“Los coartadores del supremo valor de la libertad de prensa”

admin

26/11/2021


Casi todos los días hay políticos que atacan a la prensa acusándola con el dudoso adjetivo de “hegemónica”, y piden con mayor o menor disimulo restricciones a su derecho constitucional de informar. ¿Pero qué significa “hegemónica” para ellos? Ser la prensa mas leída o escuchada. O ser la única a la que recurre la gente. ¿Por qué es la más popular?. Simplemente, porque la gente le cree. ¿Y por qué la gente sigue más a esa prensa que a los políticos? Porque la gente no le cree a los políticos.

Luego se deduce de ese apostrofado contra la prensa más popular, un reconocimiento y autoincriminación de que la gente no les cree a los denunciantes. Podríamos suponer que Pampita es una mujer hegemónica porque todos los hombres la desean. ¿Cuál sería la solución? Limitar la exposición de Pampita. Que no se exhiba, que no se la muestre, que no se la fotografíe.

Jugar a que pierda el otro en lugar de tratar de ganar uno. Es tal la efusividad con que se ataca a la prensa, que es imposible no escuchar el grito: “La gente no me cree”. O mejor (peor) dicho, “no soy confiable”. Es tanto el énfasis de estos actores que hasta se escucha cierto orgullo por no poder ser el referente que la gente necesita. Y digamos que el principal objetivo de un político es ser creíble, ser escuchado, ser seguido.

Se dice que “los medios le llenan la cabeza”. Realmente piensan conquistar apoyos tratando a los votantes poco menos que como pusilánimes, débiles o influenciables. Digamos que tratan al público como “pollerudo” usando un agravio lunfardo corriente. De acatar sin más las ideas de otros. ¿Hay alguna persona dispuesta a aceptar la acusación de que le “lavan la cabeza”?

Las palabras ajenas no son las que condenan a estos coartadores del supremo valor de la libertad de prensa. Son sus propias palabras que demuestran su incapacidad de convencer a la gente y el menosprecio que sienten por la autonomía de pensamiento de los ciudadanos.

Oscar Samoilovich / osamoilo@yahoo.com

De Alberto Fernández y el país del “Dios nos ayude”

Pasaron los días pre electorales y pasaron las votaciones, todos ya conocemos el resultado, pero el oficialismo lo niega. Nos dimos cuenta quién manda, quién puso a dedo los candidatos de ellos, cosa que el mismo Presidente resaltó al pedir internas.

Sabemos quién decidió una de las cuarentenas más largas del mundo, quién decidió no tener un plan económico, quién nos trajo estos dos años de improvisación, nos cansamos que pongan gente que por sólo el hecho de militar cortar rutas, tomar colegios, toman tierras, las ponen en cargos públicos donde al no tener formación toman decisiones que perjudican al pueblo, el mismo pueblo que sufrió sus cortes, tomas y demás, ahora los perjudica la falta de formación de ellos.

En definitiva, es el país improvisado que nos gobierna y nos está llevando a una crisis más importante. Ahora al Presidente le soltaron la mano y lo dejan librado a su suerte, esperando el choque fatal que nos dejará peor y que obviamente culpara a él por tal desenlace anunciando que ella misma leyó en las votaciones y que se baja del tren sabiendo que vamos a chocar. ¿Qué futuro nos espera en estos dos años que nos quedan con un Presidente que busca a los duros de la década ganada y que va a intentar manejar sin frenos, sin air bag y casi sin volante?

Dios nos ayude, como dijeron ellos mismos.

Diego E. Cordón / Imagenvisualdesign@gmail.com

El Gobierno “hace equilibrio sobre el FMI”

A pesar del largo tiempo transcurrido desde que asumió el mando, el Gobierno continúa sin suscribir un entendimiento con el FMI. Dos corrientes pugnan por imponerse. En una actúan los racionales, conscientes de que sin concordancia el país quedaría económicamente aislado. En el sector rival, sobresalen quienes minimizan el perjuicio de una eventual ruptura con la mencionada entidad. El Estado es autosuficiente -aseguran- y, como tantos países lo demuestran, es falsa la obligatoriedad de acercar posiciones.

El Presidente hace equilibrio ante posturas irreconciliables. Apela a eufemismos y contrasentidos. Se muestra partidario de armonizar, pero sin que ello implique un agudo padecimiento social. En definitiva, punto muerto para una unanimidad lejos de vislumbrarse. En las máximas esferas del poder, connotados representantes adscriben al proyecto de dinamitar puentes y “vivir con lo nuestro”, frase tristemente célebre y arraigada.

¿Seremos víctimas de trasnochados revolucionarios o transitaremos la senda del mesurado equilibrio?

Alejandro De Muro / demuroalejandro4@gmail.com

Más impuestos “con fines recaudatorios”

El gobierno, en su afán recaudatorio para sostener los planes sociales, ha inventado nuevos impuesto regresivos y leoninos, esto es peor que pagar las “Gabelas Reales a los reyes”. Retenciones punitivas, impuesto a los envases para repartir la “caja” entre tipos que nadie eligió para sus bolsillos, el aumento de tasas por caso el de los automóviles en 60%, son los principales generadores de inflación, ya que la misma interanual es menor.

Pagamos dos veces por el capital que supimos conseguir trabajando y ellos malversando.

Roberto R. Sánchez / sanchezroberto03@yahoo.com.ar

La polémica por la vieja ley alquileres

La última ley de alquileres ha quedado obsoleta a los dos años de promulgada. No fue pensada correctamente e incumple todos los propósitos de la misma, tanto para propietarios como inquilinos. El tema es la impredictibilidad de la inflación.

Ésta surge al no utilizarse una moneda única y ontológicamente estable. La moneda UVA, que fue creada por el INDEC en marzo del 2016, podría ser la que rija para todas las transacciones en el país, como lo hizo Chile hace 54 años con su UF y continua efectiva. El valor de la UVA se corrige diariamente por el IPC. Los efectos de la inflación se emparejarían y todas las transacciones de la economía se harían con esta moneda, sólo utilizando la equivalencia a pesos.

Así, las divergencias por salarios, precios y, también contratos de alquileres, desaparecerían. Usando una misma moneda es como hablar todos el mismo idioma.

Ricardo Olaviaga / rolaviaga157@gmail.com

El crucero corsario de la fragata La Argentina

El 24 de noviembre de 1818, Hipólito Bouchard, marino francés que navegaba al mando de La Argentina, con patente de corso otorgada por el Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, tomaría el Presidio de San Carlos de Monterrey, capital por aquel entonces de la provincia de Alta California (territorio estadounidense desde 1848), que formaba parte del Imperio español. Durante seis días, la insignia azul y blanca creada por Belgrano flamearía en el lugar.

Con justa razón, Bouchard se había convertido en el terror de los españoles, cuyos barcos y comercio habían sido atacados en Filipinas. Luego de Monterrey, el derrotero corsario continuaría por las costas de California, México y América Central. Lugares como Santa Bárbara, San Juan de Capistrano, San Blas, Acapulco, Acajutla (en la costa salvadoreña) y El Realejo (Nicaragua), serían testigos de la bravura y audacia de este corsario. Su paso por Centroamérica serviría de inspiración a las futuras banderas nacionales que adoptarían los países de la región. El circunstancial destino final de la exitosa expedición fue Valparaíso, en julio de 1819, luego de haber contabilizado veintiséis presas y diez acciones militares.

Lejos de la bienvenida esperada por Bouchard, lo esperaba en aquel puerto chileno un insospechado enemigo.

José A. Pellicano /  josepellicano@gmail.com

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