La guerrilla secuestró a su abuelo y su familia debió exiliarse: la nueva novela de Eduardo Halfon

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19/05/2021

“Nadie ignora que Guatemala es un país surrealista.” La definición es del abuelo libanés del escritor Eduardo Halfon, un abuelo que se convierte en personaje de su última novela, Canción, que narra su secuestro en los años 60.

Escritor, académico, residente por varios años en Estados Unidos y ahora, circunstancialmente, en Francia, el guatemalteco Eduardo Halfon lleva adelante un proyecto literario que se inspira en sucesos de su propia familia.

Su abuelo polaco, sobreviviente de Auschwitz, llevaba tatuado en el brazo el número del campo de concentración: es mi número de teléfono, le decía a su nieto.

Su abuelo libanés huyó de Beirut en 1917, a los 16 años, enterró a su madre en Córcega, para recalar en Nueva York, luego en París y en Guatemala. Devenido comerciante próspero a lo largo de los años, en enero de 1967 fue interceptado por una patrulla policial y apuntado por un policía con cara de niño que resultó ser Canción, uno de sus secuestradores, cuyo apodo da nombre al libro.

Entre las sutilezas de la memoria infantil, los recuerdos de la casona familiar en la que se mezclaban los aromas de la cocina judía y la centroamericana, se abre paso la crónica violenta de un país asediado por las dictaduras y la codicia de los monopolios, que sufrió una guerra civil durante un interminable período de 36 años.

Eduardo Halfon debió abordar un tema tabú en su familia: el secuestro de uno de sus abuelos.
Eduardo Halfon debió abordar un tema tabú en su familia: el secuestro de uno de sus abuelos.

Hilvanando los hechos del pasado desde un presente globalizado, un Halfon narrador investiga, va al frente, se entrevista con ex guerrilleros, hace conjeturas, fantasea y también, a veces, se muere de miedo.

Desde la pantalla del Zoom, el Halfon de carne y hueso se ríe, desde Francia, al comenzar esta entrevista, y jura que esa es sólo una voz que apareció en uno de sus libros, El boxeador polaco, una voz que desde entonces no deja de hablarle.

“Ese libro ha ido engendrando otros libros, de una manera no planificada. Cuando escribí los cuentos de El boxeador polaco lo que se presentó fue una voz, la voz de otro Eduardo Halfon, una voz que no es mi voz, con un temperamento muy suyo, fuma y yo no fumo, viaja mucho, dice cosas con más facilidad que yo pero también es más timorato, duda, en cambio yo soy muy ingeniero”.

Suma: “Pensé que ahí terminaba la historia de ese señor, que yo iba a ir por otros lados. Pero de pronto, continúo la historia de uno de esos cuentos en una novelita corta, La pirueta. Y otro cuento se vuelve capítulo. Y esa voz siguió hablando. Canción es el sexto libro de esta serie”.

Eduardo Halfon, abuelo del escritor guatemalteco Eduardo Halfon. Gentileza E. Halfon
Eduardo Halfon, abuelo del escritor guatemalteco Eduardo Halfon. Gentileza E. Halfon

–¿Qué te llevó a escribir Canción?

Canción tuvo dos momentos, en 2014 fui invitado a Japón a un congreso de escritores libaneses. Yo venía escribiendo sobre mi abuelo polaco. De pronto, esa invitación me hace girar la vista hacia mi abuelo libanés, y escribo Duelo, sobre la muerte de su hijo primogénito. El segundo momento, en 2018, me topo con un libro escrito por un guerrillero, que contaba en dos páginas, en primera persona, el secuestro de mi abuelo. Ahí descubro a uno de sus secuestradores, Canción, que me atrae y me sirve como puerta de entrada no solo a la historia de mi abuelo sino a la historia de Guatemala. Yo había estado evadiendo el tema de esa guerra interna, que duró 36 años, porque no lo consideraba mío.

–¿El secuestro de tu abuelo marcó a tu familia?

–Seguramente, pero sucedió cuatro años antes de que yo naciera. Los primeros secuestros en los ’60 eran actos violentos, pero los secuestrados eran rehenes comerciales, los trataban bastante bien. La familia lo sufrió, sobre todo mi abuela, mi padre, que tuvieron que negociar. En mi infancia era un tema tabú, no se hablaba mucho, no se comentaba. Tanto es así que cuando yo empiezo a investigar me entero de muchos detalles que mi familia no conocía.

