La excursión de Horacio Rodríguez Larreta a la casa de Elisa Carrió y los mensajes de Mauricio Macri a María Eugenia Vidal

admin

15/05/2021

Horacio Rodríguez Larreta, María Eugenia Vidal, Diego Santilli, Maximiliano Ferraro y Maricel Etchecoin estaban sentados en el living de la casa de Elisa Carrió. Es un ambiente que conocen. Cada tanto recorren los 81 kilómetros que separan la Ciudad de Exaltación de la Cruz para ver a la líder de la Coalición Cívica y discutir de política, aunque la mayoría de las veces las reuniones no trascienden. La casa es el refugio y el búnker de Carrió. Ahí se abre su mundo: las dos bibliotecas, los cuadros, las fotos familiares, el piano, un viejo equipo de música, las artesanías compradas en ferias barriales, los jarrones, un retrato de Frida Kahlo, caricaturas de Hermenegildo Sábat, una cocina decorada con frases escritas a mano y su curiosa habitación, que pocas veces deja ver, porque allí hay un altar para rezar, tan exótico como sus sombreros y sus vestidos de colores, que también decoran el cuarto.

“¿Vieron qué bien del cutis que estoy? Me ayudó el encierro”, se presentó Carrió frente a sus invitados, el jueves al mediodía. Rodríguez Larreta había llegado con su propia comida para no apartarse de la dieta y con una bandeja de macarrones para el café. Lo cargaron. El alcalde se rio y Lilita le dijo: “Vos estás mejor en las conferencias, Horacio, y te queda bien la barba. Ya no das tan tronco, ahora parecés un junco”.

Vidal también se reía. “Lilita, tenés que ver la serie sobre Isabel La Católica, está en Flow”, le dijo. “No sé qué es ese Flow. Yo miro Youtube. Estaba viendo filosofía china”, le contestó Carrió. Hablaron un rato sobre series y películas, de Ingmar Bergman y del neorrealismo italiano. La mayoría se había hisopado antes de ir. Carrió tiene mucho miedo de contraer coronavirus. No sale de su casa.

Pasaron a una galería al aire libre para almorzar y meterse en los temas de fondo. A unos metros, del techo de una segunda galería colgaba una jaula con tres patitos colocados en fila sobre una rama, que Carrió puso para recordar una célebre frase con la que Aníbal Fernández puso en duda su cordura. Sirvieron quesos, empanadas caprese y trucha con puré. La charla se puso seria cuando entraron en el plano político y electoral.

“Todos vamos a tener que poner el cuerpo”, planteó Vidal, que sigue sin resolver si será candidata y si, en caso de serlo, jugará en la Ciudad o en la Provincia. “Hay que poner todo en la cancha”, dijo Rodríguez Larreta, casi como implorando que Vidal entendiera lo que estaba queriendo decir. Los satélites electorales de la oposición siguen los movimientos de la ex gobernadora. Algunos con paciencia y resignación, otros con enojos por su indecisión. Para bien o para mal es la que ordenará el distrito.

Ella dice que no está ansiosa. Que la ansiedad que le transmiten es de la política, no de la gente. Lo dice y lo cree, pero sobre todo lo tiene constatado: los focus group de su equipo revelan que la sociedad presenta, desde luego, otros apremios. Algunos ciudadanos ni siquiera saben que tendrán que concurrir a votar en cuatro meses. Frente a preguntas puntuales, le piden que se presente como candidata a la gobernación o a la presidencia, ignorando que se trata de elecciones legislativas.

El gran ausente en la cumbre en Exaltación fue Mauricio Macri. Ausente pero no tanto. Hubo alusiones a él. No fueron del todo buenas. A varios de los presentes les gustaría verlo más apacible. “Más bien en la postura de un ex presidente”, dijo uno de los dirigentes que estuvo en Exaltación. Eso refleja una parte del pensamiento de la oposición. Hay otros. Dirigentes más rebeldes o propensos a cuestionar el rol del jefe de Gobierno sostienen que al larretismo le duele que Macri haya marcado la cancha ”con un libro y tres tuits”.

El juego de Macri en torno a Vidal es bien transparente. La quiere en la boleta y, más precisamente, en la bonaerense. Hace un año que le envía mensajes en esa dirección. Esos mensajes, en los últimos tiempos, se transformaron en una presión. Macri charla con sus interlocutores con franqueza. Esos interlocutores luego le transmiten su pensamiento a Vidal de modo más lavado. Suele pasar. Podría dar fe del accionar de Macri el mismo Larreta, a quien el ex presidente hace también responsable por los amagues de su aliada y le achaca su falta de tesón para convencerla.

