Interna peronista: la pelea con tiros, cuchillazos y una ithaca que impulsó a un cacique del conurbano

admin

16/05/2021

Dentro del género “peleas del peronismo bonaerense”, una de las más recordadas es, sin dudas, la de agosto de 1999 en José C. Paz, noroeste del conurbano. El campo de batalla fue el edificio alquilado para el Concejo Deliberante, donde los disparos adelantaron el cotillón que más tarde encontró la Policía: un revolver calibre 38, una ithaca, cuchillos y municiones.

El saldo dejó concejales y colaboradores heridos de bala y milagrosamente ninguna víctima fatal. Fue el capítulo final de una interna que marcó el ascenso al poder de uno de los barones de conurbano: Mario Ishii.

Como parte de la división del conurbano de mediados de los ’90 -que en muchos distritos implicó una pelea entre el ex presidente Carlos Menem y el ex gobernador Eduardo Duhalde-, el viejo Partido de General Sarmiento (que era gobernado por Luis Ortega, hermano del cantante y ex gobernador de Tucumán Ramón “Palito” Ortega), fue organizado en tres nuevos municipios.

En diciembre de 1995 asumieron los nuevos jefes comunales. José De Luca, en San Miguel; Jesús Cariglino, en Malvinas Argentinas; y el ex futbolista de la Selección Argentina de fútbol, Rubén “El Hueso” Glaria, en José C. Paz. Todos duhaldistas.

Glaria venía acostumbrado a las ovaciones. Como ex lateral derecho había cosechado cuatro títulos en San Lorenzo, tres temporadas en Racing Club y un ascenso con Sarmiento de Junín. Y con la Selección había disputado el Mundial de Alemania en 1974, con la 9 en la espalda porque los números respetaban el orden alfabético. 

Ya en los ’90, Glaria era cercano a Fernando “Pato” Galmarini y se inició en la política como secretario de Deportes de la Provincia. Para bajarle el precio, sus detractores solían decir que era el organizador de los partidos de fútbol en la quinta de Duhalde, pero lo cierto es que en 1995 el ex gobernador lo ungió como candidato a primer intendente del nuevo municipio de José Clemente Paz.

Esa decisión dejó postergó a un hombre de 35 años, comerciante de un mayorista de harina, que desde 1991 era asesor del bloque del PJ en la Cámara de Diputados: Mario Alberto Ishii. Para esa elección de mediados de los ’90, Ishii, hijo de un floricultor japonés, lideraba la agrupación “Pueblo Militancia Bonaerense”, y debió conformarse con el primer lugar de la lista de concejales y la presidencia del Concejo Deliberante.

Mario Ishii le toma juramento a Rubén Glaria; Duhalde invitado. Foto: Museo José Altube.
Mario Ishii le toma juramento a Rubén Glaria; Duhalde invitado. Foto: Museo José Altube.

Al poco tiempo de gestión algo se rompió en la relación entre Glaria e Ishii. La división se plasmó en el Concejo. Durante más de un año los concejales leales al intendente se parapetaron en el edificio alquilado donde funcionaba el recinto, en Ruta 197, casi esquina Muñoz (hoy avenida René Favaloro).

Las primeras tensiones

“Glaria ponía a su gente a que no nos dejara entrar al Concejo. Yo iba con el comisario y una escribana, que tenía que verificar que no me dejaban entrar”, recuerda Ishii.

“Eramos la mayoría de los concejales y atrás venían caminando como 500 personas. En el edificio del Concejo había como mil personas. En la puerta estaban con palos, la escribana me decía que entrara, y yo le respondía que no podía pasar. Y desde la terraza nos tiraron meo”, dice el jefe comunal, que acaba de salir de otra operación por el problema de sobrepeso que lo aqueja desde sus inicios en la política, y por el que llegó a pesar 160 kilos.

Néstor Solís, ex concejal del Frepaso, recuerda la imagen de la escribana Paulina Garofalo, adscripta en la escribanía Pivetta, intentando esquivar con tacos altos la orina que lanzaban desde el edificio. Fue uno de los tantos intentos por ingresar a sesionar en 1998 y 1999.

