Gastón Cocchiarale: “Con mi cuerpo y mi sobrepeso, me gustaría protagonizar una historia de amor”

admin

20/07/2021

Gastón Cocchiarale pasó de la popularidad por ser Lowenstein en Argentina, tierra de amor y venganza (El Trece, 2019) a tener que reinventarse por la pandemia en medio de la angustia.

Con la reapertura de los teatros, el actor de 29 años se dispone a volver a alcanzar el estrellato con dos obras, Jauría como actor y Esto es tan solo la mitad de todo aquello que me contaste como director.

A la par que se prepara para brillar en la pantalla junto con Guillermo Francella en la serie El encargado​. Todo esto sin dejar de reflexionar sobre la actualidad y lo que necesita la ficción argentina para crecer.

-Venías de tu mayor momento de popularidad en 2019 por Argentina, tierra de amor y venganza. ¿Cómo fue parar con todos tus proyectos de un día para el otro a causa de la pandemia?

-Menos mal que tenía la escuela de teatro, porque sino me hubiera pegado un tiro. De verdad la pasé muy mal porque hago lo que amo, no me pasa lo de “que lindo, tengo tiempo libre para estar en casa”. Estar encerrado por un virus dando vueltas me pareció una película de ciencia ficción y fue durísimo.

-¿Fue difícil económicamente?

-Por suerte no tengo un espacio teatral a cargo, por ende la pasé bastante bien en ese sentido. Y mi escuela, Creer es crear, la pasé a la virtualidad y estuvimos todo un año así, fue un enorme desafío, con mucha exploración, ¿cómo se actúa virtualmente? De hecho, el primer mes no se los cobré a los chicos, porque quería ver si era posible. Funcionó y me encontré con una posiblidad buenísima, y ahora por suerte estoy volviendo a las clases presenciales en el Patio de Actores, aunque sigo con la virtualidad en algunas clases. No sé si yo sostuve a la escuela o si la escuela me sostuvo a mí.

-¿El encierro te pegó mal? ¿Te refugiaste solo en el trabajo o recurriste a ayuda profesional?

-Estar encerrado fue difícil desde lo psicológico, pero tampoco la pasé mal, me mantuve estable aunque con las típicas angustias de un mundo incierto, barbijos y un cambio de paradigma por la pandemia. Por suerte siempre proyecté trabajos para adelante y hasta producciones virtuales. Con la plata no la pasé mal porque tenía ahorros y venía de ATAV. Pero no puedo decir lo mismo de otros colegas, porque en el rubro artístico y fue letal, y muchos colegas tuvieron y tienen que dedicarse a otros oficios. Por eso ni bien se abrieron los teatros estrené 3 obras al mismo tiempo, Jauría, El juego, que la dirigí en el Metropolitan, y ​Esto es tan solo… en Kairós. Alguien tiene que actuar si los teatros están abiertos, ganando más o ganando menos. Es una patriada artística y todos sabemos que no vamos a ir a ganar plata al teatro, es para sostener los espacios y que empiece a girar la rueda de artistas laburando.

El actor Gastón Cocchiarale vuelve al ruedo.
El actor Gastón Cocchiarale vuelve al ruedo.

-¿Cómo fue el momento en el que te enteraste que tenías que volver a cerrar? ¿Seguías con ese mismo optimismo o veías de nuevo un año en el que tenías que comerte ese garrón?

-No sé si un año garrón porque a diferencia del año pasado, hoy tenemos vacuna y ese horizonte está y te hace creer en que esta situación espantosa se va a terminar pronto. No me lo tomé tan apocalípticamente, pero sí fue duro porque veníamos de un verano hermoso haciendo teatro y dando clases, y de golpe otra vez con la pantalla tratando de ponerle onda, pensando en ejercicios para la escuela, y en cierto punto eso se agota, no solo para los alumnos, sino también conmigo como profesor. Es por eso que en mi optimismo caprichoso les prometí a mis más de 70 alumnos que trabajaríamos en hacer una muestra cuando volviese la presencialidad.

-Hace unos días, Adrián Suar dijo que ATAV vuelve en 2022. ¿Te llegó algún llamado?

