La historia de la llegada del Palomo Usuriaga a un club del interior que jugaba el Argentino A

admin

11/02/2021

Aquel primer jueves de febrero del año 2000, el Palomo Usuriaga fue a Córdoba engañado. “Cuando le dijeron que venía para acá, él pensó que era para jugar en Talleres o Belgrano, uno de los grandes de la ciudad, pero se encontró con que iba a jugar el Torneo Argentino A”, reconoce un dirigente involucrado en la operación.

Los diarios de la ciudad habían detonado la bomba la primera semana de diciembre del 99: “Albeiro Usuriaga va a jugar en un club de la ciudad”. Durante los primeros días la noticia se robó la primera plana de suplementos y programas deportivos. Pero, cuando pasaron dos semanas y el Palomo no llegaba, se empezaron a preguntar si había sido una bomba de humo: “¿Qué pasa que no viene Usuriaga?”. Un mes después, el colombiano seguía sin aparecer por Córdoba. ¿Qué hacía? “Paseaba por Buenos Aires”, le cuentan a Clarín desde el corazón del país.

¿Cómo se había gestado la llegada del colombiano a la capital mediterránea? ¿Había sido todo un bluff? ¿Mito o realidad?

Calidad pura: el Palomo mostró todo su talento.
Calidad pura: el Palomo mostró todo su talento.

La cosa fue así: una noche, en el hotel Windsor de la capital provincial, Carlos Quieto, que era el representante que manejaba las transferencias de los jugadores colombianos que llegaban a la Argentina en los 90 (sí, en los años más pesados del país cafetero), le preguntó a Oscar Gencarelli, un dirigente de la subcomisión de fútbol de General Paz Juniors, cómo podía ayudarlo. “¿Necesitás un 9? Te lo traigo al Palomo”, tiró como si nada, mientras descorchaba un Luigi Bosca.

Parecía una canchereada del hombre que era el puente entre Buenos Aires, Cali y Medellín. Pero Gencarelli se jugó un pleno. “¿No está suspendido el Negro?”, lo tanteó. “Lo habilitamos, ya tiene que jugar”.

En unos días arreglaron el contrato y el equipo que apenas había sido conocido por recibir a Deep Purple y el Adiós Sui Generis en su microestadio ahora se metía en los titulares deportivos. Usuriaga iba a cobrar 5000 dólares por mes. “Era cinco veces más de lo que le pagábamos al resto”, le cuenta el dirigente a Clarín. ¿De dónde salía la plata? El plan era que Talleres pusiera la mitad y que tuviera la prioridad de compra si es que el Palomo brillaba.

El Palomo llegó a Córdoba en febrero del 2000 y salió a conocer la ciudad.
El Palomo llegó a Córdoba en febrero del 2000 y salió a conocer la ciudad.

Aquella primera semana de diciembre del 99 estaba todo arreglado, pero el colombiano se demoraba. Un mes más tarde, cuando parecía que el Palomo ya no iba a volar por Córdoba, Albeiro Usuriaga apareció sentado en el estudio de ShowSports, algo así como el TyC Sports cordobés (“aunque el nuestro es anterior”, apuntan desde la capital mediterránea) anunciando su llegada a General Paz Juniors, un club que disputaba el Torneo Argentino A por el ascenso al Nacional B.

Fue el primer viernes de enero que el sueño parecía realidad. El jugador que había brillado en el Rojo con el título del Clausura 94 y la Supercopa de ese año, más la Recopa sudamericana al siguiente, el de los dreadlocks al viento, el mismo que le había dado la clasificación a Colombia para el Mundial 90 tras 28 años, se iba a poner la de Juniors, un equipo que sólo había visto la Primera por la tele.

Es que, el Palomo venía de una suspensión por dóping en el año 97 y se le habían cerrado las puertas en todos lados. Incluidas las de Independiente, Atlético Nacional (donde ganó la Libertadores del 89) y América de Cali, donde había sido venerado gracias a su goles, golones, tacos y fantasías. Además de los títulos, claro.

En la cresta de la ola. Usuriaga brilló en el Rojo de Avellaneda.
En la cresta de la ola. Usuriaga brilló en el Rojo de Avellaneda.