Insólitamente, la puja derivó en el funcionamiento de dos concejos deliberantes. Uno en el edificio, con una minoría de concejales que respondía al jefe comunal Glaria, y otro con Ishii a la cabeza, varios peronistas y los opositores del Frepaso y el vecinalismo.

El concejo paralelo presidido por Ishii, con siete de los doce concejales, sesionó en distintos lugares. “Hubo sesiones en el Club Altube, en un geriátrico de la calle Saenz Peña y hasta en una estación de servicio”, asegura Solís, que conserva la misma cantidad de pelo que entonces, ahora color gris, pero un riñón menos, que le donó a su esposa.

La precuela

El clima se tensaba cada vez más. El 4 de noviembre de 1998, en uno de los canales de diálogo que se abrieron, Miguel Fierro, ex concejal de la Unión Vecinal, y Solís, ambos opositores al intendente, fueron a hablar con Agustín “El Gallego” López, concejal defensor de Glaria, para intentar normalizar la situación.

“Empezamos a subir la escalera con el concejal Solís, y en el descanso del primer piso nos atacaron. No me hicieron nada porque se la agarraron con los del Frepaso”, rememora el vecinalista Miguel Fierro, cuya hija hoy lidera la Unión Vecinal, y por un acuerdo con Juntos por el Cambio integró la lista de 2017 y logró una banca en el actual Concejo.

La pelea a tiros siguió en la puerta del Hospital Mercante. Foto: Mario Cocchi
La pelea a tiros siguió en la puerta del Hospital Mercante. Foto: Mario Cocchi

Néstor Solís terminó internado en el Hospital provincial Mercante, a pocas cuadras del Concejo, y se abrió una causa en la Justicia de San Martín, como precuela de lo que ocurriría el 20 de agosto de 1999.

Antes hubo una interna del PJ que Ishii le ganó a Glaria, triunfo que lo posicionó de cara a las elecciones de 1999, donde el ex gobernador Duhalde compitió por la Presidencia y perdió con Fernando de la Rúa. Ishii parecía tener el camino libre pero le quedaba la batalla final, que no sería en las urnas.

“Creo que se votaba el presupuesto. Había algunas diferencias entre los grupos. La verdad es que estaba picante“, cuenta ahora Rubén Glaria, que cortó su sedosa cabellera pero conserva el característico bigote que llevó a lo largo de su carrera como futbolista, político y entrenador, advierte: “Me acuerdo poco”.

“Cada cual buscaba su espacio y lo ganaba como podía. Y se gana en la calle, en el Concejo. Ahora cambió todo en el conurbano, hoy los concejales son concejales y nada más, no aspiran a ser intendentes. La situación me sorprendió y aguanté hasta donde pude”, reflexiona Glaria, que después de la política se dedicó a dirigir clubes del fútbol de ascenso pero mantiene una foto con el ex presidente Juan Domingo Perón en su perfil de Whatsapp.

En aquella sesión no se trataba el presupuesto sino la rendición de cuentas municipales de los años ’98 y ’99. Un dictamen crítico de los números de Glaria que había elaborado el Frepaso fue el desencadenante del escándalo. “Me tomé el trabajo de hacer un análisis fuerte de la rendición de cuentas. Eran un desastre y elaboré un dictamen. Como era opositor, difícilmente iba a tener acompañamiento, pero logramos que además de la oposición lo firmara Ishii, por lo tanto era un dictamen de mayoría y fue clave porque iba directo al Tribunal de Cuentas”, destaca Solís.

La batalla

En la planta baja del edificio de la Ruta 197 se ubicaban los boxes de cada concejal, mientras que en el primer piso estaba el recinto y las oficinas de la presidencia del Concejo. Generalmente las sesiones arrancaban puntuales y es lo que se esperaba a las 10 de la mañana del 20 de agosto de 1999.

Néstor Solís sabía que su dictamen desfavorable para los manejos económicos del intendente Glaria había causado conmoción, y por eso el ritual de puntualidad de inicio de sesiones se demoró 20 minutos. “Llegué puntual, y junto a mis asesores subí al recinto, -recuerda-. Algunos todavía estaban abajo, y de repente se escuchan estruendos. Creí que eran petardos”.