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–Tus padres tuvieron que exiliarse a Estados Unidos.

–Pero eso fue en otro momento. El secuestro fue en el ’67 y nosotros nos exiliamos en el ’81 cuando yo tenía 10 años. Yo paso los años ’70 en Guatemala, en un mundo acristalado, en una burbuja, sobreprotegido. El conflicto armado se estaba dando en las montañas, era fácil evadir de esa realidad a un niño. Hasta el año ’79, cuando empieza a entrar en la capital. Recuerdo guardaespaldas, tiroteos en la noche, bombazos. Todo esto culmina un día del verano del ’81, en el cual el ejército y la guerrilla tienen un enfrentamiento frente a mi colegio. Helicópteros y tanques y bombas; nos metieron a todos en un gimnasio. Y eso fue el detonante, después de eso mis padres deciden irse.

–El secuestro marca el inicio de una época violenta.

–Sí, porque involucra directamente a mi familia con la historia de Guatemala. Una familia muy judía que siempre había estado al margen, mi abuelo era libanés, con socios libaneses, su punto era la sinagoga. Pero de pronto, el secuestro es un lazo hacia el país, estás en Guatemala y vas a sufrir como guatemalteco.

La casa de los abuelos del escritor Eduardo Halfon. Gentileza E. Halfon
La casa de los abuelos del escritor Eduardo Halfon. Gentileza E. Halfon

–Tu posición es interesante y compleja, porque aunque es tu abuelo el implicado en el secuestro hay una mirada comprensiva de los motivos que llevaron a esa violencia.

–Creo que con la misma objetividad enfrenté el caso del Holocausto de mi otro abuelo. Hay una distancia generacional, no lo viví yo, tampoco mi padre, había una generación de por medio, yo no sufrí ese secuestro. Podía verlo con una mirada más objetiva. Por otro lado, es lo que se plantea en el epígrafe de Baudelaire: “Quizás resultaría agradable ser alternadamente víctima y verdugo”. Si yo iba a describir el secuestro de mi abuelo debía ser desde un punto de vista muy objetivo tanto para el secuestrado como para el secuestrador. No es tan claro lo de buenos y malos.

–Según Eduardo Galeano, Guatemala fue “un modelo de intervención de Estados Unidos en América Latina, a través del poder económico, la manipulación política y militar”. Esto en tu libro se narra con mucha claridad.

–Aparece en ese año 1954 tan decisivo. Un presidente democráticamente electo, Jacobo Árbenz, el segundo en la historia de Guatemala, con ideas muy revolucionarias que hubieran cambiado radicalmente el país. La redistribución de riquezas, darles a los indígenas un poquito de más tierra, enfrentar la desigualdad y la pobreza. Eran ideas que espantaron a los norteamericanos, espantaron a la oligarquía guatemalteca que presiona entonces a Estados Unidos, a la United Fruit Company, y en cuestión de días es derrocado. Llegaron los norteamericanos y rompieron el esquema democrático. Ejemplo que luego siguen en el resto de Latinoamérica.

Con armas apuntan a una foto del presidente guatemalteco Jacobo Árbenz, derrocado en 1954.
Con armas apuntan a una foto del presidente guatemalteco Jacobo Árbenz, derrocado en 1954.

–¿Ese episodio desencadena en el surgimiento de la guerrilla?

–Directamente de allí surge. La guerrilla proviene de un levantamiento militar, ex militares que se van a la montaña y empiezan el movimiento revolucionario. También empieza esa frustración de parte del intelectual y el estudiante guatemalteco, empiezan las revueltas que duran varios años hasta que estalla en la creación de la guerrilla. Y esta va a durar 36 años. Es una guerra larguísima la que sufrió Guatemala.

–El derrocamiento de Árbenz tiene que ver con una reacción a ese proyecto de reforma agraria y a las expropiaciones para llevarlo adelante. En el libro contás, de manera un poco lacónica, el caso de un edificio de tu abuelo en peligro de ser expropiado. Esto coloca a tu abuelo del otro lado, ¿no?

–Lo coloca del lado de los terratenientes, de la oligarquía que siente sus propiedades en peligro. Mi abuelo también tenía una finca de café en ese entonces, y la vende sintiendo esa presión de reforma agraria. La expropiación del edificio se desvanece porque derrocan a Árbenz. 

