Mercosur: la ilusión de un real cambio de ritmo

admin

26/03/2021

Se cumplen 30 años del Mercosur, un proceso con fin integrador, muy conocido y transitado por las empresas de la región, pero que aún “sabe a poco”. Muchos desencuentros a lo largo de estos años y un desempeño quizás por debajo de lo que se esperaba en 1991, de acuerdo al potencial productivo del área abarcada.

Actualmente, la novedad que lo desafía es el supuesto acuerdo con la Unión Europea, que -de concretarse- impulsará nuevamente al bloque. Es un proyecto convocante de larguísima negociación, en la cual concretamente Francia ha puesto reparos relacionados con el medio ambiente.

Se impone para repasar estos primeros 30 años, una reflexión histórica en cuanto a los orígenes y vaivenes de la unión aduanera.

En los 60, se sucedieron los proyectos diversos de ALADI (Asociación Latinoamericana de Integración) y ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio), con poco impacto efectivo para impulsar la integración en la región. En los 80, reinstaladas las democracias en Argentina y en Brasil, sus presidentes Raúl Alfonsín y José Sarney plantearon la simiente del Mercosur.

Se impulsaron proyectos de intercambio bilateral sectorial en áreas clave como la automotriz. La idea de fondo era disminuir la hipótesis tradicional de conflicto militar con Brasil, lógica similar a la que tuvo Europa paraevitar, gracias al mayor comercio, una nueva guerra civil en el continente.

En 1991 se concreta el Tratado de Asunción, que establece que los cuatro países miembro deberán converger en la coordinación macroeconómica, objetivo que nunca cumplimos.

Desde el principio, y hasta casi fines de la primera década del Mercosur, hubo mucha expectativa y renovación sectorial en la región. Se impulsó una ampliación fuerte del comercio entre los países del bloque, en una región que se caracterizaba por el bajo intercambio comercial. A su vez, se acordaron proyectos de integración energética y de infraestructura.

Sin embargo, en lo que va del siglo 21, el bloque no ha impulsado una salida común exportadora a modo de plataforma, y disponiendo de mayor masa crítica, su rol como área de negociación, viene siendo muy cuestionable.

Es un mercado común que además carece de una institucionalidad clara para su funcionamiento, no hay una “Bruselas” con mandato enérgico. Depende demasiado de la vocación de diálogo de los presidentes de turno, en especial de los de Brasil y Argentina.

El Mercosur sí ha sido funcional para asegurar estabilidad democrática. Pero es criticado por ser una unión aduanera imperfecta, con un arancel externo común elevado. Este aspecto siempre es señalado por Uruguay.

También se le cuestiona al bloque que no mantenga flexibilidad. Es el argumento propio de Brasil y de Uruguay, que se intensifica y ha sido planteado ayer, en la cumbre de Buenos Aires. Ambos quieren libertad para desarrollar tratados de libre comercio con otros países, principalmente algunos de Asia.

En definitiva, es de esperar que este deseable relanzamiento nos prepare para un Mercosur efectivamente más dinámico, competitivo y flexible, que deber ser sostenido y monitoreado sin pausa desde la política pública y desde la estrategia empresarial.

Eduardo Fracchia es Director del Área Economía IAE Business School, Universidad Austral

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