-Por ahora nada, solo me enteré por los medios. Pero por supuesto que si me quieren, ahí estaré. Fue un proyecto que transité con mucha alegría y que me dio popularidad. No solo por la historia que contamos, sino por el grupo humano. Si los guiones vuelven a estar al mismo nivel que la temporada pasada y el grupo sigue siendo el mismo, estaré encantado de participar.

-La popularidad veo que te pegó bien.

-Yo rescato casi todo lo positivo, porque un actor lo que más anhela, además de tener trabajo, es que este trabajo sea visto. Entonces soy agradecido con eso y haber estado en ATAV permite que mis obras sean más vistas por el público. “Vamos a ver a Lowenstein de ATAV” y vienen. Mi escuela también creció.

-¿Hay algo que te haya molestado de ese nivel de exposición?

-Creo que es un enorme privilegio el que tienen los actores porque muy pocos oficios son reconocidos en la calle. Al cirujano no lo aplauden, y es lindo que te elogien tu laburo. La parte fea es la gente que se acerca por cholula y capaz ni te vio o ni sabe quien sos, pidiéndote una foto de manera agresiva. Ahora no me pasa porque son dos años después, estoy sin barba y uso barbijo, pero me pasaron cosas bizzaras en el pico de la novela.

-¿Cómo cuáles?

-Por ejemplo, sentarme en el fondo de un bar para no ser reconocido y que de golpe venga una persona de la nada, me agarre, se saque una foto, diga “gracias” y se va. Ni “hola” o permiso, ese tipo de cosas son fuertes, muy agresivas, aunque entiendo que es parte del cariño. O quizás también gente que te saca fotos cuando estás comiendo, medio de canuto. ¿Por qué? Te sentís medio invadido, pero lejos de eso, es lindo el hecho de ser reconocido y que la gente te acompañe.

Gastón Cocchiarale como Lowenstein en la ficción ATAV. Foto: Captura TV.
Gastón Cocchiarale como Lowenstein en la ficción ATAV. Foto: Captura TV.

-¿Te considerás un remador? ¿Cómo te ves a vos mismo en lo que fue tu camino hacia el reconocimiento? Siempre dijiste que de chiquito querías ser actor, y a pesar del éxito de El Clan (2015) y Permitidos (2016), pasaste por negativas en los castings de Signos (2015) y El Marginal.

-Creo que sí, que la remé un montón, pero amo mucho lo que hago y nunca me imaginé haciendo otra cosa. Era ser actor o ser actor. No había otra chance y por suerte puedo vivir bien de mi laburo, pero si no fuera así, también sería feliz. El laburo es lo que más tiempo de mi vida nos ocupa, y si te dedicás a algo que no te gusta, tendrás una vida compleja. Hay gente que no puede elegir, lamentablemente. Por suerte crecí en una casa de clase media, nunca me faltó nada y tampoco sobraba, y pude elegir mi carrera, formándome paso a paso y con los golpes de cualquier carrera.

-Hiciste muchas publicidades además del cine, televisión y teatro.

-La publicidad me dio de morfar todos mis primeros años como actor. Si no hubiera tenido la publicidad, tendría que haber hecho otra cosa porque no hubiera podido vivir ni pagar el alquiler.

Su vínculo con Francella

“Esa vez que me rechazaron de dos castings un mismo día, me angustié mucho. Lo llamé porque fue un remador, antes vendía casas y a los 30 años comenzó a laburar con continuidad. Y fue una linda oportunidad para conocer su historia”, cuenta Gastón Cocchiarale con respecto al café con Guillermo Francella que cambió su vida, dado que este lo motivó a seguir adelante a pesar de los golpes.

Guillermo Francella y Gastón Cocchiarale en el rodaje de "El encargado".
Guillermo Francella y Gastón Cocchiarale en el rodaje de “El encargado”.

Vas a estar en El Encargado, serie de Star+ protagonizada por Francella. ¿De qué va tu personaje?

-La trama no se puede contar mucho todavía, pero es sobre la vida del encargado de un edificio que es Guillermo, y yo soy el asistente de portería de él. Su mano derecha, y tenemos todo el trabajo por delante. Estar en la serie es un placer por Guillermo, quien tuvo que ver para que yo esté y me genera orgullo, porque me quiere y me respeta, y también por trabajar con dos directores de los cuales ya era fanático antes de trabajar con ellos, Mariano Cohn y Gastón Duprat. Ahora soy más fanático todavía.