La pelea a tiros en el Concejo Deliberante de José C, Paz en 1999 llegó a la tapa de Clarín.
La pelea a tiros en el Concejo Deliberante de José C, Paz en 1999 llegó a la tapa de Clarín.

Eran las 10.20. En ese primer piso también esperaba para sesionar José Luis Berzano, un peronista defensor del intendente Glaria, que solía tener fuertes cruces verbales con los opositores. Pero entendió rápido la gravedad de los hechos y tuvo un gesto que los opositores aún hoy destacan. “En ese momento Berzano se me acercó y me dijo: ‘Vos ni te muevas de acá, ni se te ocurra asomarte’. Cagó a pedos a la gente y repitió: esto son tiros“, cuenta Solís, y asegura que acató la orden. Se quedó quieto en el primer piso mientras las detonaciones continuaban abajo.

“Según los testigos, cuando iba a comenzar la sesión del día, un grupo de matones entró al recinto con revólveres, escopetas, palos y cuchillos. La interna partidaria y la sospecha de malversación de fondos públicos por parte del actual intendente -que iba a tratarse en la sesión del día- habrían originado el enfrentamiento que terminó con siete militantes heridos: cuatro, a balazos y los otros con puntazos y golpes”, relató la nota de Clarín de 1999, con un escandalo que llegó a la tapa.

“De repente, uno de los militantes sacó un arma, disparó y se desató el caos. Aparecían armas por todos lados. Los concejales y los agresores corrían; algunos se refugiaron en sus despachos, otros se resguardaron en la vereda de enfrente. Un verdadero sálvese quien pueda”, añadió la crónica del diario La Nación.

Los militantes buscaron refugio en los despachos de los concejales. “Salí a ver qué pasaba y vi a dos hombres armados que entraban al edifico y tiraban a quemarropa”, contó la concejal peronista María Teresa “Marité” Zamora a Clarín en 1999. La misma concejal señaló que uno de los tiros pasó a centímetros de su cabeza.

La crónica de la pelea a tiros en José C. Paz en una doble página en Clarín.
La crónica de la pelea a tiros en José C. Paz en una doble página en Clarín.

Los incidentes se trasladaron a la vereda de la Ruta 197, la avenida más importante del distrito. “El tiroteo terminó antes de que llegara la policía. Según relatos de testigos, la mayoría de los agresores escapó con las armas en una camioneta blanca”, contó La Nación.

Todos apuntaban al concejal Rodolfo Pino, uno de los pocos defensores que le quedaba a Glaria. “Fueron los hombres de Pino los que abrieron fuego, aunque los de Ishii también estaban armados y respondieron, -relató ese día un empleado del Concejo a Página/12-. Todo empezó con una pelea entre mujeres, a la cual se plegaron los hombres. Apenas llegué, vi que los ánimos estaban caldeados porque Pino les decía a los suyos:Ahora no hagan nada, pero cuando termine la sesión los cagamos a palos’.

Pino se defendió ante los medios: “Los agresores bajaron armados desde la oficina del presidente y me dispararon. Vinieron a matarme”, denunció, mientras mostraba su camisa manchada con sangre. En su despacho estaba con su colaborador, Luis Dos Santos, quien aseguró que les disparaban desde afuera.

El desconcierto duró varios minutos y hubo balas cruzadas. Las crónicas hablan de tres heridos de bala: Alfredo Morales, en el abdomen; Ricardo Denucci, en la espalda, y Rubén Pardo, en el muslo izquierdo. También hubo otros heridos de arma blanca y con traumatismos: a Adrián Rodríguez le desfiguraron la cara con una piedra; mientras que otros heridos fueron Omar Guess, Marcelo Quinteros y Juan Barretto. Y por si fuera poco, un herido de bala que escapó del Hospital sin ser identificado.

