Michael Spinks y los últimos 91 segundos de una carrera ejemplar que terminó con una brutal paliza de Mike Tyson

admin

23/01/2021

Ciento trece segundos se tomó Michael Buffer para presentar a los contendientes. Lo hizo con la puntillosidad y la elegancia de costumbre. Otros 143 segundos le habían requerido la introducción y la presentación de las autoridades de la pelea. Ese hombre, que antes de convertirse en el más famoso anunciador del planeta había sido modelo y vendedor de autos, no sabía entonces que su labor esa noche demandaría más tiempo que la de los boxeadores. Y que a uno de ellos ya no volvería a verlo sobre un ring.

Noventa y un segundos le tomó a Mike Tyson el 27 de junio de 1988 descargar ese chubasco de poco más de 20 golpes (de los cuales 8 llegaron a buen destino) que le permitió sumar su 35ª victoria profesional consecutiva (la 31ª por nocaut) y dar forma a la cuarta pelea más breve en la historia del campeonato de peso pesado: solo lo habían hecho más rápido James Jeffries ante John Finnegan en 1900 (55 segundos), Michael Dokes contra Mike Weaver en 1982 (63 segundos) y Tommy Burns frente a Jem Roche en 1908 (88 segundos).

Noventa y un segundos duró el combate más importante y más rentable en la vida de Michael Spinks, por el que cobró 13,5 millones de dólares (148.351 dólares por cada segundo de acción), pero que dejó su nombre asociado a esa imagen claudicante. Una imagen que no le hizo justicia a una carrera que hasta esa noche había sido impecable y que luego de ese traspié no tuvo más capítulos.

Esa carrera había comenzado a la sombra de Leon, su hermano mayor, quien lo había acercado al mundo de los guantes durante la adolescencia en su Saint Louis natal. Juntos habían sido parte del más brillante equipo olímpico estadounidense, el que participó en Montreal 1976 y que tenía como estrella a Sugar Ray Leonard. En esos Juegos, los púgiles norteamericanos ganaron 35 de 41 peleas y cosecharon cinco medallas de oro, una de plata y una de bronce en 11 categorías.

Leon, que tenía 23 años y era cabo de la Marina, venció al cubano Sixto Soria en la final de la categoría mediopesado; Michael, que tenía 20 y trabajaba como lavacopas en un restaurante, liquidó al soviético Rufat Riskiyev en el combate decisivo de la división mediano. Así, se convirtieron en los primeros y únicos hermanos boxeadores que ganaron medallas de oro olímpicas.

Michael Spinks ganó la medalla de oro en la categoría mediano en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976.
Michael Spinks ganó la medalla de oro en la categoría mediano en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976.

Después de la consagración en Montreal, Michael no pensaba ser profesional, sino que estaba enfocado en ayudar a su madre a garantizar el sustento para sus hermanos menores. Para ello, había conseguido otro empleo como trabajador de limpieza en una fábrica de productos químicos. Pero Butch Lewis, quien por entonces era vicepresidente de la promotora Top Rank y manejaba la carrera de Leon, le insistió hasta que logró convencerlo: debutó el 16 de abril de 1977 con un triunfo en el primer round ante Eddie Benson en Las Vegas.

De todas formas, Michael veía inicialmente el boxeo como una forma de asistir a su hermano. “Lo hago principalmente para estar con él, para ayudarlo porque estaba y estoy muy preocupado por él. Es muy débil en algunos puntos. Tiene una tendencia a confiar en personas en las que no debería”, contó en marzo de 1978, un mes después de que Leon, en su octava pelea profesional, derrotara a Muhammad Ali y se apoderara del título mundial pesado.

Por entonces, Michael se había desvinculado de Top Rank siguiendo los pasos de Butch Lewis, quien había formado su propia promotora, y su futuro era incierto. Estuvo diez meses inactivo y luego pasó casi un año sin combatir. Su carrera parecía atada a los bamboleos de su hermano, que había perdido la revancha con Ali e iniciaba un declive tan veloz como había sido su ascenso.

Michael Spinks (izquierda) y su hermano Leon (derecha) fueron los únicos hermanos boxeadores que ganaron medallas de oro olímpicas.
Michael Spinks (izquierda) y su hermano Leon (derecha) fueron los únicos hermanos boxeadores que ganaron medallas de oro olímpicas.

