Martha Argerich por ella misma: “Nunca tuve confianza en mí”

admin

11/06/2021

La última vez que entrevistó a la pianista Martha Argerich, el crítico Olivier Bellamy protagonizó una escena singular: “Nos instalamos sobre su cama, donde tres enormes maletas atiborradas ocupan casi todo el espacio. Las tres enormes valijas estaban repletas de peluches, vestidos y todo tipo de objetos hacen que el más imaginativo de los inventarios sea plano y predecible”. Con ese nivel de intimidad es que conoce este periodista francés a la máxima intérprete argentina y esa es la sustancia de Martha Argerich raconte, el nuevo libro del autor que publica Buchet-Chastel, la misma casa que hace una década sacó a la venta Martha Argerich : L’enfant et les sortilèges, la primera biografía de la artista.

Martha Argerich y Daniel Barenboim en pianos, junto a solistas de la WEDO - CCK
Martha Argerich y Daniel Barenboim en pianos, junto a solistas de la WEDO – CCK

En el origen de este volumen está, claro, la pandemia. Cuando el confinamiento lo recluyó en su casa, Bellamy no se dedicó a ninguna de las dos pasiones más populares de la pandemia durante 2020: ni aprendió a cocinar nuevos platos. Ni tampoco acomodó roperos o bibliotecas ni limpió especialmente su hogar. Aunque, bien mirada, su ocupación favorita durante los meses más difíciles de la peste no estaba tan lejos de esas manías multitudinarias: él encendió su computadora y comenzó a revisar las decenas de archivos que había acumulado durante los últimos veinte años con las charlas, entrevistas y diálogos mantenidos con Argerich.

El nuevo libro, en verdad, funciona como complemento y anverso de aquel texto que revelaba, por primera vez, la singular vida de la niña prodigio nacida en una familia de clase media porteña que se transformó en una artista singularísima. Si en aquel volumen Bellamy reconstruía la vida y la obra de Argerich a partir de algunos intercambios con ella y decenas de entrevistas con sus próximos, ahora, es la propia pianista la que habla. “Nunca me gustó que la gente dijera que toco como un hombre”, dice. O: “El rigor es esencial. La libertad sin disciplina no es interesante”. “Nunca fui hermosa. Yo era ‘medianamente linda’, como decía mi hija Annie”, comparte. “Dijeron en una entrevista que fui la primera pianista feminista, pero no sé qué significa exactamente. ¿Por mi forma de actuar, de vivir, de tocar?”, se preguntó. “Nunca he tenido una aventura con una mujer. Solo besos y cosas así, hace mucho tiempo”. Y: “Hoy en día, me gustaría tener un romance, algo ligero”. “No me gustan mucho los periodistas”, le dijo al crítico Bellamy. Nada que él no supiera.

Por eso, Martha Argerich raconte es, además, la crónica de las desopilantes estrategias que el francés fue desarrollando para acercarse a la pianista virtuosa hasta la incredulidad, que escapa de los periodistas. A pocas horas del 80º cumpleaños de Argerich, Bellamy está sentado en el escritorio de su casa y responde las preguntas de Ñ en un correo electrónico.

–¿Supo Martha Argerich que trabajaba usted en un nuevo libro?

–Con mi primer libro, ella estaba informada de mi trabajo. Le pedí permiso. Al principio, dijo que no; y luego que sí. Esa biografía me llevó ocho años. Lo que la conmovió, creo, fue que tardara tanto en ir a la Argentina a investigar. Por otro lado, no creo que lo haya leído. No del todo. Tiene problemas con su imagen. Por su parte, para este último libro, no le pregunté. Lo empecé durante el confinamiento. En previsión de su 80º cumpleaños y para tener algo que hacer más interesante que ordenar u hornear. Cuando el libro estaba terminado, mi editora me preguntó si a Argerich le parecía bien. “No lo sabe”, le respondí. Sucede que los editores siempre tienen miedo a las demandas. Le pedí que confiara en mí, pero más tarde pensé: ¿Y si no resulta una sorpresa agradable para ella? ¿Y si se enoja? Soy valiente para los desafíos de la vida, pero no tanto para perder amigos. Así que le envié un correo electrónico diciendo que estaba planeando algo. No me respondió. Así que me dije: ¡Movete y avanzá!

