“Me sentí mal por haber gritado”: ¿cómo disculparse con los hijos?

admin

23/03/2021

Después de un año de trabajar desde mi dormitorio, pensé que había alcanzado un equilibrio emocional que me permitía tolerar las múltiples interrupciones de mis hijas a lo largo del día. Pero la semana pasada, a mi hija mayor le pidieron como tarea en la escuela a distancia una búsqueda del tesoro. Abrió la puerta de mi cuarto -que lamentablemente no tiene cerradura- cuatro veces en una hora, buscando zapatillas, algo rojo (dos veces) y un cepillo para el pelo. A la cuarta interrupción, estallé. “Tenés que salir de aquí”, le dije, con una voz mucho más dura que la que me gusta usar con mis hijos.

Mi hija estaba se molestó y me sentí mal por haber gritado. Pero también me sentía conflictuada. Cada vez que entraba, le pedía amablemente que buscara en otra parte de la casa porque tenía que cumplir un plazo. Es una chica de tercer grado, lo suficientemente crecida como para entender y respetar ese pedido, y quiero educarla para que tenga en cuenta las necesidades de los demás.

¿Cómo puedo caminar por esa delgada línea entre mostrar a mis hijas que tengo sentimientos que no siempre son positivos y dejar que mi irritación estalle sin control?

Lo primero que hay que saber es que “todos los padres se enojan con sus hijos”, dice la Dra. Pooja Lakshmin, profesora adjunta de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad George Washington, y hacerlo de vez en cuando no nos convierte en un buenos o malos padres. Es simplemente una realidad de la vida. Lakshmin aclara que no se refiere al maltrato emocional ni a la violencia física, que nunca son aceptables. El maltrato emocional puede consistir en ridiculizar a un chico, criticarlo constantemente o negarle afecto o consuelo.

Perder la calma

¿Pero levantar la voz o perder la calma de vez en cuando? Eso es inevitable porque somos humanos. “Existe una especie de expectativa de que los niños deben ser protegidos de cualquier emoción negativa”, afirma Jennie Hudson, profesora de psicología clínica de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia). “Pero eso es positividad tóxica. No es normal. No está bien. Tenemos una serie de emociones que incluyen sentirse frustrado, ansioso y preocupado”. También hay que tener en cuenta que la pandemia exacerba en los padres muchos factores de estrés, tanto económicos como emocionales. Y aunque las cosas mejoren en relación con el coronavirus, muchos estamos bajo una tensión adicional.

¿Pero levantar la voz o perder la calma de vez en cuando? Eso es inevitable porque somos humanos. Foto ilustración: Shutterstock.
¿Pero levantar la voz o perder la calma de vez en cuando? Eso es inevitable porque somos humanos. Foto ilustración: Shutterstock.

Lo más importante es lo que ocurre después de que uno estalla con sus hijos, dijeron los cuatro expertos con los que hablé. Estos son sus consejos para disculparnos por haber dicho cosas de las que nos arrepentimos, cómo empatizar con nuestros hijos y cómo reducir los estallidos cuando es posible.

Consejos para saber disculparse

1. Reconozcamos nuestro error

Una vez que nos hayamos calmado, pidamos disculpas a nuestro hijo y hablémosle de nuestros sentimientos de una forma adecuada a su edad, dice Hudson. No tenemos que entrar en detalles de por qué reaccionamos así, pero podemos decir algo como: “Siento haberte gritado. Me irrité, pero no es tu culpa que haya perdido la calma. Así es cómo podría haberlo manejado mejor”. Luego podemos hablar de las formas de calmarse que podríamos haber utilizado, como ir a dar un paseo, respirar hondo o alejarnos de la discusión. “Es una oportunidad de aprendizaje para el niño”, dice Hudson.

2. Démonos un respiro

Los momentos de respiro no son sólo para los niños, sino también para los adultos, dice la doctora Alexandra Sacks, psiquiatra especialista en reproducción que trabaja en Nueva York. “Si estás tan abrumado que no podés pensar en lo que es adecuado para el grado de desarrollo de tu hijo, date un respiro”, dijo Sacks.

Aunque no siempre es posible -sobre todo si nuestro hijo es tan pequeño que no se lo puede dejar solo y somos la única persona en la situación-, intentemos darnos ese espacio para llamar a un amigo o gritar tapándonos la boca con una almohada si nos sentimos emocionalmente abrumados.

“Cuando los padres tienen una exigencia de perfección e impecabilidad demasiado alta, sienten que no pueden salir de la habitación o darle al chico cinco minutos más de tiempo frente a una pantalla”, aun cuando eso ayudaría a los padres a calmarse, dijo Sacks. No caigamos en esa trampa de mártires.

Aunque no siempre es posible -sobre todo si nuestro hijo es tan pequeño que no se lo puede dejar solo y somos la única persona en la situación-, intentemos darnos ese espacio para llamar a un amigo o gritar tapándonos la boca con una almohada si nos sentimos emocionalmente abrumados. Foto ilustración: Shutterstock.
Aunque no siempre es posible -sobre todo si nuestro hijo es tan pequeño que no se lo puede dejar solo y somos la única persona en la situación-, intentemos darnos ese espacio para llamar a un amigo o gritar tapándonos la boca con una almohada si nos sentimos emocionalmente abrumados. Foto ilustración: Shutterstock.

3. Recordemos que los niños tienen dificultades para controlar sus impulsos

En mi caso, aunque mi hija tiene 8 años, todavía tiene un cerebro en desarrollo, y saber que estoy del otro lado de una puerta cerrada es demasiado tentador para ella. Sacks sugirió poner un cartel en la puerta cuando no quiero que mis hijas entren, como señal visual que podría recordarles que se detengan y ayudarlas a resistirse a abrirla.

La Dra. Alexa Mieses Malchuk, médica de familia y profesora adjunta de la Facultad de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte, dijo que un temporizador también podría ayudar a mi hija. Si le resulta irresistible interrumpir, puedo poner un temporizador de 30 minutos que la ayude a retrasar la entrada a mi habitación, momento en el que quizá se le pasen las ganas.

Una vez que nos hayamos calmado, pidamos disculpas a nuestro hijo y hablémosle de nuestros sentimientos de una forma adecuada a su edad. Foto ilustración: Shutterstock.
Una vez que nos hayamos calmado, pidamos disculpas a nuestro hijo y hablémosle de nuestros sentimientos de una forma adecuada a su edad. Foto ilustración: Shutterstock.

4. Buscar ayuda

Con la advertencia de que hay muchas situaciones en las que esto no es posible, si vemos que estamos irritables todo el tiempo y estallamos con nuestros hijos con frecuencia, y estas emociones constituyen un cambio llamativo para nosotros, “necesitamos apoyo o alivio”, dijo Sacks. Ese apoyo adicional podría consistir en tener ayuda de otra persona para el cuidado de los niños o acudir a un terapeuta.

La noche de la búsqueda del tesoro, cuando hablé con mi hija después de la cena sobre el hecho de haber perdido los estribos, se mostró comprensiva, sobre todo porque lo expresé en términos con los que podía sentir empatía. Le dije: “Es como lo que sentís cuando tu hermana menor te interrumpe durante una clase de la escuela”, algo que ocurre unas cuantas veces por semana y hace que mi hija mayor se ponga furiosa con su hermana.

Me disculpé con mi hija y creo que ambas nos sentimos mejor después. Pero sigo pensando en invertir en una cerradura para la puerta de mi dormitorio.

Por Jessica Grose para The New York Times. Traducción: Elisa Carnelli.

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