Las aventuras del pequeño Luis Miguel en Argentina: Feliz Domingo, Pumper Nic y patotas

admin

12/04/2021

Un colectivo Mercedes Benz 608 verde traquetea sobre el asfalto. La máquina regresa a la capital porteña desde el partido bonaerense de Necochea, con Luis Miguel niño a bordo. El amigo mendocino Ángel Leopoldo Martínez, para todos “Polo”, escolta con su Falcon y de pronto ve a “esa cafetera” estacionada al borde de la ruta provincial 88. Los músicos hacen señas de auxilio. Polo abre la puerta de su auto y más de media docena de personas sube apretujada para seguir camino cual contorsionistas. Es 1982, argentinidad al palo, el colectivo se quedó sin gasoil.

Pergamino (220 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires), semanas después. Luismi tiene fiebre, se acurruca en el colectivo, pero Luis Rey, su papá, le advierte que para un artista no existe la palabra malestar. El chico de los dientes separados parece tambalearse, avisa que tiene nauseas, pero llega y sube al escenario. Polo, compañero de gira, mira y no puede creer el arte del gurrumín rubio para disimular la indisposición. “Un show bestial” que deja contento al tirano padre.

Hubo un tiempo en que el diminuto Luis Miguel Gallego Basteri comía en Fechoría, recibía consejos de pasillo del escribano Prato Murphy, arengaba a los estudiantes que intentaban abrir el cofre de la felicidad y hacía duetos de TV con Diana María. Tiempos en que recibía aluvión de invitaciones al ItalPark y le decía “no” a la “locura” que le proponía Alejandro Romay desde el canal de palomita: una serie sobre su vida.

Luis Miguen enl Necochea junto a una pequeña fan argentina.
Luis Miguen enl Necochea junto a una pequeña fan argentina.

El Micky más puro nos devuelve una foto de la Argentina: shows en la terraza de ATC con la recién parida democracia alfonsinista, paseos por Tucumán a bordo de un Fiat 600, escapadas camufladas a Pumper Nic. Mientras, su padre parecía empujarlo al despertar sexual acercándole las revistas del momento, con Adriana Brodsky y Noemí Alan como las diosas del destape argentino.

Las fans le regalaban Tubby 3 y Tubby 4. Los vestuaristas lo obligaban a las hombreras. Los productores de Sábados de la bondad le aconsejaban repetir que buscaba “novia argentina”. La construcción del imperio tuvo también su pata nacional, con los productores Marcelo Serantoni y Roberto Fontana a la cabeza.

“Todo empezó en 1982, cuando mi papá conoce y termina haciéndose amigo de Luis Rey. Mi padre producía en ese momento Sábado de todos, por Canal 7, con conducción de Leonardo Simons. Era socio de Roberto Fontana, y Luis Rey le lleva a mi padre un casete para que lo escuche. El casete habrá estado unos meses en un cajón en mi casa de Villa Urquiza, a mi viejo le llovía material de cantantes”, cuenta Pablo Serantoni, hijo del fallecido Marcelo Serantoni.

Luis Miguel junto al productor argentino Marcelo Serantoni (en el medio) y a Luis Rey. (Foto: Gentiliza familia Serantoni)
Luis Miguel junto al productor argentino Marcelo Serantoni (en el medio) y a Luis Rey. (Foto: Gentiliza familia Serantoni)

“Un día lo llevan a un ensayo para conocerlo, y lo hacen debutar en el programa. Su primera presentación. De ahí después sigue a Sábados de la bondad y más adelante a Finalísima. En simultáneo, le organizan giras por clubes de Villa Gesell, San Bernardo y Mardel. Yo era chico y recuerdo esa gira, él en colectivo y nosotros detrás, en un Taunus Ghia dorado”, sigue Serantoni, actual productor del ciclo Pasión de sábado. “La banda, tres o cuatro músicos locales, bajaba, pero él se quedaba en el micro comiendo solito, era solitario y hermético como hoy. Imposible no ver que iba a ser lo que es: tenía voz, carisma, magia, pinta”.

Cien personas en la localidad balnearia de Mar Chiquita, unas cuantas más cerca de ese radio de acción. La prehistoria del éxito fue un trabajo artesanal. Cobraba en pesos. Vacas flacas, aspiraciones gordas. Cada kilómetro era su fondo de inversión hacia la cima. Como una alcancía de fama a futuro, ninguna ciudad se desechaba. 

