Los cuarentenials: “La travesura de peregrinar la nueva normalidad”

admin

11/04/2021

El 2020 fue el año en que muchos niños nacieron bajo estrictas restricciones y problemas sanitarios en los centros de salud locales de todo el mundo, a causa del coronavirus. En una puja por la vida, en el transitar de su primer año, muchos de ellos y en distintos países, provincias y pequeños pueblos, comenzaron a abrir sus pequeños ojitos o ya sea realizando sus primeras hazañas, todos y cada uno de ellos son los hijos de una nueva era.

En un principio vale destacar la valentía de aquellos padres que, a pesar de las circunstancias apremiantes, supieron llevar adelante un embarazo, un nacimiento, una familia. Dado que todo lo que se esperaba de un buen año, se desmoronaba en los primeros meses, dando a conocer lo que sería el comienzo de un periodo histórico y devastador para la humanidad.

Quizás muchos no queremos ver la cara triste de la moneda, pero la verdad es que entramos en una etapa incómoda y capaz de destruir desde una persona hasta el planeta mismo en su gran diversidad. No obstante, los que no creían, creyeron, y los que creían, la razón no les sirvió en absoluto. Se cayeron sueños, proyectos, esperanzas individuales y colectivas, se acrecentaron los conflictos bélicos y con ellos la desgracia, el racismo y la desigualdad social.

Pero como dije en un principio, muchas nuevas vidas emprendían la travesura de peregrinar en esta existencia extraña para nosotros, los acostumbrados al colectivo social, a la juntada familiar o amistosa, los tradicionales del apretón de manos y abrazos. Los niños, los dueños del futuro, los herederos de una forma de vivir que ya no sería la misma en la que el resto hemos transitado, pasarían sus días viendo tapabocas, guantes y demás utensilios como el alcohol y sus derivados, la limpieza absoluta y el miedo a los gérmenes, virus y bacterias.

Así y mucho más, es el comienzo de sus primeras andanzas en esta herencia que llevan ligada gracias a errores humanos u horrores que hacen querer desertar a cualquiera. Crecerán con la naturalidad de lo desnaturalizado y administrarán una vida de restricciones impuestas. Serán los niños los encargados de la supervivencia humana, pero no los responsables de las faltas cometidas que puedan desembocar en un posible deceso o desestabilización, cargarán sobre sus espaldas un compromiso que ni siquiera les pertenece. Serán ellos los únicos capaces de desenmarañar la red cloacal humana que maneja este mundo de manera sórdida y vil, porque en sus manos queda lo que ninguno de nosotros pudo lograr… hacer de este mundo un lugar mejor.

Los niños nacidos en pandemia son los encargados de la supervivencia humana, de hacer de este mundo un lugar mejor”

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Sin embargo, aún hay vida próspera en los verdaderos hacedores de cultura, formadores de valores y profesionales de la educación, incluso en la calle misma, bajo el manto urbano de nuestra sociedad, plazas y esquinas poblada de jóvenes hambrientos y sedientos de ser escuchados, de ser entendidos, sonando al ritmo del “trap”, algún nuevo estilo o moda musical, rimando a forma de grito y protesta que los tiempos han cambiado, imposibilitados de juntarse y hasta rompiendo con las reglas establecidas por la fase pandémica de turno.

La valoración social inactiva y golpeada, deja al descubierto la falta de cimientos firmes y claves para mediar con un futuro irresoluto. Dicha incertidumbre amarga y deja perplejo a más de una franja etaria y sostiene en vilo el porvenir de los más pequeños.

Hace muchos años que nuestro país vive bajo la ilusión o espejismo de creer que somos una potencia a la que el mundo admira o respeta, y así lo hemos alimentado generación tras generación, sin bases sólidas o estructuras gubernamentales que lo respalden o ratifiquen. Si bien la materia prima es palpable y el potencial o recurso humano es sustancioso y existente, no hemos concebido con sabiduría el bien común.

La individualidad, el egoísmo y la desigualdad que afrontamos, pone al descubierto la inestabilidad e indiferencia de nuestros polos gobernantes frente al contexto que les tocara vivir a nuestros hijos y nietos, para nuevamente recaer sobre ellos la deontología de un porvenir fortuito.

Pablo Tagua

pablotagua7@gmail.com

EL COMENTARIO DEL EDITOR

Por César Dossi

El desafío de “los Principitos” de la nueva era

La pandemia golpeó con dureza las cifras de nacimientos en el mundo, acompañada por la crisis económica por la que muchas parejas prefirieron no tener hijos, lo que provocó un descenso demográfico.

En ese marco opinaba el médico psiquiatra y sexólogo Walter Ghedin, que en abril de 2020, en una nota de Clarín, decía queno creía que la cuarentena “iba a favorecer un “baby boom”. Es que la gente cambió las pautas de sus conductas atávicas. Por ello, afirmaba que “la presencia del otro las 24 horas, la de los hijos que requieren mayor atención, y la ansiedad que provoca el encierro, todo va en desmedro de la intimidad”.

En menos porcentaje, entonces, nacieron los “pandemials”, “bebés coronials” o “cuarentenials”, esta última será una serie que cuenta historias de bebés nacidos en cuarentena. Y de ello habla nuestro lector en su carta de hoy.

Con los abrazos limitados sólo a sus padres, porque faltó el cariño de abuelos y demás familiares, estos bebés abrieron sus ojos en un nuevo mundo. Nuevo para nosotros. Para ellos el barbijo es una prenda más, y las nuevas costumbres que transitamos como sociedad serán su cotidianidad, una rutina común que atravesarán cuando lleguen a la adultez.

Ante la desgracia que genera el virus, Pablo apuesta a que estos niños sean “los encargados de la supervivencia humana, y de hacer de este mundo un lugar mejor”. Ese es el desafío al que se enfrentan por la nueva era. Y es por ello que Antoine de Saint-Exupéry se sumerge en los sentimientos de amor y esperanza que alimentan nuestra vida representada en un niño. “El Principito”, que el pasado 6 de abril cumplió 78 años, no pierde vigencia.

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