Malvinas: la génesis del despojo británico

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10/06/2021

Hace 192 años, el 10 de junio de 1829, el Gobierno nacional creaba la Comandancia Político y Militar de las Islas Malvinas y las Adyacencias al Cabo de Hornos en el mar Atlántico y nombraba como su comandante a Luis Vernet.

Desde la Revolución de Mayo de 1810, habían pasado casi dos décadas de continuos y progresivos actos en ejercicio de la soberanía sobre esos territorios y la Argentina decidía darle a Malvinas y su entorno un marco administrativo acorde a su importancia.

La creación por decreto de la Comandancia fue la consecuencia lógica de un desarrollo constante avanzado por nombres como Jorge Pacheco, Pablo Areguatí -primer gobernador argentino de las Islas Malvinas- y Luis Vernet.

La manera en que se fundamentan allí los títulos de soberanía argentinos sobre las Islas Malvinas es de una precisión implacable. El decreto establece la incuestionable soberanía y posesión española sobre las Islas Malvinas a la fecha del movimiento emancipador argentino y detalla los títulos de soberanía españoles.

Con total claridad, indica también que es la Argentina la heredera de España sobre los antiguos territorios del Virreinato del Río de la Plata y que la sucedió como legítima soberana de las Islas a partir del 25 de mayo de 1810, según un principio bien establecido del Derecho Internacional.

Por fin, hace mención a los “actos de dominio sobre dichas Islas, sus puertos y costas”, en clara referencia a los actos soberanos efectuados por la República, lo que demuestra de que esta ya estaba en posesión del territorio al momento de la creación de la Comandancia.

Estos argumentos, de hace casi dos siglos, no han variado una coma hasta hoy. Esto prueba la solidez y coherencia de la posición argentina, en contraposición con la británica, que para justificar su colonialismo ha ido cambiando constantemente hasta hoy, cuando apela de forma incorrecta al supuesto derecho de libre determinación para evitar toda negociación con Argentina. El decreto de 1829 pone de manifiesto este accionar del Reino Unido y su palpable debilidad jurídica.

Así, cinco meses después de la creación de la Comandancia y del nombramiento de Luis Vernet como primer comandante, el Reino Unido revivió su abandonada pretensión sobre las Islas Malvinas.

Habían pasado 55 años desde el abandono del establecimiento construido -de forma secreta, de mala fe y contraria a los tratados de la época- en Puerto de la Cruzada en la Isla Trinidad, una pequeña isla de la Gran Malvina.

Después de más de medio siglo de un completo silencio frente a innumerables actos de soberanía llevados a cabo, por España primero, y por la Argentina después, el representante británico en Buenos Aires realizó una protesta tardía, limitada y de mala fe ante el decreto nacional. El gobierno de Buenos Aires, con sorpresa, acusó recibo de la nota (reiterada recién tres años después) y continuó con su política soberana sobre las Islas.

Pero la importancia fundamental del decreto de 1829 radica en sus efectos sobre el desarrollo real de las Islas bajo plena soberanía argentina.

Hasta entonces, las Malvinas nunca habían gozado de un desarrollo humano semejante. Las islas llegaron a tener, hasta la usurpación británica en 1833, una población estable de un centenar y medio de personas (hasta 300 la habitaron en algún momento).

El gobierno nacional fundó varias estancias y dos poblados menores. Se introdujo el ganado ovino y se mejoró el bovino y caballar existente. Se favorecieron los contactos con la población originaria de la Patagonia y de la Tierra del Fuego, y Puerto Soledad se transformó en un punto de extrema importancia para los navegantes que pasaban del Atlántico al Pacífico y viceversa.

Innumerables son los actos realizados por Vernet como comandante de las Malvinas. Aplicó legislación nacional en materia de conservación de recursos vivos, de avanzada para su época; llevó a cabo procesos penales; realizó los primeros matrimonios civiles en territorio argentino en toda la historia nacional; emitió moneda; otorgó concesiones de terreno y fue pionero en promocionar la inmigración estadounidense y europea, entre tantas otras acciones.

Los diarios de su mujer, María Sáez, y de su hermano, Emilio, dan testimonio de la celebración de las fiestas patrias nacionales por la población -incluso de otra nacionalidad- y del pleno respeto por las leyes de la República.

También dan cuenta del primer nacimiento registrado en las islas bajo soberanía de un Estado, justamente el de la hija de Luis y María, quien nació el 5 de febrero de 1830 y llevó el nombre de Matilde Vernet y Sáez, aunque se la conoció como Malvina Vernet.

El gobierno argentino había creado una unidad territorial administrativa en 1829 que incluía a las Malvinas, Tierra del Fuego e islas adyacentes. Entendiendo la importancia de las Islas, puso como centro de esa unidad a las Malvinas. La joven nación tenía un plan de desarrollo sobre su territorio austral y el despojo británico de 1833 impidió que lo pudiera llevar a cabo durante buena parte del siglo XIX.

Fue esa Argentina que produjo un desarrollo humano pacífico, sustentable, útil y con visión de futuro, que demostró la importancia de las Islas, a diferencia de las potencias europeas que sólo consideraron a Malvinas desde su ambición territorial. Y fue el Imperio Británico, con su supremacía política, militar y económica, que se aprovechó por la fuerza, y de forma ilegal, de este inmenso esfuerzo.

Facundo Rodríguez es abogado y docente en derecho internacional (UBA-UP). Co-autor del libro “Las Malvinas entre el Derecho y la Historia” (EUDEBA)

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