Protegiendo a Luis Miguel

“Yo salvé a Luis Miguel de las patotas en Mar del Plata a principios de los ochenta. Así nació nuestra amistad”, cuenta Polo, el amigo argentino de El Sol de México. El mismo que luego lo auxiliaría cuando el colectivo quedó varado, manejaba el hotel Riviera de La Feliz cuando Luismi se hospedó por primera vez en esa ciudad, en el Provincial. 

“Por esa época eran famosas las patotas que atacaban a los galancitos. Chicos violentos que por deporte salían a golpear. Lo vi salir del hotel, tan chiquito, y le pregunto al grupo que lo acompañaba a dónde iban: ‘Lo llevamos a la plaza a hacer una nota’. Yo les advertí que no lo hicieran, caminaron unos metros y pasó lo que yo decía. Lo trajeron corriendo, alcancé a cubrirlo, me golpearon un poco y lo metí protegido al Provincial. Así iniciamos un vínculo”.

Las fotos de Polo certifican las distintas etapas de esa amistad. Radiolandia 2000, TV Guía, Semanario, son algunas de las publicaciones que los tienen juntos en aviones, en aterrizajes, en fiestas. Polo recuerda las estrategias promocionales de los comienzos: hacían subir a Luis Miguel a un camión de bomberos para entrar a algunas ciudades y llamar la atención de los vecinos.

En el restaurante Fechoría: el representante Ricardo Berbari, Luis Miguel y Polo Martínez.
En el restaurante Fechoría: el representante Ricardo Berbari, Luis Miguel y Polo Martínez.

Nacido el 23 de febrero de 1948, hoy Secretario de Prensa de Empleados de Comercio, Polo llevaba al Luismi en formación a ver Les Luthiers al Coliseo. O lo acompañaba en presentaciones mínimas como en la plaza de Cosquín, Córdoba. También se los ve en fotos en Fechoría brindando junto al primer manager, Ricardo Berbari. “Su padre tenía un profundo miedo del cambio de voz cuando creciera. Se llevaban mal, tenía celos de mí y de otros. Hasta que una vez Luis se hartó y me dijo: ‘Cuando tenga 16 me voy a separar de mi papá y te voy a venir a buscar para que me ayudes‘”.

¿Qué lugar ocupaba su madre para entonces (desapareció luego, en 1986)? “No intervenía en la vida artística, viajaba poco, se quedaba en México cuidando a los otros hijos. Luis Miguel la extrañaba horrores. Tuve poco trato con ella, le mandé un ramo de flores al Luna Park en ese famoso show en que su hijo le canta. Me agradeció y hablamos poco en la previa. Después, cuando Luismi se refería a su madre repetía ‘que Dios la tenga en la gloria’. Decía que su padre se había llevado el secreto a la tumba”.

Canjes y aventuras

​”Yo le manejaba la promoción a los Parchís en la Argentina cuando viene el director de Emi Odeón y me dice: ‘Hay que darle manija a un mexicanito que cantó en el casamiento de la hija del Presidente de México, José López-Portillo’. Me negué, pero la historia terminó como nadie imaginaba”, se jacta el periodista Cacho Rubio, testigo de esos primeros años de inocencia.

“Yo estaba bien con Parchís, ganaba más de lo que gastaba, y el ejecutivo me dice: ‘Vamos a almorzar a la Costanera, comunicáselo vos al padre’. Ahí conozco a Luisito Rey y me pregunta. ‘¿No te gusta la plata?’. Le contesté que sí, pero que yo no era un supermercado que vendía de todo. Hasta que él me convenció: ‘Te voy a pagar el doble'”.

Luis MIguel en "Sábado de todos".
Luis MIguel en “Sábado de todos”.

Cacho -“ahijado” de Pepe Parada y Gerardo Sofovich-, personaje icónico con más de medio siglo ligado a la farándula, terminó pegado a “los Luises” y al tío Mario (hermano de Luis Rey) intentando instalar a la promesa en la cabeza de los argentinos. “Yo armé el programa de radio El club de Micky, por Splendid. Duró dos meses aproximadamente. Vivíamos en el Bauen, en el Elevage. Y lo vestí de cuero, logré un canje con una tienda que ya no existe, llamada Mimo. Porque él me había dicho que le gustaba Sandro”.