-¿Es una comedia pasatista o con aspectos más dramáticos como hay en El hombre de al lado (2009) y El Ciudadano Ilustre (2016)?

-Es una comedia ácida, que hace reír pero que también te deja medio filtrado, un humor incómodo. Además se está filmando tipo cine, una cámara, con guiones bárbaros y un elenco espectacular con Guille en el protagónico.

-Dijiste que Francella influyó para que estés en El encargado. ¿Cómo es tu vínculo con él? ¿Solo admiración profesional o podés decir que hay una amistad? ¿Te ha pasado alguna vez de “cholulearlo”?

-Me pasó de mandarme un mensaje de vez en cuando luego de terminar de trabajar juntos. No puedo considerar que somos amigos, nos diferencia una cantidad de años además, él tiene los suyos y yo tengo los míos, pero nos llevamos muy bien, lo respeto muchísimo y lo admiro no solo por haberlo admirado de chico, sino porque después los ídolos se ganan el respeto cuando los conocés. Una cosa es el ídolo que idealiza y otra cosa es cuando lo conocés, y él lo reconfirmó ese lugar.

-Además del café, ¿cómo hizo para reconfirmar esa admiración?

-Siempre fue generoso conmigo cuando le he pedido un favor o que hemos charlado del oficio, o cuando le he pedido un consejo. Siempre fue muy amable y respetuoso, mucho cariño. Me cuida, el otro día estábamos en un ensayo y yo estaba desabrigado, me jodía con que tenía el pechito descubierto y quería que consigan una campera. Me trata casi como un padre por momentos. Eso es lindo y habla del cariño que nos tenemos. Es un placer trabajar de vuelta con él.

Cocchiarale como Maguila Puccio para "El clan", película en la que actuó junto con Guillermo Francella.
Cocchiarale como Maguila Puccio para “El clan”, película en la que actuó junto con Guillermo Francella.

-¿Y te ha pasado al revés? Conocer a un referente y llevarte una decepción.

-Por suerte no. Con toda la gente que admiro y con la que he podido trabajar, la pasé muy bien. Siempre me llevo bien con todos mis colegas, desde Guillermo Francella hasta sus hijos, que estrené hace poco la segunda temporada de El mundo de Mateo en Flow y compartí muchas escenas con Yoyi Francella y nos llevamos bárbaro, con Nico también he tomado algún que otro café. También otras grandes figuras como la China Suárez, por ejemplo, que con Benjamín Vicuña son divinos y han tenido el gesto maravilloso de ir a comer al restaurante de mi familia en Ramos Mejía, Maledetto. Ese día Ramos es un hit, la gente no lo podía creer y la gente no podía salir del local.

-Ya hiciste cine, teatro y televisión/streaming. ¿Cuáles son tus sueños profesionales?

-Un gran sueño que tengo es poder tener 90 años y decir “che, me dediqué toda mi vida a ser actor”. Poder tener esa continuidad que por ahora la tengo. Después, más ahora, me gustaría tener un teatro propio, manejarlo con mis obras, mi escuela y producir, ahora estoy escribiendo también un corto que, si Dios quiere, va ser mi primera producción cinematográfica como director y productor. También estoy por comprar los derechos de una obra para hacer en el Picadero el año que viene.

-¿De cara al futuro te llama producir y crear más que actuar?

-Tengo una faceta como productor que la estoy sacando un poco más para afuera. Sobre todo en el teatro independiente, pero quiero hacerlo en otro ámbito porque en el independiente es una cuestión de oficio y de escuela, no una ganancia real. Está bueno generar proyectos comerciales que le den laburo a la gente y que los que laburen cobren lo que se merecen por estar involucrados.

-¿Te calienta más producir que tener un protagónico, por ejemplo?

-Si uno tiene “su propio kiosquito” con sus cosas, de repente no te ves obligado a tomar otros trabajos que pueden ser un protagónico maravilloso pero con una historia que no está buena. Poder permitirse decir que no a ciertas propuestas está bueno porque una carrera también se construye con los “no”, no solo con los “sí”. Igual no dejaría de ser actor nunca, es mi gran amor y me imagino haciéndolo toda la vida.

Gastón Cocchiarale en la película "Román".
Gastón Cocchiarale en la película “Román”.