A partir de 1980, Michael comenzó a tener continuidad y buenos resultados, que le permitieron acceder a una chance mundialista. En su 17ª salida profesional, consiguió el título semipesado de la Asociación Mundial de Boxeo el 18 de julio de 1981, cuatro días antes de cumplir 25 años, al superar por puntos a Eddie Mustafa Muhammad (Eddie Gregory, antes de su conversión al Islam), quien para esa pelea había tenido que bajar 12 kilos en dos meses tras una fallida incursión en el peso pesado. Spinks derribó a su rival en el 12° round y se terminó imponiéndose con holgura en las tarjetas.

En una categoría en la que no abundaban los grandes adversarios, hizo cinco defensas exitosas antes de capturar también el cetro del Consejo Mundial de Boxeo en marzo de 1983. En la pelea mejor remunerada en la historia de la categoría hasta ese momento (ambos contendientes cobraron 1,2 millones de dólares), batió por puntos a Dwight Muhammad Qawi, quien en 1978 había sido liberado tras cumplir una condena de cinco años y medio por robo a mano armada y había anunciado su conversión al Islam cuatro meses antes de enfrentar a Spinks.

El ganador se convirtió en el campeón indiscutido de las 175 libras, algo que nadie había logrado desde el primer retiro de Bob Foster en 1974. Pero esa noche en Atlantic City la celebración no pudo ser plena ya que solo dos meses antes Sandra Massey, su novia y la madre de Michelle, su hija de dos años, había fallecido en un accidente vial en Philadelphia.

A esos dos cinturones les añadió un año después el de la recién nacida Federación Internacional de Boxeo, que le ganó a Eddie Davis. Ya no había desafíos ni buenas bolsas en esa división. Por eso, después de otras dos defensas contundentes y pese a que varias veces había dicho que no estaba interesado en subir de categoría, saltó al universo de los pesados.

Michael Spinks ganó el título mediopesado del CMB al derrotar a Dwight Muhammad Qawi en marzo de 1983.
Michael Spinks ganó el título mediopesado del CMB al derrotar a Dwight Muhammad Qawi en marzo de 1983.

Allí, el hombre era Larry Holmes, quien reinaba desde 1978, había hecho 19 defensas exitosas (una marca solo superada por Joe Louis, con 21) y había ganado sus 48 combates rentados, entre ellos uno ante Leon Spinks en 1981 que había durado menos de tres rounds. Cuando le tocó enfrentar a Michael, Holmes estaba en las puertas del récord de Rocky Marciano, quien había salido victorioso en sus 49 combates antes de retirarse campeón.

Si bien había tenido algunos sobresaltos en sus últimas defensas, Holmes, ya con 35 años, era amplísimo favorito ante un rival que para enfrentarlo había hecho un trabajo especial durante ocho semanas que le había permitido aumentar más de 10 kilos gracias a una dieta de 4.500 calorías diarias (que se componía principalmente de verduras y cereales) y a un duro trabajo de pesas. Aun así, el día del pesaje Spinks registró 10 kilos menos que su contrincante.

“No me importa lo que coma o lo que levante. Cuando entre al ring, será más pequeño que yo y tendrá miedo. Él fue quien tiró la toalla para evitar que golpeara a Leon”, recordó Holmes. Sin embargo, Michael fue un rival mucho más duro que su hermano y, después de 15 asaltos desprolijos y reñidos, llevó la decisión a las tarjetas. En fallo unánime, el retador se quedó con el triunfo. Así, él y Leon se convirtieron en los primeros hermanos en conseguir el título de la división máxima.

Convencido de que había sido perjudicado por los jueces, Holmes anunció su retiro después de la pelea (“Dios te da señales cuando es hora de dejar. Este es mi momento, esto es todo”, explicó), pero una oferta de 1,125 millones de dólares le permitió desoír los mensajes divinos y volver a un cuadrilátero siete meses después para la revancha.

Si el primer duelo había generado discusión, mucho más lo hizo el segundo. Nuevamente fueron los jueces los encargados de decidir el destino de la contienda: Joe Cortez vio ganar a Holmes, pero Jerry Roth y Frank Brunette le otorgaron la victoria a Spinks. En una encuesta posterior, 42 de los 46 periodistas consultados consideraron que el triunfo había sido del retador. Esta vez, Holmes se salteó las referencias supraterrenales. “Los jueces, árbitros y promotores pueden besarme donde el sol no brilla, que es en mi gran culo negro”, propuso. Y otra vez anunció su retiro, aunque tampoco cumplió su palabra.