El pequeño Luismi amaba los atardeceres en el puerto de Olivos. Cacho cuenta que lo llevaba a despejarse en su Peugeot 405. También dice haber seguido luego al clan por Brasil y Ecuador y haberse instalado un tiempo en México, como habitué de la casa de Las Lomas de Chapultepec. El peregrinaje argento inicial incluía cenas con la farándula a pleno, comidas también en Los años locos y Edelweiss, y hasta salidas a boliches con Luis Rey. “A Micky lo dejábamos jugando al pool porque era menor”, advierte el integrante de Aptra.

Luis Miguel y a su lado el periodista Cacho Rubio.
Luis Miguel y a su lado el periodista Cacho Rubio.

“En confianza, una vez Luis Rey me contó que a su hijo lo habían engendrado en Mar del Plata y había nacido en Puerto Rico, en ese entonces nadie sabía que era puertorriqueño. Y Marcela me pidió por favor que no difundiera la información que me había dado el marido, porque era una bomba atómica. Me callé y años después explotó el tema, los mexicanos se sintieron defraudados, pero yo nunca rompí el pacto”.

¿Qué hacían Basteri y Rey en Mar del Plata en 1970? La conexión de la pareja con la Argentina era permanente. El italiano Sergio Basteri, el abuelo de Luis Miguel, había llegado a Buenos Aires en 1947. A su hija Marcela y a su esposa Vanda las había dejado en Italia.

Vanda se cansó de esperarlo y entabló vínculo con otro hombre, la pequeña Marcela terminó viviendo en un hogar de niños, pero años después su padre la trajo a Buenos Aires. Las playas marplatenses eran el paraíso habitual para ella.

Diana María, nexo entre padre e hijo

La cantante y compositora argentina Diana María guarda como un tesoro el video en el que hace un dúo con ese chiquito de poco más de un metro y medio de altura y botas blancas. Cantaba en Sábado de todos, presentada por Simons, cuando una tarde se le unió Luismi, para entonar Feelings.

Como maestra de canto, quedó perpleja: “Era un artista impresionante con 13 años, No podía creer que él tuviera a edad edad ese dominio del cuerpo, esa voz, esa afinación, esa seguridad. Y que en lo que se llama ‘intervalos descendentes’ tuviera una precisión extraordinaria”.

Diana había conocido a Luis Rey a fines de los ’60, en Canal 9, en un programa musical que producía el hijo del poeta Homero Manzi, Acho Manzi. Parte ambos del elenco estable, se convirtieron en grandes compañeros mientras él intentaba abrirse camino artístico en la pantalla argentina. “Tenía condiciones, era seductor, tenía una gran figura y tal vez más tarde proyectó, quiso cristalizar en su hijo su sueño de éxito”, deduce Diana.

Luis Miguel presentado por Leonado Simons.
Luis Miguel presentado por Leonado Simons.

Para 1986, Diana volvió a cruzarse con “Micky”, en Viña del Mar. Jurado del certamen, ella vio el crecimiento vertiginoso del artista, que en esa ocasión ya no estaba supervisado por su padre. Para 1991, hubo tercer cruce. Fue en Finalísima, otra vez en canal 9. Luis Miguel escondía por entonces un dolor (la búsqueda de su madre). “Él me despertaba esa sensación de querer ser su madre, de protegerlo. A la distancia, pienso que era muy pequeñito para ser tan deslumbrante”.

Primeras veces y censura

Cuando el niño nacido en Puerto Rico pero promocionado como mexicano (el gran secreto que terminó revelándose años más tarde) probó suerte en el país, todavía no había regresado la democracia. Acababa de grabar 1+1= 2 enamorados. Ese fue el álbum debut de estudio, que había sido lanzado por EMI Music en enero de 1982.

Dos años después de ese trabajo bonaerense de hormiga (y tras el lanzamiento infalible de Directo al corazón), a Luismi le tocó el turno del Luna Park, y luego del Ópera. El show del sábado 16 de marzo de 1985 en el templo del box significó la última vez que a su madre se la vio en público. El video, repetido hasta el hartazgo en Latinoamérica, lo muestra invitándola a subir al escenario para el homenaje. Con una voz ya casi de adulto, le canta el tema Marcela. La atención de los medios argentinos por entonces estaba toda en otro asunto: el Presidente Raúl Alfonsín se reunía en Washington con Ronald Reagan.