Macri y Vidal intentan recomponer un vínculo que no es el que era. El año pasado transitó con un constante malestar entre ellos. Hoy no irradian felicidad, pero están mejor. El 25 de abril almorzaron en la quinta Los Abrojos. Fue la última vez que se vieron. En esa cita estaban los hijos de Macri, Juliana Awada y Enrique Sacco, la pareja de Vidal. Fue un encuentro social. La reunión más íntima, la política, ocurrió hace poco más de un mes. Mano a mano.

Los dos se comprometieron a que no se filtrara el contenido de aquella conversación. Algo, claro, siempre se filtra. “Decidí vos sola”, le pidió el ex presidente. La palabra “sola” tal vez no haya sido ingenua. Macri cree que Vidal está muy presionada. ¿Será por Larreta, como cree Macri, que prefiere que compita en la Ciudad para opacar a Patricia Bullrich? ¿O será, como dice un hombre del riñón del larretismo, que el alcalde la quiere ver en la Provincia para poner un pie rumbo a 2023? Larreta, a esta altura, firmaría que al menos compitiera, más allá del distrito. Cree que no jugar la dejará expuesta ante la sociedad. Que pagará costos. Ella jura que no sabe qué hará.

En el entorno de Bullrich la cuestionan. A ella y también a Larreta. Se preguntan: ¿No les parece hora de tener un referente en la provincia electoral más grande del país? Bullrich y Vidal se vieron a solas hace un mes. Tomaron un largo café frente al Jardín Botánico. Fue una buena charla, pero no hubo avances porque Vidal insistió desde el arranque con que sus dudas persisten. Bullrich le dijo que no es posible seguir demorando definiciones porque hay mucho en juego.

La candidatura de Bullrich a diputada por la Ciudad parecería inamovible. Con el apoyo de Macri -con el que se reunió en sus oficinas el mismo día que Carrió abrió las puertas de su casa- ella quiere encabezar la lista y cree haberse ganado ese derecho. Para Larreta no está resuelto. Para Martín Lousteau, otro actor clave, tampoco. Ambos sostienen que su perfil excluye la posibilidad de sumar nuevos sectores y que solo representa al ala dura de los votantes. Uno de los ministros larretistas dice que la culpa del entuerto es de Macri. Que él le hizo creer a Bullrich que no hay mejor opción.

La ex ministra presenta credenciales y defiende sus ideas cada vez que la llaman de un canal de TV. En su entorno se envalentonan. Se han vuelto ácidos: “¿Se acuerdan cuando el año pasado Patricia decía que había que abrir los colegios y Horacio se reunía con Alberto y lo acompañaba?”. Se pueden decir muchas cosas de Bullrich, menos que no esté dispuesta a jugar fuerte.

El historial marca que Macri avala la competencia en las PASO. Salvo cuando el radicalismo amagó con enfrentarlo a él en 2019, siempre consideró las primarias como un buen mecanismo para cuando no se logran acuerdos. Incluso cuando intentó impedirlas, como en aquel enfrentamiento de Larreta con Gabriela Michetti, en 2015, terminó dando vía libre. Aquella vez él apoyó a Rodríguez Larreta. Hoy la cosa es distinta. Preferiría a Bullrich antes que a un candidato que llegue con el guiño del alcalde. ¿Y si terminara siendo Vidal, de quien él se jacta de haberla impulsado para la gobernación? Lindo dilema para Macri.

La negociación está abierta. No será fácil. Una interna entre Bullrich y Vidal podría resultar muy atractiva. A la vez, acaso, demasiado sangrienta. No es lo que quiere Rodríguez Larreta, que procura edificar su carrera presidencial con un discurso antigrieta. No terminan ahí sus cavilaciones. ¿Cómo quedaría parado si por alguna razón Vidal perdiera?

Mientras Macri, Bullrich y otros protagonistas se endurecen, Larreta, Vidal y Carrió insisten con que hay que bajar los niveles de confrontación con el Gobierno. Detectan que la sociedad está harta de las peleas. Esas disputas de la clase dirigente conviven con la suba de contagios, con una inflación que emerge muy por encima de la proyectada (esta semana alguien le pidió precisiones a Miguel Pesce, el presidente del Banco Central, y su respuesta fue desconcertante) y con niveles alarmantes de inseguridad en el Conurbano. Larreta y Carrió advirtieron el jueves sobre el fantasma del “que se vayan todos”, aquel grito que en 2001 marcó a fuego a la Argentina y que en cada crisis profunda amenaza con regresar. 

Mirá también

Lo leiste en #FMVoz

0 Comments

Dejá una respuesta

Abrir