La casa del horror de Gloucester: incesto, sexo y muerte, la siniestra historia de Fred y Rose West

admin

21/07/2021

28 de febrero de 1994. Gloucester, Inglaterra. Cae la tarde y hace frío. Pero el descubrimiento hiela aún más la sangre de los policías. El cuerpo desmembrado de una joven aparece en uno de los tantos pozos que habían cavado. Estaba envuelto en una bolsa de basura.

Era Heather West. Había sido violada, torturada y mutilada. El lugar en el que hallaron el cadáver: el jardín de su casa. Los criminales: su padre y su madre.

Fred y Rosemary West conformaron la pareja de asesinos seriales más cruel del Reino Unido. Detrás de la imagen de familia que vendían al mundo, la suya es una siniestra historia de incesto, depravación y horror. Una historia que, enmascarada en la extrema discreción británica, reveló que la violencia y la perversión no tienen límite.

Esta es la crónica de una leyenda negra de locura, sexo y muerte.

Fred

Frederick Walter Stephen West llegó al mundo el 29 de septiembre de 1941. Nació en el seno de una familia de granjeros sin demasiados recursos de Much Marcle, en Heredfordshire. De niño casi no fue al colegio y apenas aprendió a garabatear algunas frases simples y con más faltas de ortografía que palabras.

Fred fue el segundo de seis hermanos; pero él era el favorito de Daisy, su mamá. Detestaba la vida rural, levantar la cosecha de estación representaba lo peor para él. Pero de eso vivían y, más allá de la protección materna, estaba obligado a hacerlo.

Fred West. Foto: Criminalia
Fred West. Foto: Criminalia

Pendenciero e inmanejable desde pequeño, pasó su adolescencia robando en las tiendas del pueblo y a los 15 huyó de casa. La aventura duró poco, Heretford no le dio la bienvenida y luego de un mes de vivir en la calle, sin agua ni alimentos, volvió a su hogar.

Allí lo esperaban, de nuevo, un padre alcohólico que lo golpeaba y como única enseñanza sólo repetía “haz lo que quieras pero que no te atrapen haciéndolo” y una madre abusiva que, según Fred, lo había iniciado en el sexo a los 12 años y le había hecho vivir las peores experiencias, incluso, hasta con animales.

Años después, en 1961, Kitty, la menor de los West, confesó que el joven la había obligado a tener sexo con él durante varios meses. Con solo 13 años, había quedado embarazada. Fred no lo negó y a pesar de que el caso llegó a juicio fue sobreseído porque la niña dio marcha atrás en su denuncia.

Fred West y sus hermanas. La menor lo acusó de abuso. Foto: Web
Fred West y sus hermanas. La menor lo acusó de abuso. Foto: Web

Con el rechazo de gran parte de su familia, dejó atrás Much Marcle y su vida se transformó en un largo deambular por diferentes ciudades de Gloucestershire. Fanfarrón y vulgar, no dejaba de alardear de sus conquistas y logros. Sin embargo, pocos tomaban en serio a ese aldeano rudo que recorría las cantinas.

Lamentablemente, algunas mujeres le creían, lo veían encantador y caían en sus redes. Una de ellas fue Rena Costello, una joven prostituta de 21 años que estaba embarazada de un chofer de ómnibus paquistaní.

Ella se enamoró profundamente. Lo amaba como pocas veces había amado a alguien. En ese tiempo, Fred manejaba un camión de helados, adoptó a Charmaine, la hija que ella esperaba, y se casaron en Ledbury el 17 de noviembre de 1962. Ese día, el destino de Rena quedaba marcado de manera trágica.

En julio de 1964 nació Anne Marie, la primera hija de la pareja. Vivían en una casa rodante, mudándose permanentemente en busca de trabajo. Rena hacía lo que podía para criar a sus hijas lo mejor posible. Pero era difícil. Fred era agresivo. Las dejaba encerradas cuando él salía. Las golpeaba y maltrataba.

