La mayor mentira de los Juegos Olímpicos que estuvo oculta durante 25 años

admin

11/07/2021

La imagen más espectacular de una inauguración de Juegos Olímpicos es sin duda el encendido del pebetero en Barcelona 92.

Y por 25 años fue la mayor mentira de los Juegos Olímpicos mantenida oculta.

El encendido del pebetero quedó grabado en la retina de cientos de millones de personas que vieron el espectáculo por televisión.

El ex jugador de básquet Juan Antonio San Epifanio está a punto de encender la flecha que lanzará Rebollo (Captura de video).
El ex jugador de básquet Juan Antonio San Epifanio está a punto de encender la flecha que lanzará Rebollo (Captura de video).

Eran las 22.40 del 25 de julio de 1992 en España. El estadio de Montjuic, en Barcelona, apagó sus luces y comenzó a sonar una música compuesta por Angelo Badalamenti.

El ex jugador de básquet Juan Antonio San Epifanio dio media vuelta al estadio con la antorcha en su mano.

Frenó su carrera y se acercó al atleta paralímpico Antonio Rebollo Liñán. Era un arquero que había sido medalla de Plata en los Juegos Paralímpicos de Los Ángeles 84 y medalla de Bronce en los de Seúl 88. La poliomielitis en su infancia le había dejado una leve cojera.

La flecha en llamas está a punto de ser lanzada (Captura de video).
La flecha en llamas está a punto de ser lanzada (Captura de video).

El hombre prendió la flecha de punta flamígera y con un tiro perfecto e inimaginable, introdujo la flecha en el pebetero y encendió la llama.

Los adjetivos se multiplicaron: magnífico, único, increíble, maravilloso. Irrepetible. El estadio enloqueció y cientos de millones fueron engañados.

Y 25 años después se conoció la verdad. La flecha nunca entró al pebetero. Siguió de largo y cayó fuera del estadio.

Y la flecha encendida parte (Captura de video).
Y la flecha encendida parte (Captura de video).

La mentira quedó al descubierto cuando apareció el video (verlo arriba) que muestra toda la escena: la flecha vuela y sale del estadio.

Muchos ya habían expresado dudas ya que la televisación oficial a todo el mundo solo se hizo desde un ángulo. Pero en ese momento no importaba. La televisión repitió ese encendido maravilloso en cientos de millones de televisores de todo el mundo.

El cerebro que organizó todo

Todo estuvo planificado. Los únicos que deberían enterarse eran unos pocos. El resto del mundo debía ser engañado.

El truco era que la flecha solo tenía que pasar cerca del pebetero. El gas salía a borbotones y al paso de la flecha se encendió.

El propio Rebollo se acopló a la mentira: “No tenía miedo. Estaba concentrado en mi posición y en alcanzar el blanco”.

El especialista en efectos especiales cinematográficos Reyes Abades con la flecha del truco.
El especialista en efectos especiales cinematográficos Reyes Abades con la flecha del truco.

Pero aquí entra a tallar el hombre encargado de idear la gran fantasía para engañar a millones: el especialista en efectos especiales cinematográficos Reyes Abades.

​Ganador de nueve premios Goya, era el mejor técnico en efectos especiales en España. Con su empresa Reyes Abades Efectos Especiales S.A, participó en 350 películas y para los amantes del cine, los 9 Goya que ganó por efectos especiales fueron en las siguientes: “¡Ay, Carmela!” (1990), “Beltreneros” (1991), “Días Contados” (1994), “El día de la bestia” (1995), “Tierra” (1996), “Buñuel y la mesa del rey Salomón” (2001), “El lobo” (2004), “El laberinto del Fauno” (2006) y “Balada triste de trompeta” (2010).

Su primer paso fue elegir el cómplice exacto. Encontrar el arquero indicado fue una operación secreta.

Reyes Abades convocó a los 200 mejores arqueros del país. Y los hizo arrojar flechas al pebetero en distintos días y con diversas condiciones climáticas.

Finalmente eligió a cuatro entre los que estaba Rebollo. Solo tres horas antes de la inauguración de los Juegos, supo que era el elegido.

La flecha va rumbo al pebetero (Captura de video).
La flecha va rumbo al pebetero (Captura de video).