Martha Argerich con sus hijas Lyda Chen .Stephanie y Anne Catherine Dutoit entrando al Kennedy Center donde será honrada como una de las artistas destacadas del año en 2016. Foto: Adriana Groisman.
Martha Argerich con sus hijas Lyda Chen .Stephanie y Anne Catherine Dutoit entrando al Kennedy Center donde será honrada como una de las artistas destacadas del año en 2016. Foto: Adriana Groisman.

Unas copas de más

Dicen que unas copas de más ayudan a entender mejor los idiomas extranjeras… “¡Pura fábula!”, desacredita Olivier Bellamy. Eso es algo que descubrió a comienzos de este siglo cuando lo enviaron como periodista estrella al Festival de La Roque-d’Anthéron. La misión era casi imposible: Le Monde de la Musique quería publicar unas declaraciones de Argerich, la pianista que escapa de los periodistas. Luego de acumular distintas recomendaciones –una más temible que la otra–, el crítico logró colarse en un asiento próximo a la artista durante una comida. Había tomado un par de tragos para darse ánimos y el embotamiento le impedía no solo seguir la conversación sino entender los chistes. En medio de esa bruma incómoda, Martha Argerich lo miró y le preguntó si había comprendido de qué se reían todos. “Balbuceo algo evasivo que debe significar más o menos que no. Ella me traduce la divertida historia con una amabilidad desarmante”, escribe.

De aquella experiencia, el crítico rescató unos veinte minutos de diálogo “acordados de mala gana pero acordados al fin”, apunta con honestidad. La segunda oportunidad será mejor. Tras varios días durmiendo en una cama de niños de su casa en Bruselas, consigue un rato de entrevista en la que Martha Argerich le contará que no se toma demasiado en serio y que por eso no disfruta de presentarse como solista: “Me emociono con otras personas y eso me hace feliz. He tocado mucho en mi vida, nunca lo he disfrutado. No me queda mucho tiempo para hacer las cosas que me interesan, y tocar como solista no es mi prioridad. Ya no soy joven, me he ganado el derecho a disfrutar”, le responde la pianista. El crítico insiste: “¿Quizá le falta confianza en sí misma?”. Y la argentina le confirma: “Nunca he tenido confianza en mí misma”.

En ese mismo diálogo, ella le cuenta que lee muchos textos budistas, que la hacen sentir bien. “Me gusta la vida: la naturaleza, los libros, la música, los amigos. Para mí, ser feliz significa no tener que sufrir”, agrega. Y con respecto a su fama de “enfant terrible”, Argerich se divierte: “Stephen Kovacevich me dijo una vez que yo era como una niña de cinco años y un niño de catorce al mismo tiempo. Gulda pensó que probablemente era hermafrodita”.

Martha Argerich en 1957 ganó dos prestigiosos concursos de piano con tres semanas de diferencia, siendo estos el Premio Busoni de Bolzano y el Concurso de Ginebra. Luego en Rolandseck en 1960. Foto: Archivo Clarín Martha Argerich. / Sven Simon
Martha Argerich en 1957 ganó dos prestigiosos concursos de piano con tres semanas de diferencia, siendo estos el Premio Busoni de Bolzano y el Concurso de Ginebra. Luego en Rolandseck en 1960. Foto: Archivo Clarín Martha Argerich. / Sven Simon

Nada interesante que decir

“¿Para qué sirve una entrevista? No tengo nada interesante que decir”. Entrevistar a Martha Argerich siempre es difícil, incluso para el periodista que más veces lo logró y con mayor nivel de intimidad. En 2008, sin embargo, ella accedió finalmente al intercambio cuyo propósito era revisar detalles de la biografía en la que trabajaba Bellamy. En esa charla, la pianista aseguró que al revisar su vida, no tenía nunca la sensación de haber construido algo: “Me parece que no soy yo sino otra persona. Sé que soy yo, pero no lo siento profundamente. Por otro lado, tengo arrepentimientos: no haber aprendido a improvisar, por ejemplo. ¡Es demasiado tarde!”, se lamentó.

