Gran Premio de Mónaco: una carrera que nació de una idea irrealizable y cautiva al jet set

admin

20/05/2021

Parece extraño que una carrera en la que los adelantamientos son casi imposibles sea la más esperada del campeonato. Pero así es el Gran Premio de Mónaco de la Fórmula 1, ese escenario que vio a Juan Manuel Fangio ganar por primera vez y que, hasta que la pandemia de coronavirus la frenó, era la prueba que permanecía inalterable en el calendario desde 1955.

También es el lugar donde el jet set se da cita cada año para disfrutar del encanto del Principado, símbolo de lujo en un entorno de ensueño. En un 2021 de restricciones por el covid-19, el glamour se lo dará el estuche del trofeo a cargo de Louis Vuitton.

Pero antes de gozar de este presente, el Gran Premio de Mónaco parecía una idea irrealizable, ya que demandaba organizar una carrera en un país con una superficie de dos kilómetros cuadrados

El trofeo. Louis Vuitton diseñó el baúl que transportará el premio para el ganador del GP de Mónaco. Foto Twitter ACM
El trofeo. Louis Vuitton diseñó el baúl que transportará el premio para el ganador del GP de Mónaco. Foto Twitter ACM

Con la superficie del segundo estado más chico del mundo -solo detrás de los 0,4 del Vaticano-, la bicicleta fue siempre el medio de transporte por excelencia. Tal es así que en 1890 un grupo de 21 ciclistas creó el club Sport Vélocipédique Monégasque (SVM), el origen del que luego se convertiría en el Automóvil Club de Mónaco, el organizador del actual GP.

Conocedor del avance tecnológico y del interés por los autos, y consecuentemente por sus carreras, la asociación se amplió a la Sport Automobile et Vélocipédique de Monaco (SAVM) y del 21 al 29 de enero de 1911 organizó el primer Rallye Automobile Monte Carlo, a cargo de Antony, el dijo de su presidente Alexandre Noghès.

Una foto de 1921, cuando el atractivo por los autos ya era una costumbre en el Principado. Foto Gentileza Automobile Club de Monaco
Una foto de 1921, cuando el atractivo por los autos ya era una costumbre en el Principado. Foto Gentileza Automobile Club de Monaco

Por su extensión, claro, la competencia involucraba a otras ciudades cercanas (París, Berlín, Bruselas, Boulogne-sur-Mer, Viena y Ginebra), lo que luego iba a convertirse en un problema que impulsó, sin embargo, la creación del circuito callejero con más mística del mundo.

Es que después de una Primera Guerra Mundial devastadora para Europa, en 1925 Noghès buscó despertar el automovilismo en las calles de Montecarlo con la incorporación del ACM a la Asociación Internacional de Clubes Automotrices Reconocidos (AIACR), el origen de la actual Federación Internacional del Automóvil (FIA).

Como había ocurrido con la prueba de rally, le encomendó a su hijo el viaje a París para presentar la candidatura. Pero Antony regresó decepcionado: los dirigentes de la AIACR habían descartado a Mónaco porque sus eventos deportivos no se desarrollaban en los límites de su territorio.

1929. Imagen del primer Gran Premio de Mónaco, 21 años antes de la creación de la Fórmula 1. Foto Gentileza Automobile Club de Monaco
1929. Imagen del primer Gran Premio de Mónaco, 21 años antes de la creación de la Fórmula 1. Foto Gentileza Automobile Club de Monaco

Lejos de postergar el sueño, Antony Noghès alimentó uno más grande con la juventud de sus 35 años: crear un circuito de velocidad en dos kilómetros cuadrados que estaban adornados con adoquines y vías de tranvías y ocupados por estaciones de servicio, un túnel, un puerto y un casino.

Consciente de los pros y los contras y también de sus limitaciones, dos años después Noghès convocó a dos personas: el piloto monegasco Louis Chiron -a quien este fin de semana recordará Charles Leclerc en su casco- y al administración de la Société des Bains de Mer, la dueña de la Opera, el Casino y el Hotel de París en Montecarlo.

Junto al primero diseñó el trazado de 3180 metros que iba desde el puerto de La Condamine hacia el barrio de Montecarlo y retornaba por el túnel; el otro financió la obra, que recibió la aprobación del Príncipe Luis II de Mónaco, abuelo de Raniero III.

Finalmente, el 18 de octubre de 1928 el diario local Gazzette de Monaco informó que “la Asociación Internacional de Clubes Automotrices Reconocidos ha admitido al ACM como club nacional, lo que lleva a treinta y cuatro el número de países representados”. Y seis meses después, el 14 de abril de 1929, el Príncipe Pierre inauguró el circuito al dar la vuelta de honor del primer Gran Premio de Mónaco en un Torpedo Voisin conducido por Charles Faroux, el director de la carrera.