Y contó a EFE, en ocasión del 25 aniversario de los Juegos de Barcelona, cómo practicó el tiro los días previos a la Inauguración: “En el primer intento, la flecha pegó en la estructura y cayó hacia la tribuna. En el segundo, la metí dentro del pebetero pero el impacto fue tan fuerte que rompí las tuberías que había adentro y tuvieron que llamar a la compañía del gas para que las arreglaran”.

Reyes Abades creyó que había que ir a lo seguro. Nada de meter la flecha en el pebetero. Solo bastaba que pasara cerca. Y así engañó a cientos de millones.

Para Reyes Abades, aquel día que su efecto especial hizo “encender” el pebetero, el 25 de julio de 1992, fue también especial: era su cumpleaños. El número 43.

La televisión muestra que la flecha cae dentro del pebetero y lo enciende (Captura de video).
La televisión muestra que la flecha cae dentro del pebetero y lo enciende (Captura de video).

Y 25 años después le contó al diario El Mundo: “Llevaba días y días diciendo dónde había que poner la cámara, donde no se viera el truco. Y ordené que no hubiera más planos“.

Reyes Abades diseñó hasta ocho tipos distintos de flechas y logró la ideal que pesaba 100 gramos con un tubo de 109 centímetros fabricado en Estados Unidos y un cono de aluminio que soportaba un viento de 20 kilómetros por hora, diseñado por un técnico amigo suyo, que logró fabricarlo tras usar un torno durante 5 horas.

¿Precio total de la flecha? Unos 110 dólares.

La gran trampa fue perforar la punta de la flecha con un agujerito de un milímetro para que entrara la cantidad de aire exacta y se mantuviera la llama durante el disparo.

El momento de la magnífica trampa

Reyes Abades llevó la flecha esa noche al estadio Olímpico junto a su hijo Óscar, en aquel entonces de 16 años.

El mago de los efectos especiales también llevó un frasquito con un líquido del cual jamás reveló su contenido. Con el mojó la punta de la flecha y solo se sabe que debía contener algo de éter.

La flecha y el pebetero encendido (Captura de video).
La flecha y el pebetero encendido (Captura de video).

Y vino aquel momento tramposo y mágico. En 12 segundos Rebollo debía tomar posición, tensar el arco y tirar.

Y al encenderse el pebetero fue sorpresa y emoción para los 3.500 millones de personas que vieron en el mundo aquel hecho mágico.

Lo que ninguno de esos 3.500 millones de personas vio fue que la flecha pasó por encima del pebetero y se perdió fuera del estadio.

Pero Reyes Abades ya lo tenía todo controlado. Había encargado a varias personas de su equipo que siguieran la trayectoria fuera del estadio y recuperaran la flecha.

En tres minutos la flecha ya estaba en sus manos, celosamente guardada y oculta.

La parte posterior de la flecha y su corte para el truco.
La parte posterior de la flecha y su corte para el truco.

“La metimos en una bolsita y la pusimos en el camión”. Al día siguiente, aquel invalorable objeto viajó hasta su casa en Torrejón de Ardoz.

En 1993 recibió una carta del Comité Olímpico de España donde le ordenaban devolver la flecha que iba a ser colocada en el Museo Olímpico de Barcelona que iba a ser inaugurado.

Reyes Abades buscó el contrato que había firmado y guardado. En uno de sus párrafos decía: “Reyes Abades Efectos Especiales suministrará las flechas para el entrenamiento de los dos arqueros designados para llevar a cabo el encendido del pebetero. Asimismo, supervisará el entrenamiento de ambos arqueros en el uso de sus flechas“.

Esa fue la frase mágica: “sus flechas”. Llamó por teléfono a las autoridades y se negó a entregarla.

La fledcha que Reyes Abades conservó en su casa.
La fledcha que Reyes Abades conservó en su casa.

A los dos meses recibió una nueva intimación y ya ni siquiera respondió. Esa flecha para él era la mejor herencia para sus hijos.

Hace tres años Reyes Abades murió.

Su truco con el que engañó a 3.500 millones de personas sobrevive en su casa. Esa flecha nunca entró al pebetero, pero fue la más magnífica obra de magia que por un instante maravilló al mundo entero.

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