Mercosur: la crisis es una oportunidad

admin

03/05/2021

Mientras el Banco Asiático de Desarrollo pronostica un crecimiento del 7,7% para los países en desarrollo de esa región el Mercosur debate su futuro con dos posiciones que hasta el momento parecen irreconciliables.

La presentación formal de Uruguay, con el apoyo de Brasil, contempla dos rebajas lineales de aranceles y la flexibilización de las normas para las negociaciones externas. La propuesta argentina prevé una rebaja de la protección según el valor agregado para favorecer la producción local de bienes finales.

Los niveles arancelarios han sido siempre un foco de conflicto por sus implicancias para la actividad empresarial. El Comunicado del Consejo Industrial (CIM) del Mercosur del 25 de marzo priorizó la necesidad de hacer realidad el libre comercio intra-bloque y retrasar, como corresponde a un sector que goza de la protección, cualquier decisión que implique modificar o revisar el Arancel Externo Común.

Brasil, junto con Uruguay, sostiene que los aranceles bajos fuerzan al sector privado a mejorar su competitividad mientras que los altos disminuyen los incentivos a invertir y favorecen la transferencia de ingresos de los consumidores a las empresas.

La posición argentina entiende que la situación actual requiere privilegiar la recuperación del mercado interno después de la caída de la producción de los últimos años y que una apertura unilateral alentaría las importaciones perjudicando a las empresas y el nivel de empleo. Asimismo, la postergación daría tiempo para adoptar medidas que fortalezcan al sector privado frente a una futura competencia externa.

La diferente lectura sobre las perspectivas de la economía mundial también se presenta como un obstáculo para consensuar los enfoques. Los indicadores de los organismos internaciones prevén un crecimiento acelerado en los Estados Unidos, China e India que repercutirán positivamente en Asia. El dinamismo de la región asiática con políticas pro-mercado favorables a la inversión extranjera volverá a convertirse en un atractivo para el flujo de capitales como lo fuera en los años anteriores a la pandemia.

El aumento de los precios de las materias primas y las tasas reducidas de interés también reflejan el optimismo de la coyuntura. La región latinoamericana volverá beneficiarse de esta situación para mejorar sus ingresos pero al mismo tiempo corre el riesgo de repetir los errores del pasado de no aprovechar el momento para incrementar los niveles de inversión que le permita insertarse en la economía mundial no solo como proveedor de materias primas sino para captar inversiones que faciliten la diversificación productiva.

La dependencia de las commodities solo profundizará la primarización de las economías que viene ocurriendo desde que Asia se convirtiera en el centro manufacturero mundial.

Las crisis suelen ser también una oportunidad para replantear el escenario. El diálogo constituye la mejor herramienta cuando está desprovisto de soberbia, clichés ideológicos y no pretende desvalorizar al otro utilizando argumentos cándidos.

El Mercosur nació como un proyecto para favorecer la integración económica, crear un mercado único, aumentar la tasa de inversión, atraer inversiones externas y fortalecer a las empresas regionales para enfrentar los desafíos de la globalización.

Las propuestas sobre la mesa deberían ser la base para una discusión más amplia sobre las posibilidades de concretar los objetivos planteados en el Tratado de Asunción y que son recogidos en parte en el Comunicado del CIM. La búsqueda de nuevos mercados para aumentar las exportaciones es una parte que debería complementarse con el compromiso de implementar después de 30 años el mercado común.

Tanto Brasil como la Argentina, y en menor medida Uruguay y Paraguay, arrastran una década pérdida y consensuar una agenda de trabajo contribuiría a aprovechar la actual coyuntura cuya expansión podría prolongarse varios años.

Felipe Frydman es economista y diplomático.

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