Larry Holmes (izquierda) y Michael Spinks (derecha) protagonizaron dos combates con fallos controvertidos.
Larry Holmes (izquierda) y Michael Spinks (derecha) protagonizaron dos combates con fallos controvertidos.

Esa pelea, por la que Spinks cobró 2 millones de dólares, era parte de una iniciativa de HBO, que se había propuesto coronar a un campeón pesado unificado como había sucedido casi sin excepciones hasta la década de 1970. Para ello había reunido a los mejores exponentes de la categoría en un torneo en el cual planeaba invertir 16 millones de dólares (terminaron siendo 22 millones).

Pero a poco de andar Butch Lewis, el promotor de Spinks, consideró que lo mejor para su boxeador era apartarse de ese torneo de HBO y enfrentar a Gerry Cooney por una bolsa de 4 millones de dólares, mucho más tentadora que el medio millón que cobraría por una defensa obligatoria ante Tony Tucker, retador número uno de la FIB. En febrero de 1987, el organismo con sede en Nueva Jersey despojó del título a Spinks y ordenó un duelo entre Tucker y James Buster Douglas por la corona vacante.

Por esos días, el campeón de la AMB era James Smith y el del CMB, un muchacho de solo 20 años que tres meses antes se había transformado en el monarca pesado más joven de la historia y que pronto se apoderaría de los cinturones de los otros dos organismos: Mike Tyson.

La disputa entre Butch Lewis y HBO por el supuesto incumplimiento contractual se saldó el 19 de marzo de 1987, cuando el juez Elliot Wilk, de la Corte Suprema del Estado de Nueva York, consideró que Spinks ya no tenía obligación de participar en el torneo unificatorio que impulsaba la cadena porque había sido despojado de su título por la FIB.

La sentencia allanó el camino para el enfrentamiento con Cooney, quien había sido presentado a principios de la década de 1980 como la gran esperanza blanca entre los pesados, pero que en 1982 había sido noqueado por Holmes y luego había peleado poco, limitado por lesiones y consumos problemáticos de sustancias. El 15 de junio de 1987, Spinks, que daba la impresión de ser muy pequeño para la categoría pesado, desequilibró una contienda cerrada en el quinto round con una tunda a la que el árbitro Frank Cappuccino puso fin a nueve segundos de la campana.

Michael Spinks noqueó a Gerry Cooney en su penúltima pelea profesional.
Michael Spinks noqueó a Gerry Cooney en su penúltima pelea profesional.

Uno de los 15.732 espectadores que vio ganar a Spinks en el Convention Hall de Atlantic City fue Tyson, que tres meses antes también se había apoderado de la corona de la AMB al derrotar a James Smith. Un mes y medio después, Iron Mike se quedaría con el cetro de la FIB con una deslucida victoria por puntos ante Tony Tucker y se convertiría en el campeón unificado de peso completo, como había proyectado HBO. Invirtiendo los roles, esa vez a Spinks le toco oficiar de espectador en la última fila del sector más alejado del cuadrilátero en el Hilton de Las Vegas.

Esa noche, al propietario de los tres cinturones le consultaron si su próximo adversario sería Spinks. “Tendrías que hablar con Jim Jacobs (su mánager). Yo peleo con quien él quiera”, respondió. Al hombre que todavía era considerado campeón lineal, ya que había ganado un título y no lo había perdido sobre el ring, le propusieron que desafiara allí mismo a Tyson. “Me temo que podría golpearme y no es el tipo con el que querría pelear en la calle. Si lo consigo en el ring, eso es diferente”, explicó. El sendero estaba trazado para que ambos se encontraran.

Pero ese recorrido no fue corto ni fácil. Pasó casi un año hasta que el campeón unificado y el monarca sin corona se cruzaron para decidir quién sería el único rey.

“Once and for all” (“De una vez por todas”) fue el slogan que se eligió para promocionar el enfrentamiento. Si bien Nueva York y Las Vegas aspiraban a ser sedes del duelo, Donald Trump pagó 11 millones de dólares para que la velada se llevara a cabo el 27 de junio de 1998 en el Convention Hall de Atlantic City, justo frente al Trump Plaza. El magnate y futuro presidente terminó recuperando con creces su inversión gracias a la recaudación por venta de entradas (12,3 millones) y al movimiento que el evento produjo en sus tres casinos durante esos días. En total, la cartelera generó ingresos por 67 millones de dólares brutos.