El Palomo cayó al estudio con una camiseta de fútbol americano que enfundaba la mitad de su metro noventa y dos. Ya no había rastas ni rulos. Se había rasurado el pelo y lo tiñó de amarillo. También lucía los anillos y collares de oro a los que nos tenía acostumbrados. “Prefiero que me recuerden por lo que hice en la cancha y no por las cosas malas”, justificó en voz baja su llegada a un equipo de la tercera categoría. Quería sacarse de encima el estigma del doping.

PALOMO, NO SOLO UN TRAJE BONITO

Un urso de un metro noventa y dos con la piel café tostado y la cabeza amarilla. Y oro. Mucho oro. En Córdoba se sorprendieron cuando vieron el outfit de Usuriaga. Mucho antes, en el año 94 Marcelo Araujo le preguntó en Fútbol de Primera por qué los colombianos usaban tantas cadenas y anillos de oro: “Porque a los hombres de color nos luce bien el oro”, le contesto, súper tímido, mirando para abajo.

Es que, en el fondo, el Palomo era un excéntrico. Su anécdota más conocida cuenta que ni bien debutó fue elegido como figura de la fecha del fútbol colombiano y se ganó un canje de ropa, una especie de premio Chamigo cafetero. Cuando entró al local, el Palomo posó los ojos sobre un traje blanco: “Quiero ese”, y se fue caminando de punta en blanco hasta su barrio. Cuando llegó con las botamangas percudidas los amigos vieron ese mix de cabeza oscura y cuerpo blanco: “Mirá, ahí viene el Palomo”. Y crearon la marca registrada.

No caben dudas que su fetiche era la ropa. También era una manera de mostrar su rebeldía. Una vez Pacho Maturana había ordenado que el plantel se vistiera de traje gris. El Palomo apareció de azul. Y así fue cansando al buenazo de Pacho que lo dejó afuera del Mundial 90 a pesar de haber convertido el gol fundamental de la clasificación.

Y en Córdoba no fue menos. Cuando se dieron cuenta que la suspensión ya había sido cumplida y que debutaba en un par de días, el colombiano exigió que le consiguieran botines rojos, su color fetiche. “Tuvimos que mandar a buscar a Buenos Aires porque en Córdoba no había por ningún lado”. Después, terminó con unos amarillos que le hacían juego con su pelo.

¿Sí jugó al fútbol? Claro. Y podríamos decir que Juniors pudo hacer honor a ese apodo que le pusieron en el 43, el de “los poetas del césped”. Y eso que no arrancó de titular: “Al Palomo le falta, no lo veo bien”, le había bajado la espuma a todos (prensa, público y dirigentes) el DT Pablo Comelles que lo mandó al banco en su primer partido, frente a Huracán Las Heras de Mendoza.

Usuriaga metió dos goles en la final del Argentino A que le dio el título a Juniors.
Usuriaga metió dos goles en la final del Argentino A que le dio el título a Juniors.

En las tribunas había 5000 personas que pedían por el colombiano (el triple que en cualquier partido) y Pablo Comelles lo tenía trotando afuera del campo. El partido estaba empatado en cero y el DT dijo las palabras mágicas: “Vení, Palomo”. La tribuna de la cancha cercana al Río explotó. Y bastaron 15 minutos para resolver todo.

En la primera que agarró lo levantaron para arriba: “bienvenido al Torneo Argentino”. En la siguiente, el 10 del equipo, Marcelo Santoni, encabezó una contra, el Palomo se llevó las marcas y el volante pateó. Uno a cero. Minutos después se vio algo parecido. Otra vez el diez no se la dio al Palomo, pero esta vez aprovechó que la pelota quedó bollando afuera del área, la acomodó para la zurda y metió un balazo al ángulo. Imaginen la euforia de los cordobeses que en dos jugadas se daban cuenta que no se habían comprado un buzón. El Palomo ya volaba.

