Monteverdi no le teme a la peste

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09/07/2021

Después de varias postergaciones (la fecha anunciada para fines de abril se fue prorrogando tentativamente hasta que ahora fue posible concretarla), el Teatro Colón pone en marcha su actividad anual. Tal como el contexto lo hacía intuir, la temporada 2021 es atípica, ya que los protocolos obligan a plantear espectáculos de duración y despliegue escénico acotados, y la ópera presenta siempre grandes desafíos. Dentro de esta planificación, casi no extraña que el primero de los títulos líricos no sea una ópera en rigor de verdad. Al mismo tiempo, la elección aparece como una deuda saldada con un repertorio raramente presente en las temporadas del Colón: el barroco temprano.

Altri canti (Otras canciones), tal el nombre del espectáculo que ofrece por estos días el Teatro Colón, reúne en torno a la música de Claudio Monteverdi a dos artistas que ya habían realizado juntos varias producciones de ópera en otros escenarios: el director musical Marcelo Birman y el régisseur Pablo Maritano. Con escenografía de Nicolás Boni, vestuario de Renata Schussheim, iluminación de José Luis Fiorruccio y video de Matías Otálora, Altri canti cuenta con una orquesta de instrumentistas especializados en la música de este período y un elenco de notables cantantes: Oriana Favaro, Daniela Tabernig, Constanza Díaz Falú, Adriana Mastrángelo, Martín Oro, Santiago Martínez, Pablo Urban, Víctor Torres, Hernán Iturralde e Iván García, entre otros. Radicado actualmente en Brasil, y de regreso a su ciudad natal -Buenos Aires- para esta producción, Pablo Maritano revela el concepto detrás del espectáculo y los desafíos de su realización.

–¿Qué tienen en común las tres piezas que se integran en Altri canti?

–Este es un espectáculo sobre obras de Monteverdi en stile rappresentativo que no son óperas en sí; de ellas estamos haciendo prácticamente todas. Están las tres emblemáticas de la recopilación de 1638, el Octavo libro de madrigales: Il ballo delle ingrate, Il combattimento di Tancredi e Clorinda y el Lamento della ninfa. Es una recopilación extraña, porque hay una obra de 1608, una de 1624 y una que presumimos cercana a la edición del libro. Il ballo delle ingrate es el mejor título de la historia del género, a pesar de que la obra es una de esas tan amorales, sádicas y crueles que hay que correrlas para el lado que disparan… El Combattimento, la obra más difícil que me ha tocado hacer, es muy compleja en su aparente facilidad, muy elusiva; y está también el Lamento della ninfa. Dos de estas obras tienen texto de Ottavio Rinuccini, de cuya muerte se cumplen 400 años en 2021, así que es casi un homenaje a él. Agregamos algunas piezas para una organización en una especie de políptico. No tiene sentido hacer una ilación dramatúrgica sino presentarlas como lo que son. Incluimos también fragmentos que funcionan un poco organizando el espacio, como Hor che’l ciel e la terra, el fragmento de música más impactante de los últimos 500 años, que demuestra que Monteverdi pateaba la pelota 500 metros para adelante cada vez que jugaba. Hay una especie de “intermezzo arcádico” que incluye una serie de scherzi y madrigales y que termina con el Lamento della ninfa.

–¿Cómo logra que estos fragmentos conformen un conjunto coherente?

–La obra funciona como un políptico: no hay que pretender unirlas sobre todo en una situación como la actual. Uno puede entender grosso modo que el Ballo delle ingrate habla sobre el amor histérico o muy narcisista y que el Lamento della ninfa habla sobre el amor equivocado. Si Il combattimento di Tancredi e Clorinda es compleja, es porque todos los elementos dramatúrgicos están invertidos; es una obra donde el género funciona en toda su polisemia. Más que una pieza escénica es casi una pieza de radioteatro. La música cuenta la acción, y lo interesante es lo que uno no ve, y en el otro sentido está el combate entre lo masculino y lo femenino, que puede ser entre un hombre y una mujer o entre las partes masculinas y femeninas, como las mujeres de Tasso, con corazón de hombre, o los hombres femeninos. Trabajar este repertorio es un placer que redime de cualquier miseria de nuestra contemporaneidad. Son piezas experimentales, por eso me parece fundamental no intentar unirlas. Es un retablo de las maravillas.

–¿Cuáles fueron las restricciones con las que tuvo que trabajar en este caso?

–Son las lógicas, cada teatro tiene su protocolo, pero más o menos el mismo se maneja en todo el mundo: objetos sanitizados, circulación separada en el teatro, distancia lateral de un metro y un poco más, distancia frontal de dos metros y un poco más, sin contacto directo, sin besos… Tenemos un dispositivo escenográfico, músicos en el foso y un par en escena.

–Dentro del elenco hay cantantes con mucha experiencia en este repertorio, y otros que se aproximan a él por primera vez. ¿Qué desafíos y satisfacciones implicó trabajar con ellos?