Fred West y Rena Costello, su primera esposa. Foto: Web
Fred West y Rena Costello, su primera esposa. Foto: Web

Años después, él admitió haber tenido muchos amoríos durante este tiempo. Cuando ella descubrió estas continuas infidelidades, comenzó un romance con otro hombre, John McLachlan.

West comenzó a abusar sexualmente de Charmaine, su pequeña hijastra, y obligaba a Rena a prostituirse para complementar los escasos ingresos familiares. La situación del matrimonio devino insostenible. Para escapar de la violencia doméstica y las sádicas demandas sexuales a las que la exponía, con dolor, la mujer tuvo que dejar a sus niñas y escapó hacia Escocia.

Él estuvo solo por poco tiempo. Pronto empezó una relación con Anne McFall, la niñera de sus hijas. Tenía 18 años. Ella fue la primera víctima de la que se tiene registro.

Era el año 1967. La joven estaba feliz y embarazada de ocho meses. Pero West no quería más hijos. Por eso, rápido y sin culpa, se deshizo de lo que le molestaba. La asesinó, le amputó los dedos de los pies y las manos, le sacó el feto del vientre. Era una niña. Las enterró juntas en un descampado en Fingerpost Field. Sus restos fueron encontrados en 1994.

Rosemary

El 29 de noviembre de 1953, en Devon, nació Rosemary Letts. Sus padres padecían una enfermedad mental y la gestación había sido difícil. El tratamiento de electroshock para enfrentar la depresión que recibió su madre, Daisy, embarazada podría haber causado una lesión prenatal que hizo que Rose tuviera bajo rendimiento en la escuela y protagonizara frecuentes episodios agresivos en la niñez.

En su casa, la situación siempre era difícil. Su padre, esquizofrénico y paranoico, solía tener un comportamiento violento. Para las mujeres se convirtió en una presencia terrorífica y autoritaria.

Rosemary West. Foto: Web
Rosemary West. Foto: Web

Tanto, que su madre finalmente abandonó el hogar familiar y se llevó a la niña con ella. Pocos años después, sin embargo, en plena adolescencia, Rose decidió volver a vivir con su padre. Era una manera de evitar los límites que le ponía Daisy a su rebeldía y las relaciones complicadas que solía encarar: siempre se vinculaba con hombres mayores.

Fue en ese tiempo cuando se hizo íntima con un hombre llamado Fred West. Ella tenía 15 años; él, 27 y dos hijas.

​Fred & Rose

Apenas la vio en la parada de ómnibus se dio cuenta. Eran tal para cual. De inmediato Fred reconoció en Rose a la mujer perfecta. Era tan sádica y perversa como él, adoraba la pornografía, le gustaba ser promiscua y gozaba de ser vista mientras tenía sexo.

A las pocas semanas de conocerse, ella dejó su trabajo como vendedora en una panadería y se convirtió en la babysitter de Charmaine y Anne Marie.

Bill y Daisy Letts desaprobaron la relación desde un comienzo. Tras su denuncia a los servicios sociales, Rosemary fue enviada a un hogar para adolescentes en Cheltenham. Sólo podía salir los fines de semana para visitar a sus padres. Nunca los vio. Se encontraba con Fred. En cuanto cumplió los 16 años se fue a vivir definitivamente con él.

Fred y Rosemary West se casaron en 1972. Foto: Web
Fred y Rosemary West se casaron en 1972. Foto: Web

El 17 de octubre de 1970 tuvieron a su primera hija: Heather Ann. Unos meses después, Fred cayó preso por unos robos menores. Sola al cuidado de las tres niñas, Rose golpeaba y maltrataba salvajemente a las dos mayores.

A Charmaine, que a pesar de su corta edad ya la enfrentaba, Rose la mató en junio de 1971. Cuando llamaron del colegio para preguntar por qué había faltado a clases la última semana, aseguró que se había mudado con su madre. Nadie nunca intentó saber más.

