La política trash y el lenguaje de la impotencia

admin

06/09/2021

La campaña que termina en unas horas (al menos para las PASO) deja una certeza: la mayoría de los candidatos no construyó un discurso que despertara expectativas. En esa impotencia compartida desbarrancaron en insultos y en un intento de humor más patético que efectivo.

Las razones son varias pero hay una primordial: las dos fuerzas principales han mostrado su ineficacia para resolver los problemas del ciudadano de a pie, con la inflación al tope de esa tabla. La elección entonces será por la negativa; más por la bronca contra el adversario que por el entusiasmo por el propio. El crecimiento del ausentismo y el voto en blanco verificado en las provincias (Jujuy, Salta y Corrientes) y que se anticipa para el domingo es otro síntoma de la misma desconfianza.

En ese escenario primero fue Florencio Randazzo quien presentó un corto con un supuesto diálogo telefónico en el que Cristina lo llenaba de insultos. Debió aclarar que era una broma y el spot salió rápido de escena. Más tarde se sumó Victoria Tolosa Paz y su “en el peronismo siempre se garchó”. Estrategia para ganar en conocimiento, al mismo tiempo que expandió su popularidad confirmó la imposibilidad de hacerlo con armas más nobles.

Al estilo trash se sumó Javier Milei, sin un atisbo de ingenio o ironía: “Larreta sos un gusano asqueroso arrastrado, capaz de hacer cualquier cosa con tal de ganar una elección. ¿Sabés qué, Larreta? Como el zurdo de mierda que sos, a un liberal no le podés ni lustrar los zapatos, sorete. Te puedo aplastar aún en silla de ruedas, a ver si lo entendés”, vociferó. Ni las mejores credenciales como economista alcanzan para perdonar semejante abuso del agravio y falta de sutilezas. Podrá impresionar a algunos jóvenes (el domingo habrá que ver a cuántos) pero más que eso seguramente avergüenza a la mayoría. A la explosión de vulgaridades de Milei le siguieron las sucesivas propagandas de Randazzo y Berni intercambiando pelotudos mal disimulados por “pips” televisivos.

A otros candidatos apenas se los escuchó. El ex ministro de Salud Daniel Gollán mostró mayor elocuencia en su gestión en el gobierno que en su recorrido como candidato: bastó que lo designaran en la lista bonaerense para que su voz casi que se silenciara, en una curiosa estrategia opuesta a la de Tolosa Paz. Si lo de ella fue crecer a cualquier precio en conocimiento del votante, lo de Gollán parece haber sido decrecer en la misma categoría. Cuanto menos conocido, mejor. Ambos consolidaron en la campaña la idea de que el sello (Frente de Todos) es más importante que los candidatos. Y que quienes voten lo harán más por Cristina Kirchner que por ellos. La hipótesis puede ser correcta, pero podrían haber ayudado un poco más.

Rehenes de sus límites, lo que la pobreza de lenguaje desnuda es la imposibilidad para comunicar con mejores armas. La dificultad para despertar emociones. Otros tiempos y otras estaturas, nadie lo duda, pero Raúl Alfonsín conmovía a multitudes recitando el preámbulo de la Constitución Nacional. La distancia entre aquel orador y los actuales es similar a la pendiente que la confianza en la política ha recorrido desde entonces.

Intangible de delicada fragilidad, esa confianza es imprescindible para la fortaleza del sistema. Ahora que con insultos y humor bizarro ya ganaron fama, a los candidatos les queda la tarea de regenerar ese activo vital. Entender que no es lo mismo hacer reír que dar risa.

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