La Cámpora quiere los pesos de Martín Guzmán y complica la marcha del plan económico

admin

05/05/2021

En cuatro meses el Presupuesto que pensó Martín Guzmán para 2021 no existe más. La inflación no será 29%, la soja no vale US$ 350 y las presiones sociales, sindicales y partidarias de cara a las elecciones son mayores a las previstas por el ministro.

Por un lado, Guzmán cuenta con más recaudación, en parte ello es gracias a la inflación acelerándose. Los ingresos tributarios (crecieron 105% anual en abril) ‘vuelan’ de la mano de la suba de los precios, de la recuperación de la actividad y la cotización de los granos más elevada. Del lado del gasto, el ministro juega al siga-siga y deja que las jubilaciones y salarios suban menos que la inflación: en los primeros 3 meses las prestaciones sociales aumentaron sólo 32,4%. Un ajuste hecho y derecho.

La combinación más recaudación y un gasto amarrete abre espacio para que los subsidios metan la diagonal: suben al 70% anual. Y no hay IFE ni ATP.

¿Qué pasa, entonces?

Guzmán previó $ 627.000 millones (1,7% del PBI) para los subsidios este año. Pero economistas expertos en temas fiscales y energéticos creen que la cifra será más alta a raíz de que los aumentos de tarifas no serán los que había previsto el ministro hacer (entre 30% y 40%). “Si los incrementos son los que dicen Federico Basualdo y Federico Bernal, los subsidios se disparan a $ 905.000 millones”, dice Alejandro Einstoss, economista de la UBA y del Instituto Argentino de Energía Mosconi.

Para Ricardo Delgado, director de la consultora Analytica, si la discusión se remite sólo al tema de la luz que planteó Basualdo, “se abarca una cifra que va entre $ 54.421 millones y $ 38.872 millones de subsidios extra a lo que presupuestó Guzmán”.

Ninguna de estas cifras es relevante desde el punto de vista macroeconómico. Pero sí dan oxígeno a La Cámpora de cara a las elecciones cuando la inflación no cede. Incluso, los subsidios podrían subir más.

Nicolás Gadano, economista y experto en energía y finanzas públicas, advierte de ello. “Si el dólar se mueve, ahí cambia todo”. Los subsidios aumentan al ritmo del tipo de cambio.

Hay más en la pelea de fondo. Guzmán, desde hace unos meses y en privado, admite que demorar correcciones en el sector energético es riesgoso para el que tenga que asumir esos ajustes a futuro. Y podría ser el propio oficialismo (o sea él). Se forma una bola de retrasos en las tarifas a costa de que el Estado financie cada vez más el consumo de energía de hogares como sucedió antes con el kirchnerismo.

En segundo lugar, el ministro dice que si el sector no invierte y aumentan las importaciones de combustible, habrá menos dólares para repagar la deuda en los años que viene y financiar la recuperación.

“El Presupuesto de Guzmán tuvo varios golpes y uno de ellos será que los subsidios no crecerán en términos del PBI”, dice Gabriel Caamaño, director de la consultora Ledesma. “Pero la meta fiscal sigue siendo alcanzable porque la ayuda fiscal por la pandemia no es mucha y la soja aumentó. Habrá que ver en mayo”.

Marina Dal Poggetto, directora de Eco Go, también piensa que el affaire Guzmán-Basualdo “es absurdo en términos fiscales, no es relevante. Pero sí en términos políticos y de cara la discusión con el FMI”. El organismo no ve con buenos ojos las disidencias dentro del Gobierno sobre el rumbo de temas específicos sobre el gasto en subsidios. También sigue de cerca la intervención del gobernador, Axel Kicillof, en cuestiones de la agenda de Guzmán. Kicillof elogió a Basualdo.

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