–Es un elenco heterogéneo desde la aproximación al repertorio, pero no desde la técnica, el contacto con el texto o el profesionalismo. Tenemos a muchos especialistas trabajando en la preparación: Rosa Domínguez, Marcelo Birman, Manuel de Olaso… y el ensamble que tenemos en el foso es un lujo. Me gusta trabajar con cantantes serios, profesionales, que trabajan con la palabra y con el cuerpo, y que tienen algo para decir actoralmente, no los que recién conocen la obra en el ensayo pregeneral o no la saben de memoria. En la época en la que fueron creadas estas obras no había grandes diferencias entre cantantes y actores.

–El humor y la ironía siempre están presentes en sus puestas. ¿De qué manera se manifiestan aquí?

–El humor y el amor nos redimen frente al cinismo y esta chabacanería en la que estamos cayendo como civilización entera. En este caso está presente en los scherzi musicali. La gran mayoría de las obras que tenemos son serias: Ballo delle ingrate, Hor che’l ciel, los trabajo desde una seriedad absoluta y con una gestualidad que ayude a los cantantes, porque la gestualidad invita a la proyección de la palabra, y eso los obliga a trabajar el texto desde un lugar en el que hay que articular el cuerpo entero. Combattimento es una obra muy seria, en este caso la Arcadia funciona como un intermezzo muy a la Monteverdi, con grandes contrastes. Cuando Monteverdi es tremendo es tremendo, cuando es cómico es hilarante, cuando es sádico es ominoso, cuando es metafísico es una inmersión en lo más profundo del alma humana. Uno tiene que justamente ser humilde ante tamaño artista, de la misma manera en la que él era humilde, un trabajador y una persona obediente, que no se consideraba un revolucionario, pero sin duda dialoga desde un lugar muy humilde con respecto a la palabra: Tasso, Petrarca, Runiccini, Striggio. Monteverdi es como el sol y la poesía es como un vitral: él ilumina el texto desde adentro. No deja posibilidad rítmica sin ser explorada, y da la sensación de que texto y música nacieron juntos. Monteverdi es el padre de lo que hacemos. Es aplicado y trabajador como Bach, intuitivo y rupturista como Mozart y revolucionario como Beethoven, todo en uno.

Años atípicos

“Me considero super afortunado porque por el hecho de haberme quedado fuera del país pude trabajar: la pandemia me agarró primero en Asia y después en Europa y después me fui a Brasil”, dice Maritano, quien llegó a estrenar el año pasado un espectáculo en el Complejo Teatral de Buenos Aires, Siglo de Oro trans (hoy de nuevo en cartel) antes de partir a Georgia para otro proyecto. De ahí en adelante el 2020 transcurrió para el director de escena entre San Pablo, Bolonia, Berlín y París. A pesar de todas las restricciones y las cancelaciones, logró estrenar cinco producciones, con y sin público en sala. Maritano no teme por el futuro del arte lírico, y simultáneamente tiene claro su rol dentro de su engranaje: “La ópera está viva hace 400 años, nosotros somos hormigas… Nuestro trabajo es mostrarle a la gente que la ópera le gusta y no lo sabe. Hay que tener un diálogo íntimo, profundo y de amor con la obra. Hay que dejar que esa música hable, que no es poca cosa”.

Otras canciones que vuelven

Luego de la parálisis casi total de las actividades que la pandemia motivó en nuestro país el año pasado, y pese a que el panorama sigue cambiando y las estadísticas siempre tienen la última palaba, la ópera local lucha por la supervivencia. Si bien no todas las instituciones públicas o privadas están en condiciones de retomar sus producciones (la incertidumbre sobre las fechas tentativas de reapertura de sala hizo que no todos pudieran anunciar o concretar funciones), el primer semestre del 2021 comprende varios proyectos realizados.

A principios de año, el Teatro Argentino de La Plata complementó su ciclo en streaming Música al RAS (Registros Afuera de la Sala) con una serie de actividades presenciales. El Camión Lírico, coproducción entre el Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica bonaerense y el Ministerio de Cultura de la Nación, presentó en este marco La flauta mágica de Mozart, en adaptación para toda la familia y en un formato itinerante que ya llevó este espectáculo al predio de Tecnópolis y a localidades de la provincia; participa un doble elenco de cantantes, la versión y dirección escénica es de María Concepción Perre y María de la Paz Perre, y pianistas del Teatro Argentino realizan el apoyo instrumental. Además, en marzo la Orquesta Estable del Teatro ofreció, junto a solistas y con dirección de Carlos Vieu, una gala lírica en el marco de los Atardeceres en Tecnópolis.

Dos asociaciones independientes se animaron a presentar sus espectáculos antes del cierre total de salas que llegó en abril. El Ensamble Lírico Orquestal ofreció El elixir de amor, viaje lírico imaginario (adaptación de la ópera de Donizetti) en el nuevo espacio Qué Tren Club Cultural, en Belgrano, con puesta de Raúl Marego, dirección musical y piano de Gustavo Codina, coro y un elenco encabezado por Luis Gaeta, Sebastián Russo y Silvina Petryna. Por su parte, la compañía Música en Escena recreó en el Teatro Empire la ópera Dido & Eneas de Purcell, con coro, solistas y ensamble instrumental, producción que volverá a ese escenario en agosto. Sin producciones con público a la vista por ahora, la asociación Juventus Lyrica sigue apostando por su programa de formación online de cantantes, que en el 2020 otorgó casi 140 becas a participantes de 11 países y de toda la Argentina.

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