Eduardo Halfon, el abuelo del escritor, fue secuestrado en los '60. Gentileza E. Halfon
Eduardo Halfon, el abuelo del escritor, fue secuestrado en los ’60. Gentileza E. Halfon

–El personaje de Canción, el secuestrador, tenía cara de niño, un rasgo común a los jóvenes enrolados en la lucha armada, que tenían un promedio de 20 años. No termina de perfilarse ese personaje. Es como un enigma. ¿Qué representa para vos?

–Para empezar, intencionalmente no queda claro el personaje, yo quería que se mantuviera envuelto en una nube de humo. Canción despertó muchas opiniones. Incluso adentro de la misma guerrilla había quienes lo criticaban mucho. Sus intenciones no estaban siempre claras. Tenía una personalidad muy grande y luego, un final trágico. Yo quería que se mantuviesen en suspenso partes de su vida.

–¿Tu abuelo negoció con uno de sus secuestradores el monto del rescate?

–Con Canción, él había negociado en privado y después se molestó porque la familia había pagado más, habían negociado con otros secuestradores. Algo que no puse en el libro es que Canción llegó a visitar después a mi abuelo un par de veces y mi abuelo le compraba medicinas. Era como un síndrome de Estocolmo, crear un vínculo emocional con la persona que te tiene en cautiverio. Le pasó a mi abuelo.

Luego de 36 años de guerra civil, Guatemala logró un acuerdo de paz en 1996. Foto AP/ Moises Castillo
Luego de 36 años de guerra civil, Guatemala logró un acuerdo de paz en 1996. Foto AP/ Moises Castillo

–Ese mismo tipo había matado al embajador de Alemania, al de Estados Unidos…

–¡Y muchos más! Era un delincuente, él empezó como delincuente. Estaba en la cárcel por narcotráfico, porque asaltó una gasolinera. Esas contradicciones también me llamaban la atención: la guerrilla no fue solo gente muy correcta que quería el cambio para el país. Y del otro lado también. No es clara la diferencia entre víctima y verdugo.

–Los personajes femeninos son muy atractivos: Rogelia Cruz, una Miss Guatemala que se involucra en la lucha revolucionaria. Tu abuelo decía que había sido secuestrado por una reina de belleza.

–Lo que no me queda muy claro es si ella estuvo en el secuestro, las fechas en que ella estuvo en la guerrilla coinciden, había una mujer muy hermosa que entraba y salía pero no sé con certeza si era ella. O si había sido Sara, la otra mujer muy guapa que aparece en el libro.

–La mención a Rogelia Cruz casi parece un homenaje…

–Lo es. Ella era una persona con mucha entrega, con mucho corazón, tenía los valores muy claros. Es muy breve su aparición en el libro pero la de Rogelia Cruz todavía es una historia irresuelta. Muchos guatemaltecos, no en cantidad sino en poder, quieren negar que eso pasó.

–¿Negar que fue asesinada?

–Sí, un negacionismo feroz y ciego. O la actitud es: ya pasó, dejémoslo en el pasado. En ese punto, la historia de Guatemala se roza con la de Argentina, con la de Chile, la misma historia con dictaduras, con secuestros, con desaparecidos. Fueron impresionantes las reacciones que tuve con sólo mencionar a Rogelia Cruz. Sigue siendo una historia irresuelta.

Eduardo Halfon dice que no volvería a vivir en Guatemala.
Eduardo Halfon dice que no volvería a vivir en Guatemala.

–Uno pensaría que es totalmente ficcional el encuentro con la ex guerrillera, Sara, en el bar, una escena que tiene un clima cinematográfico, como de far west. Pero, por lo que contás ahora, ¿el personaje de Sara es real?

–Sí y no. El personaje de Sara es un conjunto o una suma de varios personajes. Hubo un encuentro en ese bar, sí. Hubo muchos encuentros en ese bar porque entrevisté a muchos ex guerrilleros, varios involucrados en el secuestro de mi abuelo. Luego yo lo armo como un solo encuentro con una sola ex guerrillera. Pero, en realidad, es un conjunto de portavoces.

–¿Qué te interesaba saber del secuestro de tu abuelo? ¿Qué orientaba tu pesquisa?