A poco tiempo, cuando Rena volvió a ver a sus hijas, esta vez fue Fred quien sacó provecho de la ocasión para sacársela de encima. El mismo modus operandi que había empleado con Anne McFall: la estranguló y le cortó los dedos de las manos y los pies antes de enterrarla en el mismo lugar en el que había sepultado a su primera víctima.

En 1972 los West dieron dos grandes pasos. Primero, a mediados de enero y sin ningún testigo, se casaron. Rose estaba embarazada de nuevo y en junio nació su segunda niña, Mae.

Luego, se mudaron al 25 de Cromwell Street, una céntrica calle de Gloucester. Les encantaba la residencia y, luego de alquilarla un tiempo, finalmente la compraron.

El 25 de Cromwell Street, en Gloucester, fue el lugar de martirio y muerte de muchas mujeres. Foto de Ian Cook/AFP
El 25 de Cromwell Street, en Gloucester, fue el lugar de martirio y muerte de muchas mujeres. Foto de Ian Cook/AFP

Siempre en refacción y con aspecto abandonado, lo que sucedió entre las paredes de esa casa fue tan espantoso como su siniestro aspecto exterior. Allí fue donde la pareja concretó, por casi 25 años, sus planes más sádicos. Ese fue el lugar de martirio y muerte de muchas mujeres. Incluso de sus hijas.

Para poder sostener los gastos, alquilaban algunas piezas de la planta superior. Allí mismo, Rose tenía una habitación propia en la que trabajaba como prostituta.

Fred no sólo era el encargado de buscarle clientes sino que con frecuencia participaba de tríos, orgías, sesiones de bondage o, cual voyeur, miraba los encuentros a través de diversos orificios que había hecho en la pared.

Ella era insaciable. Compartía su cama con hombres y mujeres. En sus relaciones lésbicas era aún más brutal, ahogaba a sus parejas y cada vez les introducía consoladores más grandes. Disfrutaba del sufrimiento ajeno. Gozaba del dolor. Y Fred era su cómplice en todo momento.

Los West tuvieron más hijos. Después nacieron Stephen, Louise, Barry, Rosemary y Lucyanna. Los niños eran tímidos y miedosos. Asistían de manera irregular al colegio.

Habían crecido con la idea de que el mundo exterior era malo y que lo mejor era estar en familia, adentro de esa espantosa casa en la que eran obligados a ver fotos y videos pornográficos. En la que eran golpeados y forzados a vivir situaciones impensadas para su edad.

Incesto, prostitución y asesinato en la familia

“Todas las chicas lo hacen. Tienes suerte de tener un padre como yo”, le dijo a Anne Marie. La pequeña tenía 8 años cuando Fred y Rose la llevaron al sótano de la casa.

Ella la desvistió bruscamente. Él la violó. Esa fue sólo la primera vez de una horrenda práctica que se extendió por años. Siempre con la amenaza latente y la prohibición de contarlo.

Además de esclavizarla con tareas domésticas agotadoras, Rosemary también abusaba sexualmente de su hijastra. A los 13 años -ella debía decir que tenía 16- la prostituyó y la llevó a trabajar con ella en el cuarto de arriba.

Fred y Rosemary abusaron de sus hijas. Foto: Web
Fred y Rosemary abusaron de sus hijas. Foto: Web

El interés de Fred por sus hijas nunca decayó. Por eso, cuando Anne Marie logró escapar de ese tormento y se fue a vivir con su novio, su atención recayó de inmediato sobre Heather y Mae. La mayor no sólo se resistía a los abusos sino que le contó a una amiga lo que estaba sucediendo en la casa.

Eso era imperdonable. El 19 de junio de 1987, sus padres la mataron, la cortaron y la enterraron en el jardín de la casa. Stephen, su hermano, tuvo que cavar la fosa.

