La experiencia de visitar la Sagrada Familia de Barcelona en 7 datos curiosos

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06/09/2021

Cada vez que te acercas al templo de la Sagrada Familia en Barcelona, España, y ves cómo su fascinante monumentalidad emerge entre las fachadas del Eixample, sentís que hay algo irreal en su aparición. Es como un espejismo en medio de la ciudad.

Esta obra del arquitecto Antoni Gaudí es uno de los monumentos del mundo con más comentarios en TripAdvisor (más de 160.000). Hace 3 años, fue el primero en superar las 100.000 opiniones, por delante de la Torre Eiffel parisina o el Central Park neoyorquino.

Sigue siendo un misterio que, 139 años después de que se pusiera la primera piedra en 1882, aun no se hayan acabado las obras. Dicen que para levantar la pirámide de Keops hace 4.500 años necesitaron 27 años, o 22 años se tardaron para terminar el Taj Mahal.

La fachada de la Sagrada Familia. Foto Josep LAGO / AFP
La fachada de la Sagrada Familia. Foto Josep LAGO / AFP

1. Gaudí no empezó la Sagrada Familia

En 1859, el arquitecto catalán Ildefons Cerdà inicia su plan urbanístico en Barcelona. El objetivo era dividir la ciudad en pequeños cuadrados para hacerla más habitable. El espacio que ocupa la Sagrada Familia estaba destinado originalmente a un hipódromo.

Sin embargo, en 1881, el librero Josep Maria Bocabella compró un solar entre las calles Provença, Mallorca, Marina y Sardenya (que entonces no pertenecía al municipio de Barcelona) y se propuso construir un templo expiatorio dedicado a la Sagrada Familia.

La primera piedra no la puso Antoni Gaudí. Lo hizo el arquitecto Francisco de Paula del Villar. Fue el 19 de marzo de 1882. Sin embargo, parece ser que el presupuesto se disparó y, un año después, Gaudí recibió el encargo de ocuparse de las obras. Entonces todo cambió.

Lo que debía ser un templo neogótico convencional -muy de moda en la Europa de finales de siglo XIX- se transformó en este maravilloso milagro de la naturaleza humana.

2. El corazón musical de Barcelona

Moverse por Barcelona es muy sencillo. Tienes el mar a un lado y la montaña a otro. Y la Sagrada Família en el centro. No tiene pérdida. Desde cualquier punto de Barcelona asoman las torres alzándose al cielo.

El interior de la Sagrada Familia. Foto Josep LAGO / AFP
El interior de la Sagrada Familia. Foto Josep LAGO / AFP

En realidad, la manzana que ocupa el templo no es mucho más grande de lo que marcó el plan Cerdà (100×100 metros), por eso, en muchas ocasiones, merece la pena llegar andando y contemplar de golpe como alguna de sus fachadas irrumpe majestuosa a nuestro paso.

Gaudí deseaba que el templo se convirtiera en un instrumento musical que atrajera a todos los vecinos. Su idea era que cada una de las fachadas entonará un sonido distinto. Por eso, lo primero que hay que hacer es dar una vuelta a la manzana. Ir despacio, asumiendo su grandeza, visualizando los detalles ocultos.

Desde la calle Marina, se alcanza la fachada del Nacimiento, también llamada la fachada de la Vida, del Gozo y de la Navidad. Es una explosión de alegría por el nacimiento de Jesús.

Gaudí, antes de morir en 1926 atropellado por un tranvía, solo llegó a ver coronada una de las torres de esta fachada, la de Sant Bernabé, rematado por uno de los llamativos pináculos hecho con trencadís de mosaico veneciano de colores.

3. Son 172,5 metros hacia el cielo

El ser humano siempre ha construido catedrales altas para sentir su propia insignificancia frente a la grandeza de dios. Cuanto mayor sea la altura, mayor es el efecto sobre nuestras consciencias. El pasado mes de abril se colocó una estructura de acero en lo alto de la torre de Maria, lo que significa que la altura del templo se sitúa en los 128 metros.

La Sagrada Familia sigue en construcción.
La Sagrada Familia sigue en construcción.

Sin embargo, el ascenso hacia los cielos todavía no ha finalizado. La Sagrada Família está proyectada para que se eleve a 172,5 metros de altura en 2026. Será entonces el edificio más alto de la capital catalana, superando al hotel Arts y la torre Mafre. Sin embargo, no alcanzará los 173 metros de la montaña de Montjuïc.

“La obra del hombre”, sostenía Gaudí, “no debe superar jamás la obra de la naturaleza”.

Cuando llegue ese momento, la basílica barcelonesa contará con 18 torres en total. Las 12 más bajas (los campanarios) representan a los apóstoles, y las seis centrales (los cimborrios) de dividen en cuatro de mayor estatura que simbolizan a los evangelistas, otra algo más elevada a la Verge Maria y la más alta de todas, con una cruz presidiéndola, a Jesucristo.