-Yendo a lo del protagónico, hiciste Román en 2018, una película LBTQI+ independiente y en su momento has opinado sobre polémicas referidas al peso y las opiniones sobre los cuerpos. ¿Creés que hacen falta protagónicos en las ficciones mainstream y populares de la Argentina para aquellos que no siguen los patrones de belleza hegemónicos?

-Totalmente, sí. Hace falta, claro. No me puedo quejar por mí, porque trabajo tuve siempre, pero la verdad es que me encantaría que algún día me ofrezcan el protagónico de una historia de amor. Con mi cuerpo, mi sobrepeso y lo que yo tengo. A mí o alguna chica con sobrepeso, y ni siquiera sobrepeso.

-En la construcción clásica de “galán”, si hay alguien que podía no llegar a seguir ese patrón de belleza es el hombre, con las mujeres siempre fue más estricto.

-Sin dudas. Me parece que eso de a poco va cambiando, e inevitablemente la ficción tiene que tomar un rol ahí, porque nosotros construimos nuestras vidas en base a las historias que nos cuentan. La ficción no es algo que le escapa a esto y está bueno que tome decisiones, representando ciertos cambios de paradigma, que alcen las banderas de esos cambios y que después sea una realidad en lo social. Porque las historias de amor siempre las pensamos en base a las películas o series que vimos, nos construyen socialmente hablando y en la forma de relacionarnos con los otros.

-¿Ves algún cambio por ahora?

-De a poquito ciertas producciones se animan a romper con ciertos paradigmas y me parece fenomenal, por ejemplo, una historia de amor así o alguna historia con gente mayor, porque a la gente mayor se la desaparece de la ficción y es importante dar lugar a todo tipo de historias. No solo un galán y la chica linda, sino empezar a darle diversidad a las historias porque es fundamental para la sociedad y el futuro que queremos. La historia que Majo Staffolani contó en Román tenía que ver con el amor y lo sexual, no eligió a dos hombres “hegemónicos”, como puede ser una historia de amor gay como Secreto en la montaña, con Heath Ledger, Jake Gyllenhaal y sus patrones de belleza. Faltan más productores que se la jueguen un poco más en romper con esos paradigmas que nos dominan, nunca vi una historia de un pibe que la pasa mal por el sobrepeso. Cuerpos y actores hay, y solo falta tomar la decisión.

-¿Qué sueño personal tenés?

-Viajar mucho, pero tendría que ser menos obsesivo con el trabajo, porque siempre estoy haciendo teatro o filmando, y no me permito soltar porque soy muy neurótico con lo que hago. Me cuesta generar espacios de ocio, se me mezcla mucho porque actuar es mi ocio, y lo laboral ocupa otros estratos de mi vida, y no está bueno eso a veces. Viajar con mi novia, Tamara Liberati, que es actriz y peluquera.

Regreso al teatro

¿Cómo estás con la vuelta al teatro en medio de la crisis y ese nuevo parate por la pandemia de coronavirus?

-Estamos felices de volver con el teatro, porque hemos sufrido, creo yo, el golpe más grande de la historia. Ojalá este regreso tras la cuarentena restrictiva sea para no cortar más. Que termine esta pesadilla y que el teatro vuelva a ser como antes, llenos y con toda la gente acompañando a la cultura. Ojalá se pueda reconstruir eso. En un país como Argentina, con pocos recursos a la hora de ayudar a la cultura, se hizo muy cuesta arriba y estoy feliz de volver.

Gastón Cocchiarale en la obra "Jauría".
Gastón Cocchiarale en la obra “Jauría”.

-Estoy feliz de que muchos teatros sigan en pie, por suerte, y por poder volver aunque sea con un aforo limitado y protocolos. Volver a trabajar los artistas, los técnicos, los dueños de sala, los bares. Es fundamental porque pasamos un año casi entero sin abrir, y a diferencia de otros rubros como el gastronómico que pudo hacer delivery y mesas afuera -que no alcanza-, el teatro no.

-¿Con qué proyectos regresás al teatro?

-Como actor con Jauría en el Teatro Picadero y como director con Esto es tan sólo la mitad de todo aquello que me contaste en El Método Kairós, desde el 1° de agosto, que es teatro independiente, una obra que la gente conoce como “la del título largo” y con la que nos empezó a ir muy bien hasta el pico de casos de Covid-19. La idea es retomar en agosto.