Sin Chiron, que estaba en Estados Unidos para las 500 Millas de Indianápolis, 16 autos disputaron esa carrera en el callejero: ocho Bugatti, tres Alfa Romeo, dos Maserati, un Licorne y un Mercedes SSK. El ganador fue un Bugatti 35B verde manejado por el francés William Grover Williams, quien no había llegado a las pruebas oficiales y realizó un entrenamiento pirata en la madrugada del sábado. Pese a eso, Antony demostró el éxito de su Gran Premio, que se repitió ocho años consecutivos y que Chiron, finalmente, ganó en 1931, siendo desde entonces el único monegasco en imponerse en las calles de Montecarlo.

El misterioso William. El primer ganador, en 1929, del GP de Mónaco. Foto Gentileza Automobile Club de Monaco
El misterioso William. El primer ganador, en 1929, del GP de Mónaco. Foto Gentileza Automobile Club de Monaco

Once años después, Antony Noghès reemplazó a su padre en la presidencia del ACM, que cada temporada fue sumando nuevos socios y socias (41 de los 910 miembros de 1931 eran mujeres) y en 1950 recibió la segunda fecha de la primera temporada de la F1.

Su nombre, finalmente, quedó inmortalizado en la última curva del callejero, como premio a su perseverancia en los albores del siglo XX. Es la misma que los mejores pilotos deben mostrar para presentarse allí una y otra vez aunque nunca puedan vencer. Le ocurrió, entre tantos, a Nelson Piquet. “Correr en Montecarlo es un poco como andar en bicicleta por la sala de estar”, la definió el tricampeón del mundo que allí nunca pudo llevarse el triunfo y, por el contrario, sumó seis abandonos

1950. Imagen del primer Gran Premio de Mónaco en la Fórmula 1. Foto Gentileza Automobile Club de Monaco
1950. Imagen del primer Gran Premio de Mónaco en la Fórmula 1. Foto Gentileza Automobile Club de Monaco

Glamour y poder

Una temperatura ideal, un mar Mediterráneo azul intenso, un gran puerto para acceder vía marítima, servicios ferroviarios que lo conectan con la costa francesa, un helipuerto y también la proximidad con el aeropuerto de Niza -a 18 kilómetros- con conexiones a más de 86 países hicieron de Mónaco un lugar de fácil acceso, a lo que se sumaron sus beneficios fiscales.

En ese sentido, el Gran Premio resultó una herramienta para la familia Grimaldi para atraer con sus invitaciones especiales a famosos y turistas adinerados, deseosos de gastar su plata en el Casino con sus yates anclados en el majestuoso puerto. Y también por eso, en sus inicios, la carrera coincidía con el feriado del Día de la Ascensión, motivo por el cual los entrenamientos de la F1 allí son los jueves y no los viernes como en el resto de las fechas.

Cuando Kate Moss se subió a la Ferrari de Michael Schumacher en 1999. Foto AFP
Cuando Kate Moss se subió a la Ferrari de Michael Schumacher en 1999. Foto AFP

A raíz de la pandemia, este fin de semana no pasarán por allí actores, actrices, modelos ni personalidades del deporte, la cultura y la política. Y solo se permitirán 7500 espectadores por día. Pero no por eso Mónaco perderá el glamour. Louis Vuitton diseñó el cofre que transportará el trofeo del ganador del Gran Premio de este año.

Tras un acuerdo multianual entre la empresa de moda parisina y el Automobile Club de Mónaco, se presentó el baúl realizado a mano en el taller Asnières, recubierto con el icónico lienzo marrón con el monograma LV y adornado con una V con los colores rojo y blanco de la bandera monegasca en el frente.

Cristiano Ronaldo y la modelo Cara Delevingne en el GP de Mónaco de 2015. Foto AP
Cristiano Ronaldo y la modelo Cara Delevingne en el GP de Mónaco de 2015. Foto AP

“A casi 300 km/h entre guardarraíles, es el Gran Premio de Fórmula 1 que todos los pilotos aspiran a ganar algún día. Hoy, estamos orgullosos de estar asociados con el campeonato y de comenzar juntos a escribir un pedazo de historia”, declaró el presidente y director ejecutivo de la marca, Michael Burke.

En los últimos años, además de producir artículos de lujo, la empresa francesa se involucró con el deporte del más alto nivel, bajo el lema “la victoria viaja en Louis Vuitton”. Así, por ejemplo, le diseñó un cofre similar a la NBA -la V del frente es blanca y delineada con azul y rojo- y también produjo estuches para la FIFA y Roland Garros. Este domingo, estará presente en la F1.

Una mujer toma sol y disfruta del paso de una Ferrari, una postal única del Gran Premio Mónaco.Foto: AP Photo/Frank Augstein.
Una mujer toma sol y disfruta del paso de una Ferrari, una postal única del Gran Premio Mónaco.Foto: AP Photo/Frank Augstein.

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