Cacho Rubio, el periodista que negoció con el padre de Luis Miguel, Luis Rey, para promocionarlo en la Argentina.
Cacho Rubio, el periodista que negoció con el padre de Luis Miguel, Luis Rey, para promocionarlo en la Argentina.

Otra perla de videoteca argentina es el video que muestra a Silvio Soldán pidiendo a una secretaria de Feliz Domingo que le cante a “Micky” el tema Decídete. La adolescente intenta afinar, pero le avergüenza lo que le piden entonar: el tema había sido censurado en algunos rincones de México por sexualizar a menores. En otros países se cambió la letra original, que referencia a un primer encuentro sexual.

Nos quedamos solos/ Todos se marcharon/ Y en mi cuarto había apenas luz en un rincón/ Te quité el vestido/ Te besé en la boca/ Pero no quisiste/ Darme todo una vez más. Decídete, yo sé bien que es la primera vez/Para mí también es nuevo y quiero que sea contigo. Luis tenía apenas 13 años cuando popularizó esa canción. Algunos padres llamaban a las radios para pedir suprimir “la indecencia” de esas cortinas.

Luis Miguel junto a Silvio Soldán en "Feliz Domingo"
Luis Miguel junto a Silvio Soldán en “Feliz Domingo”

¿Cuándo estudiaba ese muchachito que bajaba de los aviones para subir a los micros y bajaba de los escenarios para seguir subiendo a aviones? “No había maestra a la vista en la Argentina”, admite Rubio. Luis Miguel ya había abandonado la escuela para tener un profesor particular. Primero un tal Tomás (más tarde reemplazado por la profesora Lourdes Servín). Los libros no estaban pensados como “primera necesidad” en ese esquema caótico que era su vida infanto/juvenil. 

Para 1985, cuando logra su primer Grammy y comparte gala con Michael Jackson, la relación con la Argentina ya era fluida. Canal 9 era como su casa. Horas después de ese evento, Romay lo entrevista para Nuevediario. “Bienvenido Luisito Miguel. Te siento como un hijo“, se escucha en esa cinta perdida en YouTube.

"Luismi" llegando a la Argentina en 1983.
“Luismi” llegando a la Argentina en 1983.

Los noventa tuvieron un tinte menos romántico, lejos de las carrocerías conurbanas, de la modestia, de las comunicaciones problemáticas de Entel. Luismi ya se manejaba con avión privado, disfrutaba del caviar con champagne, de cenas de lujo en Puerto Madero con Zulemita Menem, de partidos de tenis con Gabriela Sabatini. Las multitudes empezaban a ser sus enemigas.

Cuenta Polo Martínez que una expedición de LM por la Bombonera lo dejó “temblando”: Lo llevaron camuflado a un partido, pero a él no le gustaba el fútbol y yo no lo quise acompañar porque soy de River. No podía creer tanto griterío y salió medio asustado”.

“Yo le preparaba 40 kilos de carne y se los subía al avión para que tuviera carne argentina, que le gustaba tanto. Tuvimos una época muy unidos, me presentó a Mariah Carey en Aspen, después la paseó por Quilmes cuando hizo un show en 1999. Llegué a comprar el Evatest para Aracely Arámbula. Convivimos en su vieja casa de Acapulco”. ¿Por qué se corta de manera tajante un vínculo tan estrecho? “Apadriné luego a Alejandro Sanz, a quien él me pidió muy generoso que ayudara. Quizá se puso celoso”.

Para Polo, vecino de Saavedra, no todo fue diversión. La relación lo salpicó de trances amargos. “Llegaron a creer el mito de que su madre estaba escondida en mi casa. Hace unos años le sacaban fotos al frente, a la empleada, y tuve que hacer la denuncia policial. Resultó que era un medio extranjero que creía que Basteri estaba oculta en mi domicilio”, agrega el hombre que extraña a ese rubiecito de las fotos que sonríe sin complejos en Necochea, horas antes de que su colectivo se quede sin gasoil.

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