Murió Antonio Russo, alma y vida de la ópera en la Argentina

admin

21/05/2021

Después de una dura batalla contra lo inevitable, y a los 86 años, este jueves 20 de mayo murió en Buenos Aires Antonio María Russo, una de las figuras más destacadas de la vida musical argentina. Director de coro y orquesta, compositor y docente, a lo largo de más de medio siglo Russo dejó su huella en numerosas instituciones educativas y musicales.

Su labor ininterrumpida al frente de la asociación de ópera Juventus Lyrica (que fundó junto a Ana D’Anna y de la que era director principal desde su primera producción, Don Giovanni de Mozart, en abril de 1999) dio formación profesional y oportunidades de “foguearse” a muchos cantantes argentinos y extranjeros, en tiempos en los que el off-Colón era prácticamente el único escenario posible para los jóvenes artistas de la lírica.

Paradójicamente, su última labor como director en Juventus Lyrica no fue en el Teatro Avenida, sede de las producciones de esta entidad, sino en el Teatro Colón, en el marco de la gala por sus 20 años, en septiembre del 2019. “Llevamos grabadas sus enseñanzas, su maestría musical y su exquisita interpretación en la memoria y en el corazón”, cierra el comunicado que emitió la asociación.

El maestro Antonio Russo.
El maestro Antonio Russo.

Un hombre con dos patrias

Argentino por adopción e italianísimo por origen y temperamento, Russo había nacido en Messina (Sicilia) en 1934, y desde 1951 vivía en nuestro país. Su formación estuvo a cargo de algunos de los docentes más respetados de nuestra historia: Erwin Leuchter, Roberto Kinski, Enrique Sivieri, Carlos Suffern y Julio Floriani. Aunque completó el profesorado de piano en el Conservatorio Manuel de Falla, un accidente en la mano izquierda frustró su ambición de pianista y reencauzó su tarea hacia la dirección coral y orquestal, la composición y la docencia.

Como director de coros, su trayectoria comenzó en el Coro de Niños del Collegium Musicum y se extendió hasta algunos de los ensambles más importantes, como el Polifónico Nacional, el Estable del Teatro Colón y la Asociación Wagneriana. Otro aspecto relevante en su carrera fue la fundación del Coro Bach de Buenos Aires, que dirigió desde 1965 hasta 1985.

Su actuación en el podio de orquestas abarcó a los organismos más importantes de nuestro país y algunos del exterior. Especializado en la música vocal-instrumental, además de abordar óperas de Mozart a Puccini Russo estrenó en la Argentina obras importantes del repertorio, desde una ópera del barroco español (Celos, aún del aire, matan) y el oratorio Jephtha de Händel hasta la Misa glagolítica de Janácek.

La escritora Elsa Bornemann y el maestro Antonio Russo, protagonistas de obra "Pequeños blancos amores" , en 2000. Foto DYN
La escritora Elsa Bornemann y el maestro Antonio Russo, protagonistas de obra “Pequeños blancos amores” , en 2000. Foto DYN

Su faceta como compositor

Desde 1992 Russo se abocó con mayor ímpetu a la composición; su obra comprende desde música para coro a cappella hasta grandes creaciones sacras, como su Magnificat (1999), su Misa Corpus Christi (2000) y su Pasión según San Juan (2002).

Más allá de su intenso trabajo docente en carreras de dirección coral y orquestal en la Universidad Católica Argentina, la Universidad Nacional de las Artes y el Conservatorio “Juan José Castro” de la Lucila, entre muchas otras instituciones, Russo llevaba la enseñanza a todos los ámbitos, desde los primeros encuentros al piano con los solistas y el coro hasta el ensayo general, pero también a las entrevistas y las charlas informales, en las que siempre afloraban su humor agudo, su inteligencia y su carácter.

Apasionado hasta el extremo, muchas veces sus colaboradores lo veían y escuchaban perder los estribos; sus exclamaciones en italiano y las innumerables anécdotas en torno a sus clases, ensayos, conciertos y funciones ya forman parte de la historia oral de la música argentina de nuestro tiempo.

WD

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