“Los que no somos Vip, quedamos sujetos a una burocracia insensible”

admin

09/04/2021

Soy clase 1933, y con casi 88 años resolví diferir mi vacunación Covid-19 para no privar con mi dosis al personal de Salud que aún no fue vacunado.

Pero cuando mi médico me hizo saber que en los próximos cuatro meses deberá reemplazarme el marcapasos por agotamiento de la pila, decidí que por responsabilidad con mi salud había llegado el momento de vacunarme. Por eso recorrí todo el sistema de contactos al efecto del gobierno tucumano para conseguir un turno de vacuna. Lo intenté en las líneas 120 (Consulta Vacunas) y 107 (Emergencia salud) del Ministerio de Salud provincial y la respuesta fue que el buzón de correo está saturado de llamadas o llamadas sin contestar.

También en sitios de Internet: “Turnos de vacunación” y la respuesta fue: “Usted no se encuentra en el padrón de personas de 60 a 70 años, comuníquese con el 0381 5007336, pero el buzón de voz este celular se encuentra también saturado. En otro sitio de Internet que me identifico como sin vacunar, también me rechazó por no tener entre 60 y 70 años.

Entonces, me di cuenta que el gobierno tucumano ha creado un sistema de apariencias y formas, pero no de eficacia y verdadero cuidado de los ciudadanos. Los que no somos funcionarios “esenciales” y sus allegados o personas VIP, quedamos sujetos a la burocracia insensible que funciona como una lotería.

A algunos les toca, y a otros no. Sigo sin saber qué me tocara a mí y también a muchos otros más.

Raúl S.J. Giménez Lascano

rsjgl@yahoo.com.ar

Voces, después de los anuncios del Presidente Alberto Fernández

Alberto Fernández ha decretado una nueva limitación a la circulación de personas y a la libertad de comercio, debido al aumento significativo de los contagios provocados por la pandemia.

Lo hizo desde la quinta de Olivos en una puesta en escena envuelta en un halo de epopeya. Se remarcó el hecho que se trasladó, en soledad, 200 metros hasta el lugar en que se encontraba el escenario. Casi dando a entender que el esfuerzo realizado era similar a un “vía crucis”. Dijo que había advertido que esto iba a pasar, que la pandemia no estaba vencida, que las fiestas y reuniones sociales se llevaron a cabo contra sus consejos de respetar los protocolos vigentes. No faltó la comparación, aunque leve, con otros países. Dio a entender que la población que se traslada para trabajar, estudiar, y cumplir con sus obligaciones era la responsable del aumento de los contagios.

Nada dijo de las hordas piqueteras que invaden la ciudad. De las fiestas no tan clandestinas que se realizan a diario. De los partidos de fútbol profesional que se realizan con la asistencia de amigos e invitados. De sus reuniones con sindicalistas, y políticos a cara limpia. De los funcionarios públicos que se robaron las vacunas. De los jóvenes militantes de La Cámpora que se vacunaron y se rieron en público mostrando sus certificados haciendo la V de la victoria.

Del velatorio de Maradona organizado por él mismo. De los banderazos en repudio a su administración y a la corrupción. De sus múltiples anuncios fallidos. Nada dijo de los errores cometido a lo largo de un año. Nada podemos esperar de su gobierno. Sólo apelar a nuestra responsabilidad para cuidarnos y cuidar a quienes nos rodean.

Las vacunas irán llegando. Tal vez en dos años hayamos superado a la pandemia.

Gabriel C. Varela

gcvarela@hotmail.com

“Una cucharada de azúcar ayuda a bajar la medicina” (“A spoonful of sugar helps the medicine go down). Quienes vimos y disfrutamos más de una vez de la inolvidable “Mary Poppins”, recordamos la letra de esta bellísima canción. ¿Por qué hago esta asociación justo ahora? Porque el anuncio de las nuevas restricciones creo que también podrían haber sido suavizadas un tanto. ¿No? Con una pizca de autocrítica por parte del gobierno, asumiendo y reconociendo públicamente los errores de su gestión.

Todavía no escuché a nadie hacer un sincero “mea culpa” con respecto al así llamado “vacunagate”: amigos, parientes y jóvenes militantes que se colaron y no esperaron su turno para vacunarse. El gobierno sigue culpando y responsabilizando a otros de sus desatinos cotidianos. Nos siguen pidiendo cumplir con las normas. Y por casa, ¿cómo andamos? ¿Cuántas veces hemos visto a funcionarios, y a la mismísima vicepresidenta aparecer públicamente sin barbijo o sin guardar el debido distanciamiento social?

Necesitamos, hoy más que nunca, que prediquen con el ejemplo, no con palabras. El miércoles en mi ciudad, La Plata, se suspendió sin previo aviso la vacunación de 300 personas mayores en el Estadio Único, porque se jugaba un partido de fútbol a la noche. Afortunadamente, y gracias a la reacción de la gente damnificada y la presencia de algunos medios, se dio marcha atrás con la absurda medida y se retomó la vacunación programada. Un disparate colosal. Por eso insisto: el pescado se pudre por la cabeza.

Para pedir esfuerzos de nuestra parte, empiecen a ganarse nuestra confianza y respeto, muy perdidos a esta altura.

Irene Bianchi

irenebeatrizbianchi@hotmail.com

Máximo Kirchner acusa a la oposición de actuar con hipocresía por rechazar medidas para atenuar contagios.

El pobre pibe se confundió, habrá querido decir “aumentar” en lugar de atenuar, porque las colas para hisoparse o para vacunarse se producen por como lo organiza el gobierno, el velorio del 10 también, los piquetes y cortes de calles y rutas son permitidos por el oficialismo igual que todas las marchas ridículas que abundan, no controlan los medios de transporte ni las fiestas clandestinas.

Rafael Madero

rafamadero@hotmail.com.ar

“El atropello a la Justicia y a la República”

Nunca antes se ha visto el andamiaje, la estructura armada con todo el poder de un gobierno que no respeta límites, para atropellar a la Justicia. Su único objetivo es que Cristina y varios de sus adláteres queden libres de los hechos de que los acusan: “Asociación ilícita, lavado de dinero, encubrimiento y administración fraudulenta”, entre otras.

Si inocentes fueran, lo único que deberían buscar es llegar a juicio lo más rápido posible para que en su desarrollo demuestren lo que dicen ser, y si dudan de los posibles procedimientos, pedir veedores de los distintos Colegios de Abogados, de ex jueces a partidarios para que fiscalicen los procedimientos. Pero no, dilatan todo lo posible, entorpecen, bravuconean, amenazan.

La persecución a los delincuentes no es un hecho político; es un deber y obligación de la Justicia y ésta debe ser apoyada y sostenida por todo el cuerpo social. Hay peligro en la República: el actual gobierno amenaza con desarticular este elemento esencial de la soberanía.

Jorge A. Cardoso

jinete@outlook.com

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