La Revuelta de Haymarket: la historia sangrienta detrás del Día del Trabajador

admin

01/05/2021

Gran parte del mundo celebra este sábado, 1° de mayo, el Día del Trabajador. Para muchos, es apenas un día descanso. Pero esta fecha recuerda una protesta teñida de sangre y enfrentamientos, que marcó un hito en la historia y se conmemora desde hace 135 años.

Lo que se recuerda cada 1° de mayo es la llamada “revuelta de Haymarket”. Así se llamaba la plaza, en Chicago, Estados Unidos, donde se inició el movimiento.El 4 de mayo de 1886 fue el punto más álgido de una serie de protestas que se sucedían desde el primer día de ese mes. 

Las marchas se dieron en respaldo de la huelga de obreros que luchaban por reivindicar la jornada laboral de ocho horas.

Pero durante una de las manifestaciones, una persona que no pudo ser identificada y pasó a la historia en el completo anonimato, lanzó una bomba a la policía que intentaba dispersar a los obreros.

Protestas en Chicago, en mayo de 1886.
Protestas en Chicago, en mayo de 1886.

Un juicio histórico

Esta acción derivó en un juicio a ocho trabajadores que fueron apresados. Cinco de estos obreros anarquistas y comunistas fueron condenados a muerte, aunque uno de ellos se suicidó. Los otros tres fueron recluidos.

A estos ocho hombres se los conoció como “Los Mártires de Chicago”.

Con los años, este hecho dio lugar a la conmemoración del Día Internacional de los Trabajadores, originalmente establecido por el movimiento obrero, pero rápidamente adoptado por toda la sociedad en decenas de países.

Aunque hay dos importantes excepciones: Estados Unidos y Canadá no celebran este día. En cambio, fijaron lo que ellos conocen como el “Labour Day” para el primer lunes de septiembre de cada año.

Los Mártires de Chicago
Los Mártires de Chicago

El trasfondo de la Revolución Industrial

Nos situamos en una época teñida por la revolución industrial y por supuesto, Estados Unidos estaba a la cabeza en ese proceso. A fines del siglo XIX, Chicago era la segunda ciudad en importancia en ese país.

La inmigración en busca de trabajo llegaba de todos los puntos de Estados Unidos a esta ciudad, además de extranjeros que fueron formando las primeras villas humildes de trabajadores en los suburbios de Chicago.

El lema que dio pie a la protesta fue el de hacer prevalecer la máxima de “ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa”.

Y comenzaron a emerger varios movimientos obreros que buscaban hacer respetar sus pedidos reclamos.

Antes de esto, las jornadas laborales podían llegar a durar hasta 18 horas. Y si algún patrón obligaba a sus obreros a trabajar más de ese tiempo, solo era multado con 25 dólares por las autoridades.

El juicio a los trabajdores de Chicago, en una ilustración de la época.
El juicio a los trabajdores de Chicago, en una ilustración de la época.

Para mediados de la década de 1880, la mayoría de los obreros en Estados Unidos estaban afiliados a la Orden de los Caballeros del Trabajo, con una importante influencia anarquista y también a la Federación Americana de Trabajo (AFL por sus siglas en inglés).

Fue durante su cuarto congreso, realizado en octubre de 1884, que se resolvió que a partir del 1° de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debía ser de ocho horas y en caso de no hacerse respetar este reclamo, los obreros tendrían derecho a ir a huelga.

Esto incluso fomentaba más la posibilidad de trabajo para aquellos que estaban desempleados, cubriendo los turnos de los obreros que antes ocupaban toda la jornada laboral.

La ley y las trampas

Los postulados de la nueva ley parecían ser prometedores para la clase obrera. Pero en 1886 el presidente estadounidense Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll, que establecía las ocho horas diarias, pero también con jornadas máximas que podían llegar a las 10 horas y con cláusulas que permitían hacer trabajar a las personas entre 14 y 18 horas si la labor lo ameritaba.

En definitiva, las condiciones de trabajo no habían cambiado demasiado y la situación se tornaba ya insoportable.

Las protestas en Haymarket Square en mayo de 1886, en reclamo de la jornada laboral de 8 horas, terminaron de forma sangrienta.
Las protestas en Haymarket Square en mayo de 1886, en reclamo de la jornada laboral de 8 horas, terminaron de forma sangrienta.

Al poco tiempo las organizaciones laborales comenzaron a manifestarse, a pesar de una marcada crítica por parte de la prensa que calificaba al movimiento como “indignante e irrespetuoso”, “delirio de lunáticos poco patriotas” y que “era lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo”. Las cartas estaban echadas.

El inicio de la huelga

Ante la creciente tensión que ya se percibía en el ambiente, The New York Times escribió: “Las huelgas para obligar al cumplimiento de las ocho horas pueden hacer mucho para paralizar nuestra industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad de nuestra nación, pero no lograrán su objetivo”.

La prensa en general llegó a expresarse diciendo que además de las ocho horas, los trabajadores empezarían a exigir todo lo que podían sugerir “los más locos anarquistas”.

El 1° de mayo de 1886, entonces, cerca de 200 mil trabajadores se declararon en huelga para hacer respetar sus derechos. La ciudad de Chicago fue el epicentro de la batalla, por ser uno de los peores lugares de Estados Unidos en cuanto a condiciones laborales.

La violencia se apoderó de las calles.  Las movilizaciones obreras continuaron día tras día, a pesar de que el 2 de mayo la policía había dispersado a la multitud de más de 50 mil personas con gran brutalidad.

Durante la jornada del 3 de mayo, y ante la insistencia de los obreros, la policía comenzó a reprimir más violentamente y un grupo de agentes, sin aviso alguno, disparó contra la multitud. Mataron a seis personas y dejaron decenas de heridos como saldo.

El 4 de mayo la situación ya era incontenible. Para ese día estaba previsto un acto de protesta a las 19.30.

Fuera de control

El acto realizó, pero llegadas las 21.30, la multitud (unas 20 mil personas) seguía reunida en Haymarket Square.

El inspector de la policía entonces decidió arremeter contra ellos porque consideraba que el acto ya debía darse por terminado y la zona debía estar despejada. Así avanzó junto a 180 policías uniformados y comenzó la represión.

En ese instante estalló un artefacto explosivo que mató a un oficial (algunas crónicas hablan de seis policías muertos) y dejó a varios más heridos. El descontrol ganó las calles y la policía abrió fuego contra los obreros. El número de muertos se desconoce hasta hoy.

Se declaró el estado de sitio y el toque de queda y en los días siguientes se buscó y detuvo a centenares de obreros, con torturas de por medio, acusándolos del asesinato del policía (o de los policías).

La Corte Suprema pronto inició un juicio a ocho obreros anarquistas, y a cinco de ellos los condenó a muerte.

Así pasaron a conocerse estos condenados como “los ocho de Chicago”.

Años más tarde, para 1893, el gobernador de Illinois indultó a tres de los obreros que ya habían sido ejecutados, haciendo notar que nunca se pudo probar quién tiró la bomba y menos aún la conexión con los tres condenados.

Pero ya era tarde. Muy tarde. Los tres obreros que fueron indultados no pudieron jamás enterarse de que su pena había sido revocada.

Días más tarde, finalmente, varios sectores de la patronal accedieron a reconocer esa jornada laboral de ocho horas.

Así, en 1889, el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional celebrado en París estableció el 1° de mayo como el “Día Internacional de los Trabajadores” para rendir homenaje a “los mártires de Haymarket”.

CB

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