Personajes inolvidables de los 70 años de la TV: Fidel Pintos, el rey de la sanata

admin

07/04/2021

Qué festival se haría hoy un tipo como él. A 47 años de su muerte, su estilo, su impronta, su gracia, su mejor bandera humorística y su talento lo tendrían en cadena: Fidel Pintos era, entre otras muchas cosas, el rey de la sanata. No precisamente porque él fuera un versero en la vida: su personaje emblema lo rebautizó para siempre.

No habrá ningún otro como él. No lo decimos sólo nosotros: lo decían Tato Bores, Albero Olmedo, Niní Marshall. Y seguirían las firmas. En el 70° aniversario de la televisión argentina, Fidel merece cuadro de honor.

Luego de pasar por varias fuentes que repreguntaban si había sido familiar de Abel Pintos o sí habría alguna foto suya para mostrar e intentar identificarlo, finalmente la actriz María Rosa Fugazot echa mano a su brillante memoria emotiva y asegura que “el viejo Fidel era un capo del teatro de revistas, de la radio, de la televisión… Y, además, era pura ternura. Trabajamos muchos años juntos en los programas de los hermanos Sofovich. Y, cuando había una discusión o alguien se enojaba en el estudio, se le llenaban los ojos de lágrimas. No soportaba el mal clima de trabajo. Verlo triste era una puñalada. Imaginate lo que representaba esa escena, la de un hombre grande al borde del llanto, que hasta Gerardo se iba al mazo”.

Nacido el 28 de agosto de 1905 -justo 40 años antes que Clarín– en el bajo Belgrano, Fidel Adolfo Pintos se probó en varios trabajos antes de convertirse en uno de los mejores cómicos de la Argentina. A su sólida base de humor blanco, con el tiempo le fue aportando colores, a los que supo subirles el tono en las revistas del Maipo o del Astros -dos de sus escenarios más transitados- o potenciarle la picaresca en el cine, o perfeccionar una gama en su paso por la TV.

Tres grandes del buen humor: Javier Portales, Fidel Pintos y Luis Tasca.
Tres grandes del buen humor: Javier Portales, Fidel Pintos y Luis Tasca.

Fue en la pantalla chica donde patentó una de sus mejores creaciones, el Sanata que figuraba en los libros de La mesa de café (1963), como se llamó originalmente el sketch de Operación Ja Já y que luego devino en programa con el título de Polémica en el bar.

Sentado alrededor de una mesa tomada por los grandes de la época, como Javier Portales, Adolfo García Grau, Juan Carlos Altavista, Mario Sánchez y un puñado de figuras más, como Vicente La Russa y Carlos Carella, Pintos era el dueño del murmullo, el tipo que se las sabía todas, y cuando no las sabía… las sanateaba.

Más de uno debe haber pedido el subtitulado, pero es que no había nada que subtitular (más allá de que los videos que publicamos aquí lo estén): su gracia radicaba en la enorme capacidad de hablar sin decir nada por momentos, colando un par de interjecciones o muecas que lo hacían seguir de largo. Con el tiempo veríamos en varios ejemplos de nuestra clase política que aquello hizo escuela.

Nadie sanateaba como él, pocos hacían reír como él. Aún hoy, a casi 60 años de su aparición en la mesa construida por Hugo y Gerardo Sofovich, y que pasó por varios canales, su retrato está colgado en una de las paredes del actual Polémica en el bar que conduce Mariano Iúdica por América. Esos homenajes no se regalan.

Otro de los que coincidió con él en un trabajo, en la película Me gusta esa chica (1973), es Arturo Puig. Del otro lado de la línea, reconoce sin pudor que “creo que no tuve contacto directo con él y, si lo tuve, no lo recuerdo, pero sí sé que era un tipo divino. No tengo anécdotas como colegas. Sólo puedo hablar de él como espectador, como admirador. Cuando veía la mesa de Polémica, con unos actores maravillosos, lo que hacía Pintos me mataba… Esa cosa genial, sanatera, que no se entendía nada, pero que la hacía como nadie. Me moría de risa. Eran todos muy profesionales, muy metidos en su composición, con condiciones actorales tremendas. Y si bien Fidel improvisaba para sanatear, todo eso estaba estudiado. Mi suegra, Carmen Vallejo (la mamá de Selva Alemán), me contaba muchas cosas de esa época, de disfrute de trabajo y de mucho talento. Ella era otra extraordinaria”.

Moria Casán también llegó a filmar con Fidel, en Los caballeros de la cama redonda. Y tampoco tuvo escenas compartidas. Pero sus recuerdos van en la misma línea de la admiración a un referente que pinta toda una época.

Más allá de que integró una sólida camada de cómicos, Fidel era diferente. Cuando alguna vez alguien le tiró ese concepto a modo de piropo, contestó (contado por él mismo): ‘Soy diferente porque tengo un naso que no me entra ni en las fotos. En mi documento, mi nariz sigue en la otra página’.

Sobre su nariz alargada, pintoresca, un rasgo al que sus personajes supieron sacarle jugo, el sitio digital Mágicas ruinas, crónicas del siglo pasado publica que, según Fidel, el mejor chiste sobre ese tema se lo había hecho su amigos Enrique Santos Discépolo: ‘Che, ¿no me alquilas un agujero para vivir?’.

