Nuestro pedacito de cielo en la tierra

admin

10/04/2021

Cuenta la leyenda que, cansado de la rutina del campo y del trabajo duro que le demandaba, un campesino decidió poner en venta su propiedad. Para hacer más atractivo el anuncio, se le ocurrió pedirle a uno de sus vecinos, poeta, que pergeñara el texto destinado a tentar a los futuros compradores. Su pluma, estaba seguro, sería la mejor estrategia de marketing posible.

Sin pensarlo dos veces, el poeta aceptó el ofrecimiento, y puso manos a la obra. “Vendo un pedacito de cielo, adornado con bellas flores y verdes árboles, hermosos prados y un cristalino río con el agua más pura que jamás hayan visto”. El poeta redactó el aviso y marchó a cumplir compromisos lejos de su lugar.

Al cabo de un largo tiempo regresó, dispuesto a conocer a sus nuevos vecinos, los compradores de la finca que con sus palabras habría ayudado a vender. Para su sorpresa, no había habitantes extraños en el lugar. Estaba, en cambio, el dueño de siempre, tan atareado en sus faenas como de costumbre.

El recién llegado se quedó perplejo. Como pudo, alcanzó a balbucear una pregunta: “¿No me dijo usted que estaba cansado de tanto trajín, que no veía el momento de mudarse de aquí?”. La respuesta no se hizo esperar. Con una sonrisa de oreja a oreja y una expresión casi beatífica en el rostro, el hombre le contestó: “Mi querido amigo, después de leer el aviso que usted redactó, comprendí que tenía el lugar más maravilloso de la tierra y que nunca podría encontrar otro mejor”.

Es curioso cómo a veces son otros los ojos que ayudan a ver lo que en realidad no apreciamos como deberíamos, por demasiado visto, por estar tan a mano. O cómo la inminencia de una pérdida, aun una buscada, permite revalorizar lo que estamos a punto de dejar. O cómo a veces el cielo está tanto más cerca de lo que pensamos.

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