4. Ni una sola línea recta

“La recta es trazada por el hombre y la curva es la línea de Dios”, solía decir Gaudí. Y cuando te adentrás en el templo, enseguida lo percibes. La luz y el color te sumergen en otra dimensión. Es todo orgánico, vivo. El modernismo se fijaba en el funcionamiento estructural de la naturaleza para diseñar sus formas.

Los turistas visitan la Sagrada Familia. Foto Josep LAGO / AFP
Los turistas visitan la Sagrada Familia. Foto Josep LAGO / AFP

Las columnas estrella y el bosque de piedra, que imitan el sistema vegetal, o las escaleras de caracol son dos muestras de su veneración por el estado natural de las cosas.

Por ese motivo, es importante elegir (si es posible, claro) un día soleado para entrar en esta catedral. Al amanecer o al atardecer, es lo más recomendable. Y así evitarse las colas también. El bosque de columnas bañado por el color de las grandes vidrieras, diseñadas por Joan Vila-Grau, es uno de los espectáculos más bonitos del interior.

Rojos, verdes, azules y amarillos caen sobre los techos abovedados y las paredes de piedra como una suave caricia de color. Sobrecoge. Si hay tiempo, vale la pena entrar en el museo, bajo la fachada de la Pasión, para entender todo el trabajo que significó esta extraordinaria obra de la arquitectura.

5. Magníficas vistas de Barcelona

La Sagrada Familia se concibió con su fachada del Nacimiento orientada al este (donde sale el sol) y la de la Pasión hacia el oeste (donde se pone el sol). Ascender a una de las torres de estas dos fachadas es totalmente aconsejable.

La fachada de la Sagrada Familia. Foto Josep LAGO / AFP
La fachada de la Sagrada Familia. Foto Josep LAGO / AFP

Se considera una de las mejores vistas de la ciudad. Con el precio de la entrada podés elegir entre una u otra. Ambas están bien. Se sube en ascensor, pero, eso sí, se desciende por la escalera de caracol, que es algo pesada.

Puestos a elegir una de las torres, las de la fachada del Nacimiento es lo ideal. Fue la única que se construyó bajo la supervisión de Gaudí. Lo más emocionante es el paso por el puente -los cuatro cimborrios centrales están conectados por puentes- donde se pueden observar a corta distancia varias decoraciones con la ciudad y sus montañas de fondo.

6. Más de 100 esculturas

Muchos artistas han esculpido su talento en las piedras de la Sagrada Família. Entre ellos, Joan Matamala, Jaume Cases, Francesc Fajula, el japonés Etsuro Sotoo o el propio Gaudí, quien diseñó numerosas piezas. Al pie del Árbol de la Vida se pueden observar las esculturas de ángeles portadores del pan y el vino, uno de los pocos conjuntos escultóricos moldeados por el propio Gaudí.

En total, hay más de 100 esculturas, la mayoría en el exterior y distribuidas en sus tres fachadas. Hay que fijarse bien, dado que hay detalles sorprendentes en cada rincón.

Las esculturas de reptiles y anfibios en el exterior, el misterioso cuadrado mágico en la fachada de la Pasión, las cabezas de ángeles y lágrimas en el ábside o las cestas de frutas que coronan los pináculos del templo del artista Etsuro Sotoo.

Especial mención merece la obra magistral de Josep Maria Subirachs, quien dedicó 22 años a la fachada de la Pasión y recibió el reconocimiento como bien de interés nacional por las puertas de la fachada de la Gloria, la escultura de Sant Jordi situada en la nave central y el semibusto de bronce de Gaudí situado en el museo.

La primera piedra se puso en 1882. Foto Josep LAGO / AFP
La primera piedra se puso en 1882. Foto Josep LAGO / AFP

7. La cripta, el origen creador

Hasta los no creyentes sentirán algo especial en el interior de esta catedral. Es inevitable. Paz, inspiración, reposo. Es la gran diferencia con otros espacios: se respira espiritualidad. Es una experiencia emocional.

El Papa Benedicto XVI consagró la catedral en el 2010 y la convirtió en una basílica. Fue como una apertura al mundo. Aunque algunos aseguran que el interior no está a la altura del exterior, pero merece la pena juzgarlo por uno mismo.

Durante el paseo por el interior, uno de los lugares más interesantes para detenerse es la cripta. La encontraremos bajo el altar mayor. Allí, en la capilla de la Verge del Carme, yace el cuerpo de Antoni Gaudí. Son las entrañas del templo. El núcleo desde donde surge y se expande toda su colosal belleza.

Junto a parte de la fachada del Nacimiento y el ábside, se trata de la única parte que vio terminada Gaudí, y ambas fueron designadas como patrimonio de la humanidad.

Luis Martí

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