El tango lo tuvo como compositor y presentador de orquestas, y en la radio brilló con su inefable modisto Monsieur Canesú.
El tango lo tuvo como compositor y presentador de orquestas, y en la radio brilló con su inefable modisto Monsieur Canesú.

Dicen que se reía de todo, especialmente de sí mismo, y que “era un espectáculo aún con la cámara apagada. Nos hacía descomponer de la risa con el sanatero en cualquier momento. Él no paraba nunca, era un gran compañero y jamás se la creyó. Yo hablo de él como ‘El viejo Fidel’ porque era como un padre o un tío para mí. Y además lo conocía desde mucho antes de laburar juntos, porque fue amigo de mis viejos”, cuenta María Rosa, hija María Esther Gamas y Roberto Fugazot.

Sobre el sueño incumplido de convertirse en cantor, ella tiene una anécdota que, como yapa, nos pincela los comienzos de la televisión en blanco y negro y de poco recursos: “Gerardo, en alguno de sus programas del que ya no recuerdo el nombre, nos hacía armar un musical en el que todos teníamos que cantar un pedacito de la canción mientras en cámara estaba uno solo, el que cantaba esa parte. Entonces armábamos una fila, uno decía lo suyo, se agachaba, pasaba por debajo de la cámara en silencio y se volvía a meter en la cola hasta que llegara otra vez su turno. Todo muy antiguo lo que te cuento. Y con Fidel nos matábamos de la risa, porque él quería cantar como fuera”.

Tanguero hasta para vestirse, compuso algunas piezas del género, como Vamos corazón, que ha interpretado la orquesta de Osvaldo Fresedo, y Te vi partir, en la voz de Hugo del Carril. El tango también lo contó como presentador y animador de viejas veladas de la década del ’40, en las que desgranaba sus “glosas”. Fue la semilla de su camino artístico. La Avenida de Mayo fue testigo de sus caminatas de madrugada, con el nudo de la corbata suelto, dicen.

Atrás quedaban entonces su trabajo como cadete bancario, con el que ganó su primer sueldo a los 15 años, sus changas y su empleo fijo en el Correo. El alma encendida de las reuniones familiares empezaba a pedir pista. A los 27 años debutó en teatro con el Grupo Churrinche, dirigido por el uruguayo Domingo Sapelli. Y, a partir de ahí, se le abrieron las oportunidades: en el ‘45 llegó al Teatro Maipo y en el ‘48 debutó en el cine, con Novio, marido y amante, de Mario Lugones, en la que compartió cartel con Enrique Serrano, Tilda Thamar y Susana Campos. El legendario Carlos A. Petit lo tenía como actor fetiche de sus compañías.

En menos de 30 años filmó 40 películas. En el ’74 se estrenó Los vampiros los prefieren gorditos, con Jorge Porcel. Ese año, el 11 de mayo, murió, mientras el cine, el teatro y la TV lo esperaban con proyectos. Era uno de los más codiciados del mercado.

Casado con María Claudina, formó una numerosa familia -sus nietas llegaron a disfrutarlo- y a muchos de sus miembros pudo contagiarles su pasión por River Plate. Pero como buen hombre que no olvida sus raíces, también era fanático del club de su viejo barrio, Defensores de Belgrano.

Niní Marshall & Fidel Pintos, dupla tomada por la gracia.
Niní Marshall & Fidel Pintos, dupla tomada por la gracia.

Había soñado con jugar a la pelota, pero cuentan que lo que mejor le salía en su casa era componer personajes. Vaya si dio muestras con Sanata, con El profesor Fidelius (una suerte de manosanta divertidísimo) o con Don Mateo, el primer peluquero de la vieja y querida peluquería que crearon los Sofovich.

“Ahí yo hacía de una tontolona que entraba y preguntaba pavadas y decía eso de ‘Hola, mami’ Te hablo de la prehistoria de la TV (mucho antes de que lo repitiera Luisa Albinoni en una de las tantas remakes)”, cuenta Fugazot a Clarín, que se lamenta de que su archivo fotográfico se haya perdido en una inundación.

Y volviendo a los personajes de Fidel no puede faltar en este tributo  su joya radial, el Monsieur Canesú que empezó a delinear en Radio Callao, a partir de 1950. Y luego llevó a otras emisoras: un modisto desopilante. En su boca, el “mesié” sonaba encantador.

A veces, para hablar de alguien, también sirve hablar de quienes lo han rodeado. Y, con los nombres de sus compañeros, tranquilamente se podría armar un seleccionado, formado entre otros por Fanny Navarro, Alberto Castillo, Tita Merello, José Marrone, Blanquita Amaro, Olmedo (Pintos fue elegido padrino de Javier, uno de los hijos del Negro), Portales, Palito Ortega, Nelly Láinez, Olinda Bozán y Zulma Faiad.

Caricatura de Fidel Pintos, que Caras y Caretas publicó en 1952. "Yo soy el del naso largo", solía decir él para identificarse.
Caricatura de Fidel Pintos, que Caras y Caretas publicó en 1952. “Yo soy el del naso largo”, solía decir él para identificarse.

Ganó un Martín Fierro en el ‘70 y la chance de abrir esta puerta de homenajes que Clarín dedica en los 70 años de un medio -se cumplen el 17 de octubre de 2021- que tuvo en sus filas al mejor sanatero de la historia.

WD

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