Jrue Holiday, el hombre que solo quería una familia, casi la pierde y hoy celebra con ella ser campeón de la NBA

admin

21/07/2021

Jrue Holiday levantó la vista, las vio y les sopló un beso. Un ritual tan sencillo como poderoso. Y sobre todo, deseado. Por esa razón, más allá del oro que baña el trofeo Larry O’Brien y que lo certifica como campeón de la NBA tras vencer a Phoenix Suns, esta celebración -con toda su importancia- no se compara con la presencia de Lauren y de la pequeña Jrue Taylor en la tribuna. Porque bien sabe el base de Milwaukee Bucks lo que le costó tenerlo. No sólo a él, sino a toda la familia.

La alegría compartida con ellas es más significativa porque en 2016 Holiday tenía en su cabeza una pregunta que sobresalía entre miles que se hacía: “¿Y si ya no tengo a mi familia? ¿Qué pasa si deja de estar completa?“.

Justo él, que cuando empezó a salir con quien se conoció en la universidad UCLA y luego se convertiría en el amor de su vida, ante la pregunta que le hizo ella (“¿Cuáles son tus metas? ¿Querés ir a un Juego Olímpico, ser un MVP?”) le respondió un mucho más simple: “Me gustaría formar una familia”.

Cuando todo debía ser risas, cuando todo debía ser felicidad con aquella jovencita, los asaltaron los mayores miedos. Lauren, su esposa, una destacadísima jugadora de fútbol (campeona del Mundial con Estados Unidos y dos veces ganadora del oro olímpico), se había retirado después de 2015 para dedicarse a criar al bebé que tendrían juntos.

Pero a los tres meses del embarazo todo se ensombreció. “Me desperté con un dolor de cabeza que jamás había sentido”, le relató la mujer, tiempo después, a la cadena ESPN. Fue al médico, le hicieron estudios y le comunicaron los resultados. Uno de los mayores enemigos en la vida del deportista metió la cola en ese momento: la distancia. Jrue Holiday se tuvo que enterar del diagnóstico por teléfono.

Lauren padecía un meningioma no canceroso en la base del cráneo, detrás del ojo derecho. Más allá del “no canceroso”, su vida y la de su bebé corrían peligro. A medida que avanzaba el embarazo, los síntomas no hacían más que empeorar. Además de los incesantes dolores de cabeza, la mujer no podía caminar en línea, la parte derecha de su cara no funcionaba, iba perdiendo la audición, le costaba tragar…

“Mi dolor más grande era que Jrue me perdiera a mí y a su bebé. Así que mi enfoque cambió: empecé a pensar ‘qué tengo que hacer para mantenerla a ella sana?’ Yo vendría después”, relató a la distancia.

Holiday, que por entonces estaba en los New Orleans Pelicans, dejó de jugar. “En ese momento no me importaba el básquet. La gente tal vez no entienda que todo lo que soy es por ella”.

Con todas las dificultades, Lauren pudo dar a luz a una bebé cinco semanas y media prematura, pero que se repuso y salió adelante luego de 7 días en neonatología. Un mes después del parto, volvió a entrar al quirófano para que le operasen la cabeza.

“Lo único que tengo ahora es que me quedó un poquito mal el ojo y que no escucho del oído derecho. Pero tengo una bebé saludable. Si eso no te da perspectiva, no sé qué puede dártela“, cerró aquel pequeño especial Lauren. En la noche de Milwaukee, desde la tribuna y junto a Jrue Taylor, recibieron ese beso soplado de papá. Que ahora, aunque sea lo de menos, es campeón de la NBA.

Factor clave

Holiday castiga a Booker en ataque. Fue menos eficaz que en defensa pero hizo un valioso aporte. Foto Jonathan Daniel/Pool Photo via AP
Holiday castiga a Booker en ataque. Fue menos eficaz que en defensa pero hizo un valioso aporte. Foto Jonathan Daniel/Pool Photo via AP

Con menos estridencias que Giannis Antetokounmpo y menos pólvora que Khris Middleton, el organizador de juego del equipo que recobró el título tras medio siglo -su única consagración databa de 1971- ha sido uno de los factores clave para este logro. Lo fue permanentemente con su defensa sobre Chris Paul, pero probablemente no hubiera alcanzado con eso solo. Por eso terminó siendo determinante también su capacidad ofensiva, aun con sus intermitencias.

Después de haber sufrido con el perímetro de los Suns en en el arranque de la serie, sin poder detener a esa temible dupla que conforman Paul y Devin Booker, los Bucks ajustaron el plan y Holiday quedó a cargo de la marca del talentoso base rival, uno de los mejores de todos los tiempos.

Y la misión no le quedó grande ni mucho menos. Todo lo contrario.

Porque si bien en 26 minutos en los que estuvo directamente en su marca, entrando al sexto juego Paul le había anotado 39 puntos y metido 16 de sus 21 tiros (en definitiva, siempre un gran ataque tiene ventaja sobre una gran defensa) indudablemente Holiday lo hizo jugar incómodo.

Esto, sumado a que el exOklahoma City Thunder, Houston Rockets y Los Angeles Clippers estuvo disminuido con un problema en su muñeca izquierda, se notó especialmente a la hora del manejo de la bola. Un detalle: más allá de lo que pareció claro a la vista, el de los Suns estuvo toda la final diciendo que esas molestias no le afectaron a la hora de jugar. Haya sido así o no, sus palabras minimizando la merma física no hacen más que engrandecer (y respetar) la actuación de Holiday.

En los minutos en que lo marcó Jrue, Chris perdió 7 pelotas. Y se trata de uno de los mejores protectores de la misma que la NBA haya conocido. Para ponerlo en contexto: PJ Tucker, otro de los grandes defensores de Milwaukee, sólo le provocó una pérdida a Paul. En toda la primera ronda, Dennis Schroder, el base de Los Angeles Lakers, apenas le causó una en toda la serie.

El conductor de los Bucks le cerró los caminos, lo persiguió tras las cortinas en lugar de hacer el cambio con su hombre grande de turno, situación que más cómoda le resultaba a Paul; lo marcó con intensidad desde los primeros segundos de cada posesión, lo que molestó al crack.

Pero no sólo al base puso contra las cuerdas. Contra un Booker que en cuatro de los seis partidos marcó más de 25 puntos (y en dos de ellos llegó a los 40) también fue una peste y, en este caso, incluso las estadísticas lo evidenciaron.

Contra el escolta estuvo emparejado 19 minutos y medio durante los primeros seis partidos y lo dejó en apenas un 36% de cancha, cuando en el total de la serie estuvo en el orden del 43%. Marcado por Holiday, Booker anotó sólo 9 de 25 tiros (2-9 en triples) y sufrió 4 pérdidas.

Una de ellas bien pudo marcar el destino de las finales: Holiday le robó la última bola del quinto partido cuando Milwaukee ganaba por 2 y lo definió con un alley-oop para Antetokounmpo.

Y pese a sus vaivenes en la ofensiva (en este sexto partido terminó con 12 puntos y apenas 4-19 en tiros de cancha, aunque dio 11 asisten), tuvo actuaciones rutilantes que aportaron en gran forma para la consagración de los Bucks. En el tercer juego anotó 21 puntos con 5 triples y 9 asistencias y en el quinto partido marcó 27 puntos con 13 asistencias.

Ahora irá por más: se sumará en horas al equipo de los Estados Unidos que irá por el oro en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.

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