La noche en que Messi y la vieja guardia de la Selección dejaron de comer mierda

admin

09/09/2021

Tiempo. Paciencia. Dolor. Sangre, sudor y lágrimas, como decía el viejo Winston. Y que pasara agua bajo el puente. Mucha, tanta como la que cayó en los últimos días sobre el Monumental. Todo eso se necesitó para cerrar la grieta entre los hinchas y la Selección. Sobre todo con los que quedan de la vieja guardia. Por eso, por todo eso las lágrimas. De Messi. De Di María. De Otamendi. Y de los muchachos nuevos de la Scaloneta que todavía es menos de lo que el exitismo le adjudica pero que va a paso seguro, sin prisa ni pausa.

No era medida el rival. El triunfo estaba asegurado de antemano pero pasaron cosas: el triplete de Messi que lo hace más grande que Pelé. La gran actuación de Di María, el sentido de pertenencia evidente, la solidaridad cuando se va en auxilio del compañero y el compañero más que compañero es un hermano.

¿Por qué lloraba Messi? ¿Y Di María? ¿Y Otamendi? Vale recordar a Mascherano, reivindicado en ausencia, con su vieja frase: “Estoy cansado de comer mierda”. La dijo después de de alguna de las tantas derrotas de finales de aquel grupo, ahora en recambio generacional y rumbo a Qatar.

Messi y la Copa. (Marcelo Carroll)
Messi y la Copa. (Marcelo Carroll)

¿Por qué la gente se tiraba de cabeza a ovacionar a un equipo que había logrado una victoria obvia desde el minuto cero. Porque vio la entrega. Porque celebró, también, la obtención de la Copa América. Que fue en Brasil, se recuerda. Y en la final ante Brasil, se recuerda. Y porque Brasil viene de hacer una manganeta política administrativa en las Eliminatorias. Si la gente cerró su grieta con los jugadores, esos mismos hinchas cerraron la que existía en la tribuna entre aquellos del apoyo incondicional, los críticos moderados y los insoportables de siempre.

Sin embargo, desde partidos anteriores del equipo se veía venir que habría una reconciliación de la mayoría de los hinchas aunque la fábrica de panqueques ya había aumentado su producción durante la Copa América. Los que durante años sostuvieron que Messi era una especie de crack triste, incapaz de contagiar desde su talento y que encima no cantaba el himno, ahora le dieron el diploma de crack. Vaya a saber desde qué autoridad antes decían no y ahora dicen sí. Igual hay que tener cuidado, demasiado dulce de leche en el panqueque puede empalagar.

Ángel Di María. (Marcelo Carroll)
Ángel Di María. (Marcelo Carroll)

¿En cuántos idiomas se ha insultado a Di María? Sería bueno poder responder si Di María es mejor jugador porque hizo el gol de la final de la Copa América. Y la lista de “reconocidos” podría seguir con los que quedan y los que ya no están.

Se iba la noche. Fea. lluviosa. Fría. Lloraban esos jugadores. No el 3-0. No la posición cómoda en la tabla. No celebraban el juego. Y, tal vez (solo tal vez), tampoco la ovación de despedida sino que festejaban con lágrimas algo más profundo, íntimo, de puertas adentro. Sabían que había sido una noche diferente. La noche en la que una grieta se cerró, en la que la Selección dejó de comer mierda. Y la noche en la que el Rey lloró.

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