Las otras víctimas

El horror también se extendió más allá del círculo familiar. A fines de 1972, Caroline Owens, la niñera de 17 años que cuidaba a sus hijos, fue violada y retenida contra su voluntad por los West. Por suerte, antes de que la mataran, pudo escapar y hacer la denuncia en la policía.

En el juicio, Fred le dijo al juez que ella había dado su consentimiento para mantener relaciones. La adolescente estaba tan shockeada que no pudo dar su testimonio.

Por el shock, Caroline Owens no pudo declarar. West fue sobreseído. Foto: Daily Star
Por el shock, Caroline Owens no pudo declarar. West fue sobreseído. Foto: Daily Star

En 1973, Carol Cooper tenía 15 años; Lucy Partington, 21. Una en junio y la otra en diciembre, ambas fueron secuestradas por los West mientras esperaban en la parada del ómnibus. Pero también fueron víctimas Juanita Mott, Shirley Robinson, Alison Chambers, Lynda Gough, Therese Siegenthaler y Shirley Hubbard.

Algunas habían rentado habitaciones en la casa, otras habían trabajado como niñeras de sus hijos. Todas eran muy jóvenes. Todas tuvieron el mismo final: después de brutales ataques sexuales, Fred y Rose las asesinaron, desmembraron y enterraron en el sótano de 25 Cromwell Street.

La denuncia

En mayo de 1992, Fred violó reiteradamente a una de sus hijas, una niña de 13 años. Rose no sólo era su cómplice sino que en una ocasión hasta grabó la violación. Angustiada, la chica le contó a una amiga el flagelo por el que estaba pasando. La amiga se lo contó a su madre. Y la madre hizo una denuncia anónima.

Finalmente, la policía inició una investigación. Los cinco hijos menores fueron entregados a hogares de guarda de inmediato y Fred West, detenido por violación.

En la casa, los agentes hallaron cientos de videos triple X protagonizados por Rosemary que impresionaban hasta al más experimentado. Lo que mostraban las imágenes superaba toda comprensión. Sin embargo, antes de fin de año, el hombre ya estaba de nuevo en su casa.

La presión de Rose a los niños para que callaran tuvo su efecto. Debido a las contradicciones que presentaron sus testimonios, en 1993 el juez decidió no llevar adelante el caso. Todo volvió a la normalidad, Fred retomó su trabajo y la pareja volvió a tener la custodia de los hijos.

La casa del horror y el final de todo

Mientras tanto, la policía seguía investigando la desaparición de Heather. No había registros de que estuviera viva. Además, una broma que hacían los niños –“Heather está en el sótano”- les había llamado la atención.

El 24 de febrero de 1994, grupos de efectivos con picos y palas llegaron a Cromwell Street. Cuatro días más tarde apareció el cuerpo de Heather. Para ese entonces, Fred ya había confesado que la había asesinado.

En las siguientes jornadas, la policía encontró más restos. Nueve mujeres en total. El 25 de Cromwell Street se convirtió en la casa del horror. Más de veinte años de sangre, violencia y dolor quedaban al descubierto. Más de veinte años de desinterés e inoperancia quedaron al desnudo para revelar una sociedad indiferente.

Él se declaró culpable y sostuvo que Rosemary no había participado. Ella siempre dijo ser inocente. El 30 de junio de 1994, un tribunal de Gloucester condenó a Fred por haber cometido 11 asesinatos y a Rose por haber cometido 9.

El 1 de enero de 1995, Fred West se ahorcó. Sobre el piso de su celda de la prisión Winson Green, en Birmingham, dejó una nota de suicidio. Al pie, había dibujado una lápida en la que escribió: “En el recuerdo amoroso Fred West. Rose West, descansa en paz donde no hay sombra y cae en perfecta paz a la espera de Rose, su esposa”.

Rosemary West continúa en prisión. En 1996, la casa de 25 Cromwell Street fue demolida. Hoy nada queda de aquella casa del horror. Solo una leyenda negra de locura, sexo y muerte.

Lo leiste en #FMVoz

0 Comments

Dejá una respuesta

Abrir