–No lo sé. Hay un cuento en el que voy en busca de la casa de mi otro abuelo en Polonia. Y me pregunto, qué voy a encontrar allí, hurgando en un episodio que fue muy doloroso para mi familia. La única respuesta que tengo es que todos estos acontecimientos, el secuestro de mi abuelo libanés, los seis años de mi abuelo polaco en campos de concentración, me interesan como literatura. Mi atracción es literaria. No es periodística, no voy a resolver nada. Es la historia lo único que me interesa.

–Escribir acerca de un abuelo, de algo anterior a tu nacimiento, aleja el hecho. ¿Es necesaria esa distancia para escribir ficción sobre tu familia?

–Yo creo que sí, la distancia tanto temporal como física. Escribo de Guatemala porque estoy en Francia o en Nebraska. Porque estoy haciendo literatura. El periodismo funciona de otra manera, más inmediata. Se me complicó cuando me pidieron que escribiera cosas de la pandemia mientras estábamos en la pandemia. Yo no trabajo así. Si escribo sobre este tiempo en París será en el futuro, con distancia. Me puedo acercar a la historia violenta de un país porque hay ya suficiente lejanía con esos hechos.

–En tu caso hay un doble movimiento, de distanciamiento pero también de acercamiento a temas que tienen que ver con tu identidad. ¿La ficción puede ser también una indagación, una forma de conocimiento?

–Es un rechazo y una búsqueda simultánea. Rechazo al judaísmo pero ahí voy buscándolo. O no quiero saber nada de Guatemala pero ahí voy buscándola cuando escribo. En mi literatura, me acerco a esas partes de mi identidad. Pero la búsqueda no se da en mi vida sino en mi obra. Yo no tuve acercamientos a mis abuelos. No me interesaban sus historias de éxodo hacia Guatemala hasta que empecé a escribir. La ficción es fundamental ahí, no estoy escribiendo una biografía, no estoy reconstruyendo, estoy construyendo la historia de la familia de ese otro Eduardo Halfon que por momentos refleja la mía pero que no es la mía.

Tropas rebeldes en las calles de Guatemala, en 1954, cuando fue derrocado el presidente Jacobo Árbenz.
Tropas rebeldes en las calles de Guatemala, en 1954, cuando fue derrocado el presidente Jacobo Árbenz.

La pandemia de los nómades

“Estuvimos un año en París con una beca de la universidad de Columbia, y fue el año en que empezó este nuevo mundo, nos pilló la pandemia en París. Ya vivir en París es surreal, es como vivir en un parque temático, es como un Disney, ya sea que lo veas desde el lado del turismo o de la historia literaria y artística, en cada cuadra hay rótulos que te indican la casa donde vivió tal escritor, es como estar dentro de un museo de historia. Y de pronto, se vació ese museo cuando cerraron París no había nadie en las calles. No era nuestra ciudad, no teníamos médicos, con mi hijo de tres años en casa sin poder ir a la guardería, fue muy desasosegante. En mayo vencía mi beca y el aeropuerto de Guatemala estaba cerrado. No queríamos volver. Hoy Guatemala está terrible, no han empezado a vacunar. Mi hermano que vive en Francia me ofreció pasar el verano en su pueblo. Anotamos a mi hijo en el colegio y la decisión de quedarnos fue muy fácil”.

Eduardo Halfon lleva una vida nómade desde que a sus diez años sus padres emigraron de Guatemala a Estados Unidos. Allí estudió ingeniería pero a sus veintipico volvió a Guatemala y estudió Filosofía y Letras. En los últimos años vivió en Nebraska, donde su mujer, bióloga, estaba haciendo un posgrado. Y el próximo paso será un año en Berlín, con una beca de escritura.

Sin embargo, ahora con un hijo, la vida itinerante le resulta compleja. Pero asegura que, de echar raíces, elegiría “cualquier lugar menos Guatemala”. “Ya antes de la pandemia era un país sin educación, sin salud, con una corrupción y una impunidad tremendas –afirma–. Esto sólo vino a agravar las cosas, hay mucha violencia. El país es muy hermoso pero la capital es tremendamente peligrosa”.

Halfon Básico

Guatemala, 1971. En 2007 fue nombrado uno de los 39 mejores escritores menores de 39 de América latina por el Hay Festival de Bogotá. Ganó el premio Roger Caillois, el International Latino Book Award de Estados Unidos, el Premio Nacional de Literatura de Guatemala (2018), entre muchos otros. Es autor de El boxeador polaco (cuentos), Monasterio, Signor Hoffman y Biblioteca bizarra, entre otros.

PC

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