Mar del Plata, del shopping al trueque

admin

19/07/2021

Hay una plaza en Luro y Dorrego a la que que no le queda un metro cuadrado de césped, y difícilmente vuelva a germinar en mucho tiempo. Paulatinamente, lo que nació como un encuentro de trueques para pocos, devino en pasillos hechos de decenas de mantas y tarimas dispares. Dos días por semana, unas 1500 personas intentan vender lo que sea: jeans usados, zapatos desgastados, herramientas recuperadas, juguetitos de la Cajita Feliz. La llaman “la feria de la subsistencia”.

Si un encuestador del INDEC consultara a alguno de esos vendedores y este le dijera que el martes -día de feria- estuvo atendiendo su manta en la plaza, su caso sería relevante en el número final de la tasa de desempleo. Un número que se redujo como hace tiempo no ocurría, pero que bien podría no estar reflejando la realidad de una ciudad que la última medición ingresó en el podio de la indigencia: el 10,8% de la población no cubre las necesidades mínimas.

El caso del mantero, igual que el de la mujer que vende papel tissue en la misma esquina, en cada semáforo en rojo o, como ejemplificó un economista a este diario, el de alguien que vende viandas en la puerta de la escuela, inciden positivamente en el número del INDEC. 

Los ocupados, según el último índice, son aquí 279 mil personas y entre ellas, además de aquellas que trabajan en relación de dependencia o son monotributistas, están incluidos también el mantero, la vendedora de carilinas o quien cocina viandas. Para el INDEC, ellos no son desocupados.

Así los cálculos, Mar del Plata arrojó en la última medición un 9,4% de desocupación para el primer trimestre del año, cuando la ciudad tuvo su inusual temporada de verano en pandemia; son 29.000 personas desempleadas, las que no tienen trabajo o que activamente están en procura del alguno.

La pobreza es del 41,1%; la indigencia, del 10,8%. En números: 265.580 marplatenses son pobres y otros 69.877 indigentes; el dato lo público el INDEC en marzo pasado.

Para la CGT local, el índice de desocupación “contrasta con la realidad que visualizamos en los gremios”. Ese 9,4% saca del podio a Mar del Plata -siempre entre las primeras del país: alcanzó 26.6% en lo más duro de la cuarentena– y la ubica en un 10° lugar de ciudades con mayor desempleo. No conforma, aunque el número es el mejor después de 18 trimestres.

“Que la tasa de empleo esté en aumento no quiere decir que se esté generando empleo genuino”, explica a Clarín Eugenio Actis Di Pascuale, licenciado en Economía, doctor en Ciencias Sociales. Aclara que para el Indec “una persona está ocupada si trabajó al menos una hora en la semana”.

El economista dirige el Grupo Estudios del Trabajo -GrET- de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Mar del Plata, que en su último informe sociolaboral desmenuza los datos del INDEC y revela que desde la recesión de 2018 durante el gobierno de Mauricio Macri, “existe desaliento en el mercado de trabajo”.

“Esto se exacerbó a partir de la pandemia y se ve reflejado en la tasa de desocupación. Quiere decir que si la tasa de desocupación fue baja y hubo una caída en la tasa de actividad, hay una parte de los desocupados que había hace un año que dejó de buscar un trabajo y se ocultó en la inactividad”, señaló Di Pascuale.

Según supone en el estudio que elaboró junto al licenciado Marcos Gallo (http://nulan.mdp.edu.ar/3530/1/InfoSociolabJun2021.pdf), ya que en las mediciones no está especificada la calidad del empleo, la baja interanual de desocupación (había sido del 10.4%) se dio porque subió el nivel de ocupados de tiempo parcial, de cuentapropistas o porque hay más trabajadores no registrados.

Desde la municipalidad leyeron la mejora en los niveles de ocupación. “Pero no hay nada que celebrar”, sostuvo a medios locales Fernando Muro, secretario de Producción de la comuna, ni bien se conoció el número.

“Sabemos lo que cuesta conseguir un trabajo y por eso lanzamos varios programas desde el municipio”. Dijo que el objetivo del Estado municipal es facilitar el juego al sector privado para que se pueda generar empleo.

La ciudad turística padeció los nueves meses de parate total del 2020 y todavía, aun cuando el turismo está permitido, arrastra consecuencias. Hay más de doscientos hoteles cerrados (“pronto no habrá que contar cuántos cerraron, -dice a Clarín Jesús Osorno, histórico hotelero marplatense-, más simple será enumerar los que quedaron abiertos”), y quedó en disponibilidad poco más de la tercera parte de las 55 mil plazas que tuvo Mar del Plata hasta marzo del año pasado.

Hubo un verano que no llegó a funcionar a media máquina, protocolarizado, apenas al 30%. Ya en febrero, con un clima pésimo, se redujeron planteles de trabajo, se suspendieron empleados temporarios (ya habían sido convocados menos que en 2020) y por la merma de público y la suba de costos, la mayoría vislumbró este duro invierno.

