La franquicia de café que se salvó gracias a las tortas

admin

15/05/2021

Durante 2019 los socios de Usina Cafetera decidieron que ya era momento de empezar a ofrecer franquicias para expandir su negocio. Empezaron a diseñar los procesos para replicarlos, a pensar la propuesta comercial y armar los manuales operativos; lo que nunca imaginaron fue que sería un virus el que amenazaría el proyecto.

Sin embargo, tanto Ignacio Oporto y su socio Emiliano Escudero como los inversores que se habían ya acercado para analizar su propuesta decidieron seguir adelante. “Lo que hicimos fue tranquilizarlos y asegurarles que Usina Cafetera no iba a desaparecer, qué toda la energía estaba puesta en eso; porque además para nosotros, los socios, es nuestro proyecto de vida. Lo que tuvimos que hacer para lograrlo fue reinventarnos”, cuenta Oporto.

El año pasado, con la cuarentena, salir a tomar un café dejó de ser una opción y como el café tampoco se prestaba para el delivery, para sobrevivir Usina Cafetera empezó a vender tortas de elaboración propia a través de las aplicaciones de envío.

“Nuestra producción de pastelería creció un 30% y si bien ahora, con protocolo, ya estamos abiertos al público, la pastelería llegó para quedarse y ahora estamos próximos a inaugurar una planta de producción para abastecer a los locales”, cuenta Oporto.

Emiliano Escudero e Ignacio Oporto, dueños de Usina Cafetera.
Emiliano Escudero e Ignacio Oporto, dueños de Usina Cafetera.

De esta manera, el emprendimiento incrementó la oferta a sus clientes y le ofrece a sus franquiciados una ventanilla para seguir facturando, haya o no cierres de los locales. Usina Cafetera tiene dos locales propios en Capital y, con este modelo, abrió tres franquicias; una en San Isidro que se inauguró en plena cuarentena , otra en Palermo Nuevo que se abrió a fines de 2020 y la última inaugurada este verano; todos con algún espacio al aire libre. 

La inversión para abrir una franquicia de Usina Cafetera ronda los U$S 75.000 y mensualmente, estiman desde la marca, el piso de facturación mensual ronda los $1.800.000. Los socios adaptaron el modelo de negocio a la realidad de la pandemia: en un principio, el negocio exigía alrededor de 15 empleados por local y lo llevaron a la mínima cantidad necesaria, de acuerdo a la cantidad de clientes. La mercadería también queda supeditada a la demanda del takeaway o el delivery. 

Jimena Gómez y su marido Pablo Venzal son los franquiciados de Usina Cafetera en San Isidro. Ella es pastelera y él fue gerente financiero en una empresa y habían comenzado a buscar una franquicia en 2019. 

Jimena Gómez y Pablo Venzal, franquiciados de Usina Cafetera.
Jimena Gómez y Pablo Venzal, franquiciados de Usina Cafetera.

El matrimonio estudió y recorrió todas las cadenas de cafetería que otorgan franquicias. Gómez dice que se sintieron identificado sólo con Usina Cafetera, con la cual llegaron a un acuerdo para contratar cuatro personas en vez de las 15 que figuraban en el manual original.

“Además nos daban, dentro de algunos parámetros, la libertad para jugar con la decoración como para que nosotros también le pongamos nuestra impronta”, explica. Las negociaciones, los trámites y la búsqueda del local venían bien hasta que el Covid 19 metió la cola. La fecha de inauguración de su local estaba prevista para abril del año pasado y terminaron abriendo en julio, en invierno y en plena cuarentena.

“Fueron meses muy duros. Con la ayuda del arquitecto tuvimos que hacer mucho del trabajo nosotros. Los socios de Usina fueron fundamentales porque en los momentos más duros no nos cobraron regalías y nos ayudaron haciéndonos un 10% de descuento en las compras. Todo fue muy positivo ya que desde enero de 2020 veníamos invirtiendo en la obra, pero sin facturar absolutamente nada”, agrega Gómez, quien invirtió alrededor de U$S 60.000.

Jimena Gómez y Pablo Venzal, franquiciados de Usina Cafetera.
Jimena Gómez y Pablo Venzal, franquiciados de Usina Cafetera.

La Municipalidad de San Isidro les habilitó la atención en el patio del local en septiembre pasado – hasta ese entonces la sucursal trabajó solo con delivery o takeaway – y para fines del año pasado, con un poco más de actividad, ya habían logrado que el negocio se sostuviera con sus ingresos y contrataron a 4 personas más.

“Las crisis son cíclicas y uno tiene que poder adaptarse al país que nos toca. Los tiempos de recupero por la pandemia se extendieron mucho, pero estoy segura que con trabajo y dedicación en dos o tres años vamos a llegar al equilibrio como para tener un margen de ganancias”, asegura Gómez.

Nota publicada en Revista Pymes. 

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