El ex concejal Rodolfo Pino mostraba su camisa con sangre. Fotos: Mario Cocchi
El ex concejal Rodolfo Pino mostraba su camisa con sangre. Fotos: Mario Cocchi

La nota en Clarín describe que el edificio del Concejo quedó con puertas rotas, vidrios baleados, despachos destrozados, manchas de sangre y huellas de balas en paredes, techos y pisos. “En el box de la concejal Juana Vega una bala pegó en el piso y rebotó al techo”, recuerda hoy Solís.

Un arrepentido

Poco después del mediodía, la Policía secuestró dentro del Concejo un revólver calibre 38, una escopeta Ithaca, varios proyectiles y un cuchillo. El revólver apareció en un macetero y las balas en un cesto de basura cerca de la oficina del presidente del Concejo. En las cámaras de un canal de televisión local se pudo ver a Pino con una escopeta, y en el allanamiento le encontraron el celular que la concejal radical Juana Vega había denunciado como robado.

Todos los heridos fueron dados de alta días después y el caso recayó en la Fiscalía N° 7 de San Martín, donde hubo solo un imputado. “Hubo tiros pero no me acuerdo de apuñalados. Tirarían más al techo que otra cosa”, minimiza hoy el ex intendente Glaria, aunque sentencia: “Fue una barbaridad”.

Pino recuerda el episodio: “Me sindicaron como uno de los cabecillas. Mario (Ishii) armó una comisión investigadora para el ‘Hueso’ Glaria. Yo defendía a un gobierno democrático elegido por los peronistas y que tenía que terminar el mandato. Por eso fue la pelea”.

Por entonces uno de los líderes de la agrupación “Nueva Generación Peronista de José C Paz”, Pino reconoce: “La toma del edificio la hice porque no quería que sesionaran ahí. Me arrepiento porque hubo compañeros que sufrieron la pelea en carne propia. Se peleó la militancia. Lo peor que puedo hacer es no arrepentirme. No lo volvería a hacer. Hubo muchos errores de afuera también”.

Apenas dos meses después de la batalla fueron las elecciones de 1999. Duhalde, en fórmula con Palito Ortega, buscó fallidamente la presidencia, al tiempo que Carlos Ruckauf con Felipe Solá ganaron la gobernación de Buenos Aires, y Mario Ishii logró llegar a la intendencia de José C. Paz por primera vez.

Fue reelegido en 2003 y 2007, y soltó el distrito en 2011, cuando dejó como delegado a Carlos Urquiaga para competir en las Primarias por la gobernación de Buenos Aires con la lista “Ishii Gobernador N° 678” -en referencia al programa oficialista de la TV Pública-, que apenas cosechó 238.487 votos, el 6,18%. Perdió ampliamente frente al por entonces gobernador Daniel Scioli, que poco después logró la reelección.

En 2013 fue elegido senador provincial y dos años después, cuando Cambiemos ganó la Provincia, Ishii volvió al poder local donde logró el 47,89% de los votos, para ser reelegido en 2019 con el 59,84%.

En 1999, Duhalde-Ortega, Ruckauf, Solá, e Ishii, en campaña. Foto: Zavattaro.
En 1999, Duhalde-Ortega, Ruckauf, Solá, e Ishii, en campaña. Foto: Zavattaro.

Al menos en José C. Paz el tiempo parece limar las diferencias. Hoy Rodolfo Pino y Néstor Solís, más otros de los que participaron de aquella pelea en el Concejo, son funcionarios municipales bajo la gestión de Ishii. “A Pino lo puse de director de Deportes y jamás hubo un problema”, resume hoy Ishii desde la Municipalidad, que hace 25 años funciona en un edificio alquilado a la Facultad Luterana, que pertenece a la iglesia luterana.

Sobre la Ruta 197 no quedan vestigios de la pelea pero sí se adivina otro vínculo con la fe. En el edificio alquilado en el que funcionaba el Concejo ahora funciona una de las 200 iglesias evangélicas de José C. Paz. Tal vez el nombre del templo contraste con la manera en la que la política local intentó solucionar sus diferencias en 1999. “Visión de futuro”, dice el cartel de letras blancas y fondo violeta, colgado en la puerta de la planta baja, donde hasta hubo manchas de sangre en las paredes.

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