La mejor escena erótica de la literatura argentina

admin

23/03/2021

La escena de sexo está entre las más recordadas: “No ha dicho una palabra desde que ella le arrojó el anillo. De pronto se incorpora como si se despertara y se desnuda. Sin mirarla se frota los ojos, se pasa la mano por el cuello, como si se acariciara. Sin mirar se acerca a ella, la desnuda (…)” Sylvia Molloy se atrevió al sexo entre mujeres en 1981 con su novela En breve cárcel. Era plena dictadura, el libro no salió en el país, circuló en fotocopias hasta 1998. En secreto, de mano en mano.

Hay una historia de amor y desamor, de deseo y de abandono. Una mujer espera y escribe. Recuerda y escribe. Sufre y escribe. Y viene la escena: “La obliga, eso sí, a permanecer siempre de pie junto a la mesa, a no abandonar en ningún momento (…) la posición que adoptó cuando comenzó a hablar”. Desde allí ve una cabeza: “Intentaba fijar la mirada en algo que la sostuviera pero sólo veía, al bajar los ojos, la cabeza de Renata, la raya que exactamente en el centro del cráneo dividía un pelo que había crecido”.

Molloy, que es una prestigiosa académica que hoy vive en Estados Unidos cruza la raya con esa escena: habla de lo que no se habla. De la cabeza vista desde arriba pero también del paso del tiempo que profundiza ese dolor: el pelo ya creció, la amada es la misma y es otra.

Estaba encerrada, rabiosa, escribiendo contra algo. Contra una traición

Estaba encerrada, rabiosa, escribiendo contra algo. Contra una traición

Sylvia Molloy

Escritora

El título habla del libro y habla de la escritora: “Estaba encerrada, rabiosa, escribiendo contra algo. Contra una traición“, ha contado.

–¿Personal?

–Algo personal que quería volcar en la escritura, sí.

Con los años, ese impulso se volvió una pieza fundadora en la literatura argentina.

¿De verdad la mejor?

Bueno, hay varias. A mí me gustan mucho las de La sierva, de Andrés Rivera. Al autor lo alegraba saber que resultaban excitantes.

La novela de Rivera arranca con un planteo que ya deja claro cómo serán las cosas: él es juez, ella es sirvienta. Ella tiene algo que ver con un asesinato; él está a cargo de la causa. Él le puede salvar la vida, la libertad. Pero no será gratis.

¿Por qué un hombre no va a ejercer su dominio sobre alguien que está más bajo que él?

¿Por qué un hombre no va a ejercer su dominio sobre alguien que está más bajo que él?

Andrés Rivera

Escritor

En una entrevista, en 2001, Rivera habló sin eufemismos de sexo y poder: “¿Alguien cree que la mujer goza de los mismos derechos que el hombre? La mujer es considerada inferior. Eso está arraigado en los cuerpos. ¿Por qué un hombre no va a ejercer su dominio sobre alguien que está más bajo que él?”

Él, que tiene el poder, le pide a ella que lo monte. Ella busca espuelas y una fusta. “Y lo monté. Me afirmé sobre su lomo, le clavé una mano en el pelo y le di con la fusta en grupa y lo taloneé”.

Letras eróticas

No es nuevo que la literatura se entrevere con el sexo. En la Argentina, el sexo como arma es parte de una novela fundadora: El matadero, donde un grupo de federales desnudan a un unitario para violarlo, como se cuenta acá. Brutalmente, por la misma época, en La refalosa, de Hilario Ascasubi.

Mucho más acá, una sutil forma de abuso infantil en Fuera de lugar, de Martín Kohan.

La lista sigue, en distintas épocas y lugares. Acá hay una guía.

PK

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