Además, le contó que solía ir cantando por la calle, en su casa, en el baño… y que la melodía que tarareaba en ese momento incansablemente era un tango de Piazzola: “Lo tengo metido en la cabeza. No sé por qué”. Bellamy también quiso saber si era usuaria de Internet y si miraba conciertos online: “A veces. Todo eso es muy nuevo para mí. Me compré una computadora recién hace tres meses. Me hacen mucha gracia los comentarios de la gente. Y las peleas. Algunas respuestas son bastante punzantes”, opinó.

Finalmente, en esa charla también se rió un poco de su fama de vampiresa: “Nunca fui una devoradora de hombres. Nunca fui así. Fumaba, era muy pálida, vestía de negro, incluso antes de la moda…”, hipotetizó y recordó el comentario de un crítico que, cuando ella tenía 16 años, escribió: “Vino con su cara triangular como Modigliani y con aires de gatita viciosa”. Y antes de cerrar, recordó los tiempos de su infancia argentina: “Crecí bajo un régimen totalitario, el de Perón. Antes y después, estaba la ultraderecha. La injusticia social siempre me ha repugnado. La época de los grandes terratenientes que ejercían el poder feudal, cuando confiscaban los documentos de los trabajadores para votaron por ellos, los peones no cobraban un salario y recibían vales para comprar comida en las tiendas de los propietarios, y las mujeres no votaban…”, enumeró.

Martha Argerich en Rolandseck en los años 60.
Martha Argerich en Rolandseck en los años 60.

Prepandemia

Justo antes de la pandemia, y sentados sobre la cama del pequeño departamento que Martha Argerich tiene en París, tuvo lugar el último diálogo entre la pianista y su biógrafo. “Perdí el 10 por ciento de mi masa muscular, según el médico. He estado preocupada por las octavas. Pensé: “¿Qué voy a hacer?”, le cuenta la pianista en el inicio de la charla. Pero el crítico la lleva hacia otros temas: el feminismo. “Dicen que fui la primera pianista feminista, pero no sé qué significa exactamente –elude la pregunta si ella se considera feminista. Y luego agrega–. Creo que las mujeres deben ganar lugares si tienen talento y valen la pena. No porque sean mujeres… Mis hijas afirman que no me llevo muy bien con las mujeres. En Viena, una chica nos preguntó a Lilya Zilberstein y a mí si había sido más difícil para nosotras hacer una carrera. No sentí eso. Tampoco Lilya. Nunca he tenido problemas por ser una mujer”.

Antes de despedirse, Bellamy le pregunta qué piensa sobre el movimiento #MeToo: “Siempre hay injusticias. Y revelaciones indignas sobre personas desaparecidas. Por ejemplo, la hija de Leonard Bernstein dijo que su padre la besó en la boca cuando tenía siete u ocho años. ¿Por qué decir estas cosas?”, se pregunta.

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“¿Cree que hay vida después de la muerte?”, interroga el crítico. Y la pianista más extraordinaria de todos los tiempos responde: “Quizás haya algo. Estoy bastante convencida de que hay caminos paralelos que no percibimos. Tengo tantas ganas de vivir, tanta curiosidad, que me parece que todavía hay para descubrir cosas que están ahí, cerca, y que no vemos todavía”.

Martha Argerich raconte
Oliver Bellamy
Buchet-Chastel
272 págs. 
€ 15

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