Por miedo a la “Formosa de Insfrán”, no pudo viajar a darle el último adiós a un familiar

admin

28/03/2021

La carta de la lectora

El 21 de abril del 2020, imprevistamente, en plena pandemia y aislamiento social por el coronavirus, nuestro cuñado falleció debido a un infarto. Quiso la vida que esto ocurriera en Riacho He He, un pequeño pueblo del interior de Formosa. “La Formosa de Insfrán”.

Quiso la vida que toda su familia, hermanos, sobrinos y cuñados, estuviésemos en otra provincia. Somos del norte de Santa Fe. Situación que, ante las políticas implementadas en Formosa, hace que tengamos vedada toda posibilidad de ingreso, aún con PCR negativos, y estemos sujetos a ser confiscados en un centro de aislamiento, vaya a saber uno, en qué localidad de esa provincia.

Quiso la vida que la pandemia se prolongara. Y, quiso Insfrán aplicar “sus propias leyes” en “su territorio” y de acuerdo a “sus” criterios de lo que es una República.

Quiso la vida que el matrimonio de nuestro cuñado y hermana no tuviera hijos, por lo tanto hoy ella vive sola con sus 77 años, en el interior de la provincia de Formosa, contenida por sus invalorables amigos (a quienes no nos alcanzará la vida para agradecer y retribuir todo el bien que hacen.) Hoy, además del inicio del otoño en el hemisferio Sur, se cumplen 11 meses de la partida física de nuestro cuñado.

No hemos podido viajar para despedir sus restos. Pero, lo más importante, no hemos podido llorar junto a nuestra hermana y también, porque no, reír con las anécdotas y recuerdos con que la vida quiso enriquecernos. Tampoco hemos podido acompañarnos en el duelo y en muchas decisiones que ella tuvo y tiene que tomar y resolver en el día a día.

Las políticas implementadas por Insfrán con respeto a la circulación de ciudadanos, llegaron hasta el extremo de costar la vida de personas”.

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Quiso la vida que nuestro perfil familiar no sea buscar protagonismo ni la autorreferencia, pero sentimos que necesitamos gritar nuestra impotencia y nuestro dolor por las políticas aplicadas arbitrariamente, ajenas a las necesidades profundas de los ciudadanos. Políticas rígidas que no permiten considerar situaciones que salen de los moldes y patrones establecidos en ese territorio provincial y, se llevan por delante todo vestigio de derecho humanos.

Es verdad que hay situaciones mucho más crueles que la que nos tocó en suerte vivir como familia. Casos que tomaron estado público porque las decisiones políticas implementadas con respeto a la circulación de ciudadanos en esa provincia, llegaron hasta el extremo de costar la vida de personas.

Pero quiero expresar que, detrás de esos casos terriblemente dolorosos e injustos, hay muchas historias como la nuestra, de profundo desgarro afectivo. Nuestra hermana es luchadora y valiente, pero vemos cada día que la tristeza y la soledad están llevándonos ventajas . Hoy, necesitamos hacer visible nuestra situación y que alguien nos mire como “ciudadanos” de un país donde, no sólo hemos nacido, sino hemos elegido vivir.

Antes de que nos lo quiten, ¿tenemos todavía derecho a preguntarnos si aún tenemos derechos?.

Yolanda Agretti

AVELLANEDA, SANTA FE

yoliagretti93@gmail.com

EL COMENTARIO DEL EDITOR

Por César Dossi

El maquillaje que idealiza al déspota

Lo sucedido en Formosa roza los ecos que condenamos todos los 24 de marzo, desde hace 45 años. La violación de los derechos humanos, la restricción del trabajo a la prensa, los centros de detención, la separación de bebés de sus madres y la represión policial.

Es la postal de la “Formosa de Insfrán”, leyenda que lleva a su protagonista montado desde hace 33 años en el poder. En el abuso del poder. El mismo dominio que justificaba el ministro de Gobierno provincial, Jorge Abel González, cuando decía: “Más firmes que nunca. En Formosa no se rinde nadie”, defendiendo la violenta represión contra los que rechazaban la dureza de las restricciones por el Covid-19.

Ese mensaje es, también, la estocada del “Vamos por todo” que la Justicia supo despuntar cuando se le ordenó a la provincia que “libere y reestablezca la libertad ambulatoria”. Así se quebraba uno de los brazos de la hegemonía que se creía perenne.

Yolanda escribió la carta con todo el dolor el domingo 21 de marzo, a un suspiro de romper con las cadenas que tenían a una Formosa cautiva y anestesiada por la sumisión. “Hay muchas historias de profundo desgarro afectivo”, acusa la lectora por la imposibilidad de darle a su familiar el último adiós, y condenando los actos inhumanos que allí se cometieron, y que el Gobierno nacional ocultó con incalificable mudez.

 Esa violación de los DD.HH., ejecutada por el capricho del gobernador ultra K de Formosa, ya es noticia en todo el mundo. Es que al disimulo oficial lo delataron organizaciones de derechos humanos de EE.UU. que denunciaron los abusos. No lo hizo Alberto Fernández, que desde sus giras por el interior maquillaba al déspota, idealizándolo como “uno de los mejores políticos… y seres humanos”.

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