Jesús Osorno es el vicepresidente de la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica (AEHG) y su vida transcurrió en un hotel. El Osorno, de su padre, Raimundo, fue inaugurado en 1959. Allí vivió. Luego, en el mismo sitio en la calle Moreno, en el centro, surgió el Hotel Tronador.

Tras el fallecimiento de su padre, él y su hermano lo ampliaron y lo convirtieron en un elegante 4 estrellas. Lo llevaron a 130 habitaciones, las mismas que tiene hoy y que fuera de temporada las ha llegado a mantener prácticamente inactivas: hubo fines de semana en los que sólo tuvo ocupadas 7 habitaciones.

“Hay preocupación por la salud pero no por las fuentes de trabajo“, critican desde el sector hotelero ante la falta de respuesta del gobierno bonaerense al pedido de eximición del impuesto inmobiliario. En junio, mediante la asociación que los nuclea, anunciaron que temporalmente más de 100 establecimientos dejaron de pagar impuestos. 

“Lo que se trabajó en temporada no alcanza para cubrir los gastos, cubrir los meses de deuda. Hubo moratorias, que vinieron bien, pero hay que pagarlas, son una deuda más, y hay que sumar alquiler, sueldos; el ATP ayudó mucho, pero detrás hay cargas sociales, ART, cuotas sindicales”, explica Eduardo Mayer, presidente de la UCIP (Unión del Comercio, la Industria y la Producción), destacando “la importancia del turismo y el derrame que genera”. 

Como hoteles, hay cientos de locales con las persianas bajas, muchas en forma definitiva. Con exactitud, entre cierres y aperturas, el número no lo conocen las cámaras comerciales ni la comuna. En estas horas, en el comercio coexisten preocupaciones por el contexto y las buenas expectativas que despertó el último fin de semana largo, cuando trabajaron a un 50% de las épocas de normalidad.

“Esperemos que podamos ir levantando de a poco para poder llegar a los niveles normales que Mar del Plata tiene”, dijo Mayer, y auguró para “esta ciudad reluciente” unas vacaciones de invierno que al comercio le sirvan para afirmarse y llegar al verano.   

Para Miguel Guglielmotti, secretario general de la delegación local de la CGT, “en el primer trimestre bajan los porcentajes a causa de la temporada estival”, aunque aclara que la última “no fue gran generadora de puestos de trabajo”.

Para el gremialista, el último índice del Indec “contrasta con la realidad que visualizamos en los gremios, con 80 hoteles sindicales cerrados y sectores muy castigados como el gastronómico, clubes, gimnasios y el mismo comercio”. La medición del segundo trimestre, dice, “arrojará un escenario más complejo”.

Evaluó la actividad de industrias claves de Mar del Plata: “El puerto ha funcionado bien, no se ha paralizado, con baja conflictividad. El consorcio portuario le dio una dinámica muy productiva, lo que está faltando es profundizar políticas a nivel pesquero, poner valor agregado al pescado para generar trabajo en tierra”.

La industria textil está en un proceso de reacomodamiento, “ha tenido una lucecita de expansión”, asegura Guglielmotti. Mejor lo explica el presidente de la Cámara Textil, Juan Pablo Maisonnave, desde la fábrica de Rafaelli Giardino, en la avenida Juan B. Justo.

“El de la pandemia fue un año de transición. El 20 de marzo se declaró y ya muchos habían comprado el stock para el invierno que luego no pudieron vender. Así, para el invierno 2021 no irían a demandar lo mismo. La nuestra es una actividad de mucha planificación, es fundamental: ahora ya pensamos en la temporada 2022″.

El sector comercializó menos, pero “lo último que trata al ajustar es en el recurso humano, se cuida la mano de obra que es altamente calificada”, y de hecho, explicó a este diario, “siguió apostando, en momentos de crisis siguió invirtiendo: me saco el sombrero. La industria textil tiene la cabeza en positivo”.

Maisonnave, y cada uno de los consultados aquí, anclaron su esperanza en otras estadísticas: que para septiembre, octubre, se encuentre el mayor porcentaje de la población vacunada contra el Covid-19 y entonces ir desandando camino hacia la normalidad.

Un camino que no será sencillo, tan difícil como que el suelo de Plaza Rocha, en Luro y Dorrego, vuelva a verse verde. Predice el economista Di Pacuale: “La recuperación a lo que era prepandemia llevará tiempo”. 

La vacunación es clave, pero el país debe funcionar bien, debe negociar la deuda, encarar políticas económicas, generar puestos de trabajo. Hay muchos factores que inciden en la realidad de Mar del Plata. El poder adquisitivo no tiene que seguir cayendo y los salarios tienen que aumentar por encima de la inflación“.

En otras palabras, concluye con lo que sostiene en el estudio publicado por la Universidad: “Sin estas condiciones, resulta poco probable que el conjunto de la población alcance un nivel de vida digno”.

SN

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