La maratón interminable de Rodríguez Larreta

admin

06/09/2021

La frase la dice un dirigente radical que no lo quiere, pero que lo respeta. “Un tipo que se depila todo el cuerpo para que los pelos de los brazos no se vean en las fotos, está dispuesto a todo para ser presidente”. Se refiere a Horacio Rodríguez Larreta, el jefe de gobierno porteño que arriesga mucho en las elecciones primarias del próximo domingo.

Hay fotos de la década del noventa que muestran a Rodríguez Larreta antes de convertirse en pelado. Una junto a su padre, que lo bautizó con su mismo nombre, y a sus hermanos donde muestra que tenía cabellera. Y otra en una playa de Punta del Este en la que el pelo le cubría la mayor parte del cuerpo. Un fenómeno que la medicina llama hipertricosis, o más cinematográficamente, “síndrome del Hombre Lobo”. Exagere o no ese dirigente radical que dice que se depila, lo cierto es que Rodríguez Larreta ha construido en estos tiempos un look de pelado moderno con chombas negras a lo Steve Jobs.

Con ese estilo personal, va a emprender este domingo el desafío de convertirse en aspirante a la Casa Rosada. No es un trámite sencillo y apenas es el primer obstáculo de una carrera interminable que podría durar otros dos años. Rodríguez Larreta cree que el paso esencial para cualquier candidato presidencial opositor es ganarle al peronismo en la provincia de Buenos Aires. Con ese objetivo, ubicó a Diego Santilli como primer candidato a diputado en la Provincia. No solo es su vicejefe de gobierno en la Ciudad. Es el dirigente, de los que pueden competir electoralmente, al que le tiene mayor confianza.

Si Santilli le gana la interna de Juntos por el Cambio al neurólogo Facundo Manes, Rodríguez Larreta podrá seguir adelante con su proyecto presidencial. Pero si Manes derrota a su candidato, el proyecto estará herido de muerte. Así de contundente y así de injusta es la política en algunas ocasiones. Las encuestas anticipan un triunfo de Santilli en la primaria opositora, pero nadie arriesga pronósticos. Ya se sabe qué es lo que pasó con los sondeos hace dos años, cuando vaticinaron una buena elección de Mauricio Macri ante Alberto Fernández. Pifiaron feamente y cayeron al pozo del descrédito.

A esa incógnita le apunta Manes cuando castiga en público a Rodríguez Larreta. Al comienzo de la campaña afirmó que su rival Santilli era financiado con fondos del estado porteño. Ahora dice que el jefe de gobierno deja acéfala la Ciudad para dedicarse solo a la campaña. Trata de estigmatizar al hombre de negro como el poderoso gobernante que representa al statu quo de la política. Recién el domingo se sabrá si los ataques surten algún efecto.

Científico de las multitudes hasta que la pandemia quebró las charlas en los teatros cerrados, Manes no es precisamente un hombre desconocido que viene a desafiar al poder. Su fundación, Ineco, ha crecido con el aliento esponsoreado del Círculo Rojo y los gobernadores de la UCR contribuyen también a su presupuesto de campaña. Al frente de esos respaldos está Gerardo Morales, el impetuoso jujeño que espera el mínimo traspié de Rodríguez Larreta para acometer con su propio proyecto presidencial. Los radicales necesitan cómo sea una buena perfomance de Manes en la Provincia para volver al protagonismo electoral en el lejano 2023.

Claro que la maratón de Rodríguez Larreta tiene mucho más por delante. Además de un triunfo de Santilli sobre Manes, necesita que María Eugenia Vidal haga una elección decorosa en territorio porteño. La ex gobernadora vivió en forma traumática el regreso desde la Provincia a la Ciudad, pero parece ir recuperando aquel vigor que le hizo derrotar al peronismo hace seis años. Su discurso es más duro, sus críticas al Gobierno más punzantes y defiende aquella gestión con más vehemencia.

Rodríguez Larreta y Vidal no la tendrán fácil ni por adentro de la coalición ni por afuera. Ricardo López Murphy es un candidato en estado de gracia que le disputa los votos del electorado endurecido, y Adolfo Rubinstein encarna, con el acompañamiento inoxidable de Luis “Beto” Brandoni, los valores del radicalismo tradicional que supo gobernar por varios años a la Ciudad. Como si eso fuera poco, deben acercarse a la muy buena elección de 2019.

Es posible que la aparición de López Murphy le ayude a Rodríguez Larreta a sumar votos que de otra manera se le habrían escapado, pero la coalición que está construyendo deberá enfrentar también la competencia que desde una derecha más reaccionaria le está planteando el economista Javier Milei. Un candidato que viene creciendo en las encuestas con un relato antisistema, pero que sobrevive con un contrato de un gran grupo empresario y que ha probado ya las mieles de trabajar en el Estado con el represor Antonio Bussi.

Si Rodríguez Larreta consigue superar el examen de las PASO, la carrera apenas habrá empezado para él. Lo espera una prueba durísima ante el peronismo en las elecciones legislativas del 14 de noviembre. Y después vendrán, además de tener que seguir administrando la Ciudad en pandemia, los desafíos inevitables de una UCR fortalecida por los triunfos en las provincias que gobierna.

Y allí no se terminan los obstáculos ni las dificultades. Rodríguez Larreta sabe perfectamente que Patricia Bullrich renunció a ser candidata en esta ocasión, pero que tiene también un proyecto presidencial entre sus planes. Cómo sabe que el libro de Mauricio Macri se llama “Segundo Tiempo” porque el ex presidente no descarta una revancha después de su fallido intento de reelección.

A Rodríguez Larreta le gusta decir que para llegar a la presidencia de la Argentina hay que correr una verdadera maratón. Y que es preciso llegar entero hasta el final. Es la única manera de que no le suceda lo que a Filípides, aquel soldado griego que corrió cuarenta y dos kilómetros hasta la ciudad de Maratón para anunciar el resultado de una batalla contra los persas. Pero que arribó exhausto a su destino y murió sin poder disfrutar de la victoria.

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