La pesca, un negocio millonario amenazado por los piratas del mar

admin

28/03/2021

Hace un siglo finalizó la construcción del puerto de Mar del Plata y en ese 1921 se instalaron colonias de pescadores italianos en la ciudad. La flota de pesqueros ascendía a 220 barcos a vela y a vapor. Y así arrancaba lo que es un negocio millonario que se puede quedar sin red en un mundo con mucho ruido y desde el Covid, con menor demanda.

Pero el país tiene una ventaja: sus productos son naturales y como dice la leyenda que acompaña a los pescados: provienen del mar argentino, salvaje y austral. Es un gran diferencial de calidad. Con empresas de todo tamaño y varias cámaras, la pesca es una actividad que lleva desde hace mucho tiempo un tono apagado. Aunque algunos empresarios decidieron lo que para ellos era sensato: unirse. Al menos se preparan para misiles.

En plena pandemia surgió la Asociación para el Desarrollo de la Pesca Argentina (ADPA). Fue por iniciativa de las principales empresas: Arbumasa, Argenova, Iberconsa, Moscuzza, Newsan, Pesquera San Isidro y Solimeno. Se trata de firmas de capitales argentinos, europeos y asiáticos que concentran una porción mayoritaria de las exportaciones pesqueras. Tienen presencia en casi todo el litoral marítimo: Mar del Plata, Puerto Deseado, Puerto Madryn, Rawson y Ushuaia. Por lo pronto se sentaron en el Consejo Agroindustrial que cobija a la cadena productora de alimentos. También lograron una mesa de trabajo individual dentro del Consejo de Promoción de Exportaciones de la Cancillería.

La soja del mar

Después de todo, el sector pesquero genera 23.000 puestos de trabajo con las remuneraciones más altas de la economía. Exportan el 90% y en 2020 alcanzaron US$ 1.730 millones, posicionando a la pesca como el octavo mayor complejo exportador argentino. El langostino es como la soja del mar al generar más del 50% de esos embarques y le siguen la merluza hubbsi y calamar. China se lleva el 20%, España 19%, EE.UU. 9%, Italia 7% y Japón 5%. Argentina cuenta con 140 plantas autorizadas a exportar a la Unión Europea, el mercado con los estándares más exigentes.

Buque pesquero de langostinos, en el sur Argentino.
Buque pesquero de langostinos, en el sur Argentino.

El consumo de pescado crece en el mundo desde 1960. Y Argentina cuenta desde el Delta del Paraná hasta la Bahía Lapataia, en Tierra del Fuego, con 4.725 kilómetros de costa marítima. En esa inmensa extensión sobresale una apabullante fauna marítima que forma parte del ADN del Atlántico Sur. Claro que desde hace décadas se concentran allí cientos de barcos de distintas nacionalidades en un área que va desde Bahía Blanca a Caleta Paula en Santa Cruz. A veces están en alta mar, por fuera de las 200 millas que conforman el mar territorial argentino. Y muchas veces violan esa disposición.

Siempre pescan a gran velocidad el calamar, la merluza, la merluza negra y el abadejo. Los peces migran de un lugar a otro y la frontera de las 200 millas suele ser traspasada por el calamar que se lo conoce como trans-zonal y es el objetivo de las flotas asiáticas. También de españoles y de portugueses. Son barcos modernos que operan con trasbordo en alta mar para abastecerse o en algún puerto de libre conveniencia, como Montevideo. Sus bodegas tienen unas 1.000 toneladas de capacidad. Y abundan entre febrero y mayo cuando hay pesca y procesan congelando entre 40 y 50 toneladas de calamar por día.

Los nuevos piratas

La pesca ilegal es un drama global que la FAO estimó en pérdidas económicas de US$ 23 mil millones por año. A eso se suma el daño no cuantificado a la biodiversidad. En cuanto a la Argentina se estima que se llevan US$ 2.000 millones anuales, casi el mismo volumen de divisas que se obtienen por la exportación. El atlántico sur occidental es la única área en aguas internacionales sin ninguna regulación, ni régimen de conservación. Este es uno de los misiles que hiere la actividad.

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