En pocos partidos, Usuriaga peló todo su repertorio. El documental Palomo que repasa su paso por el Rojo y por General Paz Juniors muestra una vaselina con cara interna del pie para definir un partido. Amagues en el área y goles de todo tipo, incluidos de penal. Rápido fue el dueño del equipo. Pero cuando estaba por terminar la primera rueda se lesionó y volvió a Buenos Aires. Y ahí tenía todas esas diversiones que lo perdían. El Palomo desapareció otra vez. Una semana antes del partido contra Huracán de Tres Arroyos lo fueron a buscar. “Lo apretamos para que volviera”, cuentan. General Paz Juniors Había perdido tres a cero de visitantes y tenían que remontar la diferencia. Jugó el Palomo y ganaron cuatro a cero. Con dos de Albeiro, claro.

EL ULTIMO VUELO DEL PALOMO

"Aplaudan, no dejen de aplaudir, los goles del palomo que ya van a venir". Foto: Archivo Olé.
“Aplaudan, no dejen de aplaudir, los goles del palomo que ya van a venir”. Foto: Archivo Olé.

Cuando General Paz Juniors llegó al último partido del Torneo Argentino A, el Palomo Usuriaga ya era el máximo ídolo futbolístico del club. El rival era Douglas Haig de Pergamino, un peso pesado del Ascenso, pero las cuentas eran fáciles: Juniors tenía que ganar o empatar para ser campeón y llegar por primera vez en su historia al Nacional B.

“El partido fue una batalla campal”, sintetiza Gencarelli. Juniors, que salió al campo con pantalón blanco y camiseta azul, abrió el marcador, sí, con gol de Albeiro. El Palomo aprovechó un pifie de la defensa y la mandó a guardar. El arquero del Milan de Pergamino que tenía 44 años y era el más viejo de la Argentina no pudo hacer nada. Douglas empató con un golazo, pero el colombiano hizo un gol bien de 9: la bancó apenas afuera del área chica, media vuelta y adentro. Antes del fin del PT, Douglas volvió a empatar de penal.

En el segundo tiempo, el árbitro volvió a pitar infracción un el área para los de Pergamino. Si era gol, se acababa el sueño del equipo cordobés. Pero el arquero Amaya esta vez detuvo el disparo. Cuando pitó el final, los jugadores de Juniors corrieron a abrazarse. ¿Albeiro? Caminó tranquilo hacia el centro del campo pero los hinchas del equipo local invadieron la cancha y le empezaron a pegar. Y él se defendió.

Sin quererlo, la última foto de Usuriaga en Juniors es a las piñas. Y, como había dicho en aquella entrevista, él quería que lo recuerden por lo que hacía adentro de la cancha. Pero para los hinchas fue una declaración de amor: “Defendió a muerte los colores de Juniors”, decían, aunque él ya lo había hecho dentro de la cancha: el Club Atlético General Paz Juniors jugaría por primera vez en el Nacional B y en gran parte gracias al Palomo.

Una muerte a lo Ringo…

La de Juniors fue la última página de gloria del Palomo. Con los cordobeses jugó 9 partidos; en 6 ingresó como titular y convirtió 7 goles. Juniors que en apenas un año iba a perder la categoría se lo vendió a All Boys por 40 mil dólares. 

El Palomo no cumplió el sueño de volver a Independiente. Y la siguiente noticia que tenemos de él es fatal. Un capítulo más de la tragedia colombiana. El 11 de febrero de 2004, Usuriaga tomaba unas cervezas y se divertía en un bar de su barrio, el 12 de octubre de Cali. Allí paraba con sus amigos desde su vuelta a Colombia. Quizá celebraba que a los 37 iba a China por su última aventura futbolística. Viajaba el 14, justo el Día de San Valentín. Pero a las 7 y 20 de la tarde, un sicario bajó de una moto y le acribilló 13 veces. Igual que Bonavena, Albeiro se había enamorado de la ex pareja de un mafioso: se llamaba  Jefferson Valdez Marín, el jefe de una banda de sicarios que no soportó el desplante y lo mandó a asesinar.

El velorio del Palomo fue con música, alcohol y flores.
El velorio del Palomo fue con música, alcohol y flores.

El velorio del Palomo fue una fiesta teñida de colores y cumbia colombiana. Así lo despidieron y así todos los recuerdan: con una pelota, tirando un lujo y con la sonrisa blanca dibujada en la boca.

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