Gastón Cocchiarale y el elenco de "Esto es tan solo la mitad de todo aquello que me contaste".
Gastón Cocchiarale y el elenco de “Esto es tan solo la mitad de todo aquello que me contaste”.

Jauría está basada en el caso de abuso sexual de “La manada” de España.

-Es el caso de los cinco chicos que violaron a una chica en la Fiesta de San Fermín de 2016, y que fueron por suerte condenados a prisión. La obra tiene algo muy interesante: lo que nosotros hacemos en escena no es ficción. Todo lo que decimos y actuamos está tomado literalmente del juicio. El dramaturgo español tomó los expedientes y construyó la obra. Es un trabajo muy interesante y se lo cataloga como teatro documental por más de nosotros pongamos el cuerpo, porque los textos no tienen adaptación.

-¿Cómo impacta en los espectadores?

-Es un material interesante que a la gente la deja muy perturbada en el buen sentido, porque todos se van con una reflexión profunda sobre lo que vivimos como sociedad. La otra pandemia que son los femicidios, las violaciones, el abuso y el machismo en su máximo esplendor. La obra refleja eso y no solo las mujeres se van impactadas -que creo yo que son las más acostumbradas a este tipo de relatos-, sino también los hombres.

-Vos interpretás a uno de los violadores. ¿Cómo compusiste el personaje?

-Los pibes que nosotros actuamos no los actuamos desde el lugar de villanos o monstruos, los actuamos desde un lugar genuino y real en el que se pueden ver reflejados tu hermano, primo, exnovio, pareja actual, papá. Tratamos de jugar que estos pibes sean cercanos al espectador. Eso genera un efecto espejo, algo maravilloso del teatro, donde la gente, y sobre todo los hombres, se van de la obra reflexionando mucho sobre su propia masculinidad y crianza.

Gastón Cocchiarale en "Jauría", junto a Vanesa González.
Gastón Cocchiarale en “Jauría”, junto a Vanesa González.

-Toda una educación y construcción social que históricamente se recibió y que se está desquebrajando.

​-Exacto. No se va incómodo solo un amigo mío que tiene 28 años. Se va incómodo el pibe de 20, el de 40, el de 30, el de 50. A todos los hombres les pega de manera especial, a mí mismo me pasó leyendo el material, decir “che, esta frase yo la dije” o “esta forma de ver a la mujer la tuve”. Entonces te replanteás un montón de cosas. Tiene una potencia enorme porque se retrata muy bien y detalladamente una violación, no es como leer una noticia rápida y sin tiempo de instalarte y conectar con esa noticia. En el teatro tenés las voces y los cuerpos en vivo, en el momento, no solo palabras en un papel. A la chica la violaron en dos metros cuadrados. Vos leés eso y capaz no te haces la idea, pero en la obra ves a nosotros cinco rodeándola en ese espacio y entendés la violencia de ese acto. Creo que Jauría representa muy bien lo que se está viviendo y cumplimos con un factor importante del teatro, que es poder generar pensamiento y preguntas además de entretener, cumpliendo un rol social. Que un hombre se pueda preguntar a sus 50 años cómo fue criado me parece maravilloso.

Los gustos de Gastón Cocchiarale

-¿Serie favorita?

The Sopranos (HBO, 1999-2007).

-¿Película favorita?

Relatos salvajes (2014) me parece un peliculón. Me da mucha lástima que Damián Szifron no filme más seguido, nos perdemos una joya ahí, todo lo que hace es increíble.

-Un programa de televisión que veas.

-Fui muy fanático durante toda la pandemia de MasterChef Celebrity (Telefe). Muy fanático, creo que no me perdí ningún capítulo de las dos temporadas.

-¿Un libro que elijas?

El fin del amor (2019), de Tamara Tenembaum, lo leí hace poquito y me gustó mucho.

-¿Qué obra de teatro te gustaría hacer?

-Justo ahora los derechos creo que los tiene Ricardo Darín, pero Art me parece una obra espectacular.

-¿Qué amigos te quedaron de ATAV?

-Matías Mayer, Malena Sánchez, que ya era amiga de antes, Albert Baró y Diego Domínguez son muy amigos, pero por una cuestión de distancia no nos podemos ver porque volvieron a España.

DD

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