Herederos del experimento socialista francés

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09/02/2021

Por Ariana Harwicz

¿De dónde viene y cómo se explica la relación perversa que tuvo la élite de izquierda francesa producto de Mayo del 68 con los niños? ¿De dónde sale y para qué sirve el libro testimonial de Camille Kouchner, en el que acusa a su padrastro, el influyente politólogo Olivier Duhamel, de haber violado a su hermano en la pubertad? Quizás, además de condenar, haya sobre todo que probar entender. La corrupción, erotización y sexualización de esos niños criados por la inteligentzia francesa puede pensarse por la relación que tuvieron con el límite, es decir, con la Ley. Todo lo resume el slogan emblemático de la época, “Prohibido prohibir”. ¿Pero quiénes tenían prohibido denunciar, prohibido vigilar y castigar?

¿A quién beneficiaba? Sin dudas, no al pueblo, ni a los desclasados. En definitiva, no a los olvidados de siempre. La revuelta de Mayo del 68 fue dirigida contra la sociedad capitalista de la posguerra, el imperialismo yanqui y el poder gaullista. Con Jean-Paul Sartre ya mayor a la cabeza, a favor de los independentistas argelinos del Frente para Liberación Nacional y, por supuesto, subidos a la cima del triunfo de la Revolución Cubana. Para ellos, toda Ley era restricción, y si algo no toleraban, eran las restricciones, porque limitar algo, es frustrarlo. Pero además, detrás del compromiso “socialista” de esa izquierda “bobo” (burguesa y bohemia), con nostalgia de un comunismo que nunca experimentaron, hubo una hipertrofia del individualismo. Del “yo mismo” que dejó poco espacio al Otro, que es un hijo, un hijo por fuera del deseo propio. Y dejó afuera al otro que es el pueblo, ya que la actual obra de teatro con abusos y excesos de los intelectuales con champagne, piscina, juegos sexuales y lecturas de Foucault, ocurrió dentro de la élite.

Y hay otra posible explicación, la hipertrofia del ego lleva a no ver otro origen del “yo” por fuera de uno mismo. Yo existo sin raíces, sin filiación, sin paternidad. Ellos, los “anti-autoridad”, los “aquí y ahora” que luego ocuparon los más altos cargos en el gobierno, existían solos como átomos perdidos en el universo, donde cada uno fue el Sol para sí mismo. ¿Por qué el titulo de Kouchner, La familia grande, así en nuestra lengua? ¿Por qué la importación del español pronunciado a la francesa? La traducción es mala y sirve como fallido para dar cuenta de esa atracción condescendiente de los intelectuales de izquierda franceses con lo latinoamericano. Allí lejos en tierras latinoamericanas, donde eran torturados los comunistas. Duhamel y su esposa adoptaron a dos gemelos en Chile (ayudados por el presidente Francois Chirac), a quiénes bautizaron Luz y Pablo. Pablo en honor a Neruda, aunque Neruda se llamaba Neftalí Ricardo Reyes Basoalto. Lo que sería un paso de comedia, si no dijera mucho de la estafa y su relación con la verdad. A esos bebés adoptados no los fueron a buscar, los hicieron traer. ¿Qué se hace con el cuerpo de los hijos en esa hipertrofia narcisística?

Ariana Harwicz, escritora. Foto Hugo Pasarello Luna
Ariana Harwicz, escritora. Foto Hugo Pasarello Luna

Un narcisismo agravado por el socialismo que alteró enormemente la noción de filiación. Y la filiación tiene una relación directa con lo prohibido y la Ley. El libro fue editado en Seuil, en la colección de ficción, por consejo de los nuevos editores de la literatura contemporánea: los abogados. De hecho, la autora es abogada, síntoma de la nueva alianza entre “literatura” y Ley. El libro no causó ninguna sorpresa en el poder, Duhamel fue uno de los pocos que acompañó al presidente Macron la noche de su victoria, pero sí ayudó a dos movimientos: el #Metooincesto, y a poner en evidencia la fractura y la desconexión de la sociedad francesa. Las élites argumentan que era el “espíritu de la época”, el resto dice que criaban a sus hijos en los años 80 y que no tenían por costumbre obligarlos a felaciones. Crecí a la sombra de esos intelectuales, admirándolos. Sus enemigos eran nuestros enemigos. Pero aquellos también.

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Ariana Harwicz es escritora argentina radicada en Francia. En 2012 publicó su primera novela, Matate, amor, que le permitió alcanzar gran reconocimiento por parte de la crítica.

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