Mike Tyson y Michael Spinks (en el centro), acompañados por Don King, Donald Trump y Butch Lewis durante la presentación de la pelea entre ambos.
Mike Tyson y Michael Spinks (en el centro), acompañados por Don King, Donald Trump y Butch Lewis durante la presentación de la pelea entre ambos.

En la ceremonia de pesaje que se llevó a cabo en el teatro del Trump Plaza un día antes del duelo, Tyson, que había peleado por última vez 97 días antes (había noqueado a Tony Tubbs en Tokio), detuvo la báscula en 99 kilos. Spinks, que llevaba 377 días sin combatir desde su enfrentamiento con Cooney, marcó 96,3 kilos, el registro más alto de su carrera. “Michael tendrá que boxearlo, boxearlo, boxearlo. Debe frustrarlo, hacer que se equivoque y aprovecharse de eso. Se sabe que Tyson se frustra”, explicó Eddie Futch, el entrenador del retador.

En los días previos a la pelea, el campeón (que en marzo había perdido a Jim Jacobs, su mánager principal, como consecuencia de una leucemia) había estado cercado por un cúmulo de tensiones: diferencias con su entrenador, Kevin Rooney; peleas subterráneas por el manejo de su dinero e incluso una demanda de su esposa, Robin Givens, contra su otro mánager, Bill Cayton, para romper el contrato que los unía. Jugar con sus nervios podía ser una buena táctica. Al menos eso consideró Butch Lewis minutos antes de que los protagonistas recorrieran el camino hacia el cuadrilátero.

Vestido con un elegante esmoquin blanco pero sin camisa, el promotor de Spinks entró al vestuario de Tyson, revisó sus guantes y creyó encontrar un bulto sospechoso en la zona de la muñeca izquierda. Los asistentes del campeón explicaron que era el nudo de los cordones, pero Lewis siguió reclamando y exigió que Larry Hazzard, presidente de la Comisión Atlética del Estado de Nueva Jersey, examinara ese guante, que finalmente nada anormal tenía. Esa discusión fastidió a Tyson. “Sabés, ahora le voy a hacer daño a este tipo”, le comentó a Rooney, haciendo referencia a Spinks.

Así lo hizo. En apenas 91 segundos.

Michael Spinks, tendido en la lona, escucha la cuenta del árbitro Frank Cappuccino. Mike Tyson espera el desenlace.
Michael Spinks, tendido en la lona, escucha la cuenta del árbitro Frank Cappuccino. Mike Tyson espera el desenlace.

“Intenté hacer lo que sabía que tenía que hacer: pelear. No me mantuve cara a cara con él, pero traté de lanzar golpes y me quedé corto”, procuró explicar el vencido tras su primera derrota como profesional, en la que además había registrado sus primeras dos visitas a la lona. Pero no había mucho más para decir esa noche.

El 27 de julio, un mes después de aquel revés y cinco días después de su 32° cumpleaños, Spinks volvió a hablar. Pero no sobre el pasado, sino sobre el futuro. “He logrado lo que quería lograr en el boxeo. No hay mucho más que pueda hacer ahora”, explicó durante una conferencia de prensa que brindó en un restaurante de Manhattan y que tuvo que interrumpir más de una vez porque las lágrimas le impedían articular las palabras.

“Siempre dije que cuando llegara el momento, no quería retirarme, sino solo renunciar. Que la gente dijera: ‘¿Qué le pasó a Michael Spinks?’. Es más fácil seguir ese camino”, explicó el excampeón. A diferencia de su hermano Leon y de sus viejos rivales Holmes y Tyson, jamás volvió a un ring después de anunciar su adiós.

Lo leiste en #FMVoz

Un sector del movimiento evangélico, a la oposición

Un sector del movimiento evangélico, a la oposición

Durante dos días un importante sector del movimiento evangélico deliberó en Rosario qué rol tendrá en las próximas elecciones legislativas. Allí estuvieron, en la asamblea del partido Una Nueva Oportunidad (UNO), con representantes de 12 de las 14 provincias donde ya...

0 Comments

Dejá una respuesta