La familia, lugar de esperanza para la sociedad

admin

15/05/2021

 Es imposible pensar en una sociedad que pueda darse sin familias, porque es allí donde el ser humano se humaniza, donde inicia su proceso de personalización. La familia constituye el hogar, verdadero centro de la existencia humana, donde, desde la afectividad, forjamos nuestras actitudes, motivaciones y hábitos. Espacio donde se nos ama solo y por nuestra valoración personal, y no cuantitativa.

Naciones Unidas instituyó el Día Internacional de la Familia en 1993 con el objeto de aumentar la concientización acerca de los temas relacionados con ella y fomentar los lazos familiares. Una forma de recordarnos anualmente aquel reconocimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) que presenta a la familia como el elemento natural y fundamental de la sociedad, que tiene derecho a la protección de la sociedad y el Estado.

Es frecuente la alusión a la familia como órgano fundamental de la sociedad. Pero es una realidad mucho más profunda, arraigada esencialmente en la naturaleza humana y, por ello, fuente de potencialidades inagotables para el crecimiento de las personas y el desarrollo de las sociedades.

Las familias cumplen funciones estratégicas para la sociedad. Una función social, pues da origen a las nuevas generaciones y se ocupa de su crianza y educación; fomenta el respeto por la diversidad y la complementariedad; promueve la ayuda mutua, la solidaridad y la generosidad intergeneracional; conserva y transmite la cultura.

Una función económica, en tanto da dinamismo a la economía, promueve la producción y el consumo, genera capital humano y social. Y, finalmente, la función de contención, como espacio de protección y seguridad respecto del entorno, pero también en tanto control social de la persona, a fin de evitar conductas dañinas y perjudiciales para ella misma y para la sociedad toda.

Históricamente, los estudios revelan una realidad innegable: cuando estas funciones fallan, o se debilitan los vínculos familiares, aparecen situaciones de gran impacto social. El aumento de la criminalidad, el abuso de menores, la violencia familiar y social; los consumos problemáticos, problemas de comportamiento, un debilitamiento de funciones parentales y de la solidaridad intergeneracional; la disminución del rendimiento académico; un aumento de embarazos adolescentes; de la pobreza y de tasas crecientes de depresión y suicidio, especialmente en los jóvenes.

Resulta necesaria una profunda reflexión sobre el sentido de responsabilidad del Estado en relación con la familia, en el marco de un claro reconocimiento de su identidad, de sus funciones sociales estratégicas y de los importantísimos valores que representa en sí misma y que transmite al conjunto de la sociedad. Las familias no son abstracciones, sino realidades concretas, que, día a día, navegan las caudalosas aguas de la complejidad del mundo moderno, el cual las pone a prueba en cada recodo y las somete a nuevas exigencias.

Es preciso reconocer que toda desvalorización sobre la familia afecta a la sociedad en su conjunto, y de ella se derivan múltiples problemas de alto costo social, político y económico.

Por eso, la ONU sostiene la necesidad de crear conciencia sobre la situación de la familia y de promover políticas y programas orientados a ella, así como de integrar la perspectiva familiar en las agendas de desarrollo sostenible de las naciones.

Debemos asumir un compromiso concreto con la promoción de la familia y la necesidad de profesionalizar su servicio y atención, de investigar sobre las distintas fortalezas y debilidades que se dan en este espacio vital.

Por ello, vaya en este, su día, nuestro más profundo reconocimiento a los orientadores familiares, así como a todos los profesionales que desde su propia disciplina trabajan denodadamente por la protección y restauración de los vínculos familiares. Una tarea de profunda vocación humana y social.

Preservemos a la familia como lugar de esperanza, de amor incondicional. Recordemos siempre que quien tiene un verdadero hogar posee un seguro contra la desesperación y un refugio dispuesto al que siempre volver. Donde cada uno de nosotros vale, simplemente por ser nosotros, no por ser altos o bajos, ricos o pobres, varón o mujer, sino solo por ser.

Lorena Bolzon es Decana de Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral.

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