La protesta del campo y la “economía popular exportadora”: la moneda está en el aire

admin

09/07/2021

El jueves a la noche, el reconocido economista Pablo Gerchunoff plantó una idea-fuerza novedosa: la “economía popular exportadora”. En un memorable diálogo con Ricardo Kirschbaum, la propuso como una alternativa para salir de la larga secuencia de planes (que nunca duraron) que jalonaron tantas décadas de frustraciones.

Gerchunoff no fue muy explícito, sólo dijo que el modelo políticamente correcto de la sustitución de importaciones ya estaba agotado. Me atrevo entonces a una bravata, una interpretación libre del concepto “economía popular exportadora”: ayer, en San Nicolás, se expresó con mucha fuerza la existencia de algo que ya es mucho más que un embrión. Los que se reunieron en la ruta 9, más los que salieron a las plazas de decenas de ciudades en el interior, son los actores de una nueva estructura productiva y de un nuevo entramado social.

Señores, atrás de la imagen de unos cuantos gauchos bien montados, hay un país que genera cada día más riqueza exportable. En los últimos treinta años, la producción agrícola se multiplicó por cuatro en volumen. Pasamos de 35 a 130 millones de toneladas. Han surgido parques industriales poderosos en decenas de ciudades del interior, como Las Parejas, Armstrong, Venado Tuerto o Rafaela en Santa Fe, Jesus María, Marcos Juárez, Villa María o Rio Cuarto en Córdoba, Tandil y Nueve de Julio en la provincia de Buenos Aires, General Pico en La Pampa, Nogoyá, Crespo, y varias más en Entre Rios. Basta mirar con el Google Earth lo que hay hoy y lo que se veía desde el espacio tres décadas atrás.

La soja es la gran protagonista. Y la mayor parte de la soja sale procesada, en un complejo agroindustrial que se levantó en los últimos veinticinco años, a la vera del Paraná. Pero además, el año pasado se sumaron dos grandes puertos cerealeros, por donde se embarcan en particular maíz y trigo. Cada tonelada de maíz que se exporta, se lleva un poco de sembradora, otro poco de cosechadora, otro poco de camión y trozos de neumáticos, combustibles, fertilizantes y todo lo que se fabrica para que se pueda producir ese grano. Lo mismo con el sorgo, el algodón, el maní, el arroz, las proteínas animales, y la enorme paleta de “frutos del país” que sabemos producir y el mundo demanda con ritmo creciente.

Millones de puestos de trabajo dependen de esta “economía popular exportadora”. Está mal hablar de que ella “derrama” sobre otras actividades. Lo correcto es hablar de “efecto difusión”: el efecto es anterior al derrame. Es un ciclo continuo inserto en el nuevo paradigma de la bioeconomía, donde hemos desarrollado ventajas competitivas que, precisamente, son las que nos permiten exportar. Y hay una enorme capacidad ociosa que espera que hagamos más de lo mismo, ordenando el territorio con profesionalismo y modernidad.

En su diálogo con Kirschbaum, Gerchunoff mostró su nuevo libro, titulado “La moneda está en el aire”. A la pregunta sobre de qué lado caería la moneda, respondió con el chiste que le hizo una amiga: “de canto”.

Viendo la expresión de esta Argentina nueva, quizá podamos apostar a algo diferente mientras la moneda está en el aire.

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