Gran Premio de Países Bajos: la loca vuelta de Gilles Villeneuve en dos ruedas

admin

04/09/2021

Gilles Villeneuve nunca fue campeón de la Fórmula 1 y ni siquiera pudo ver la consagración de su hijo Jacques en la máxima categoría del automovilismo mundial, pero el canadiense fue el piloto más querido por don Enzo Ferrari, quien le perdonó que le destrozara una gran cantidad de autos fruto de su inconsciente audacia, la que lo llevó a girar una vuelta entera con una rueda sin neumático en el Gran Premio de los Países Bajos.

Fue en 1979 cuando Villeneuve, después de despistarse y cuando cualquier otro piloto hubiera decidido dejar el monoposto tirado al costado del asfalto para esperar que lo fueran a buscar desde su escudería, salió en reversa de la cama de tierra arada para intentar quién sabe qué hazaña, porque estaba en su instinto hacerlo.

Aquel domingo 26 de agosto, Rene Arnoux partió desde la pole position con su Renault seguido por Alan Jones (Williams), Clay Regazzoni (Williams), Jean-Pierre Jabouille (Renault) y las dos Ferraris, Jody Scheckter y Gilles Villeneuve.

Tras los roces iniciales que terminaron con las opciones a la victoria de Arnoux, Regazzoni y Scheckter, Villeneuve saltó a la punta en la vuelta 11 tras superar a Jones. A partir de ahí comenzó su dominio que incluiría la vuelta rápida de carrera y que finalizaría 36 vueltas después tras realizar un trompo, por el que cedió el liderazgo.

Audaz. Gilles Villeneuve desafió los límites.
Audaz. Gilles Villeneuve desafió los límites.

En su carrera desesperada por alcanzar a Alan Jones, Villeneuve pinchó la rueda trasera izquierda en la vuelta 51 y la Ferrari se despistó. El canadiense decidió que su carrera no se había terminado allí, a pesar de que tenía que dar una vuelta completa para llegar a boxes.

Arrancó el auto y comenzó la que para muchos es la vuelta más loca de la historia de la Fórmula 1, en una combinación de emoción e irresponsabilidad.

Fue un espectáculo aparte. Se colocó al costado de la cinta asfáltica. Con una mano domaba el volante de un auto difícil de gobernar, aunque lo seguía conduciendo a velocidades muy superiores a las lógicas que dictaba la situación y con la otra les hacía señas a los rivales para que advirtieran que estaba transitando en esa condición, para que lo pasaran sin golpearlo.

La rueda trasera pinchada hizo que tuviera que llegar a boxes con tan sólo dos ruedas. La maniobra desesperada pronto se convirtió en locura. La suspensión decía basta y el eje terminó doblado, casi desprendido por completo. Abandonó, claro, pero esa vuelta salvaje hizo que se recordara lo hecho por este canadiense en una carrera que, pocos se acuerdan, que ganó Alan Jones.

Gilles Villeneuve, el piloto más extremo de la Fórmula 1

Gilles Villeneuve fue amado por los tifosi de Ferrari y elogiado por su arrojo. En aquel año 1979 terminó como subcampeón y se mató tres años después, cuando tenía 32, en la clasificación del Gran Premio de Bélgica. En 1997, su hijo Jacques logró la corona.

Jacques Villeneuve manejando una Ferrari que condujo su padre en la Fórmula 1.
Jacques Villeneuve manejando una Ferrari que condujo su padre en la Fórmula 1.

Había desembarcado en la Fórmula 1 de grande, a los 27 años. McLaren le abrió las puertas cuando lo invitó al Gran Premio de Gran Bretaña del 16 de julio de 1977, décima prueba de la temporada. Teddy Meyer, jefe de equipo británico, le hizo un contrato de prueba como tercer piloto, pero los trompos que hizo en casi todas las curvas en los entrenamientos y su undécimo puesto en la final no convencieron.

La continuidad que no le dieron allí se la entregó la escudería con más fanáticos alrededor del mundo: Ferrari. Debutó el 9 de octubre de 1977 en Ontario. Sus pésimos resultados tanto en el GP de Canadá como en el de Japón -donde voló sobre el Tyrrell de Ronnie Peterson y mató a dos personas ubicadas en una zona prohibida- no destiñeron la imagen que tenía de él Il Commendatore.

Los tifosi lo amaron no solo por sus triunfos o grandes maniobras sino también por sus pequeños gestos, como el del GP de Holanda de 1979, cuando volvió a boxes en tres ruedas para no dejar el auto tirado. Y se ganó también el cariño de Enzo, que lo adoptó como un hijo y en su despacho en Fiorano tenía su foto en un portarretratos de su escritorio.

Esa comodidad le permitió a Villeneuve criticar abiertamente el auto a comienzos de la década del 80, cuando la escudería italiana padeció la peor temporada de su historia con su penúltimo puesto en el Campeonato de Constructores.

El coche es una mierda, estoy perdiendo el tiempo, pero lo manejaré todo el día, haré trompos, lo estamparé contra las vallas, haré lo que usted quiera porque es mi trabajo. Simplemente le digo que no somos competitivos”, le expresó al fundador del equipo que, lejos de enojarse, lo escuchó.

Don Enzo Ferrari jamás pudo recuperarse de la muerte de su único hijo, Dino, con sólo 24 años en 1956. Tal vez por eso también adoptó a Gilles Villeneuve de tal modo y le soportó desde que le rompiera autos hasta desplantes. Y por eso sufrió por su fallecimiento.

Fue en Zolder, cuando se clasificaba para el Gran Premio de Bélgica. El canadiense buscó en su último intento la vuelta rápida que le permitiera sino la pole, aun con tráfico y los neumáticos desgastados. Al salir de una curva rápida a la izquierda vio un auto lento a la distancia. Era el March del alemán Jochen Mass.

Intentó superarlo por la derecha cuando Mass movió el auto levemente para el mismo lado. El neumático delantero izquierdo de la Ferrari tocó la parte trasera derecha del March y voló. Se salió del cuadro de la cámara de TV, que igualmente llegó a captar cómo se desprendía la parte delantera del chasis y Villeneuve salía despedido contra unas vallas de contención, donde estaba un grupo de comisarios de pista.

Era el final, con apenas 32 años, de un piloto excepcional. Dueño de 6 victorias, 13 podios, 2 poles y 8 vueltas rápidas en 68 carreras disputadas. Quince después, su hijo Jacques tomó el legado y logró lo que su padre no: ser campeón de la Fórmula 1, en 1997 y con un Williams.

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