertidas para juzgar la realidad, acaba de usar la expresión una “moderna Europa, liberal y capitalista”. Al leer ese concepto me quedé algo tieso. ¿No será lógico pedirle a este notable académico que nos diga cuál de los países del Viejo Continente exhibe la osadía de practicar con seriedad semejantes virtudes?. Me propongo escuchar o leer con atención. También me acojo al derecho a réplica.

Nota de la Redacción: El autor es diplomático y periodista.

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