Por qué el acceso al agua disminuye el trabajo infantil

admin

22/03/2021

En Argentina trabajan unos 800 mil niños y niñas de entre 5 y 15 años. En los centros urbanos se estima que uno de cada 10 chicos trabaja, pero la cifra se multiplica en las zonas rurales, donde trabajan 2 de cada 10: son más de 200 mil niños y niñas que realizan al menos una actividad reproductiva.  

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) relevaron la situación de 497 niños, niñas y adolescentes de algunas de estas áreas. Concluyeron que las horas semanales dedicadas a la recolección de agua se redujeron a la mitad en los lugares donde se habían realizado obras de acceso al agua familiares y comunitarias, para uso doméstico y productivo.

La OIT encabeza en el país un proyecto llamado “Offside: ¡marcando la cancha!”, que busca generar conocimiento y políticas públicas para erradicar el trabajo infantil en las áreas rurales de Argentina, en el marco del Plan Nacional para la Prevención y Erradicación del Trabajo Infantil y Protección del Trabajo Adolescente (2018-2022),

Como parte de Offside, OIT junto al INTA compararon el antes y el después de los proyectos especiales del programa ProHuerta (conducido por el INTA y financiado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación) que instalaron tecnologías de captación, conducción, almacenamiento y distribución del agua para consumo doméstico, producción y riego.

El estudio midió los efectos de esas obras en la reducción del trabajo infantil, que en las zonas rurales del país alcanza a 2 de cada 10 niños y niñas de entre 5 y 15 años y representa al 43,5 por ciento de los adolescentes de entre 16 y 17, de acuerdo con la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes (EANNA).

En muchas regiones del país aún es necesario buscar y acarrear agua para uso doméstico. Foto: Emmanuel Fernández
En muchas regiones del país aún es necesario buscar y acarrear agua para uso doméstico.
Foto: Emmanuel Fernández

“La implementación de tecnologías de acceso al agua y su apropiación por parte de las familias rurales y campesinas es crucial para que los niños, niñas y adolescentes no deban destinar tiempo a su acarreo, ya sea para fines productivos o de consumo en el hogar como para preparar alimentos y otras actividades de la vida cotidiana”, asegura María Eugenia Figueroa, coordinadora nacional del proyecto Offside de OIT Argentina.

Las mujeres son quienes asumen la mayoría de estas tareas, con el apoyo de los niños y las niñas”, detalla. Y afirma: “Esta investigación representa un aporte fundamental para el diseño de políticas públicas que busquen pasar de los compromisos a la acción, como proponen las Naciones Unidas durante el Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil”.

Pese a que el trabajo infantil disminuyó un 38% en la última década, aún hay 152 millones de niños y niñas que trabajan en el mundo. La pandemia COVID-19 empeoró la situación, y por eso las Naciones Unidas propusieron que 2021 fuera el Año Internacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, para que todos los Gobiernos actúen en forma conjunta y decisiva sobre el tema.

El estudio y sus resultados

Después de analizar la situación de 497 niños, niñas y adolescentes, distribuidos en 187 hogares de todas las regiones del país, la investigación concluyó que la mejora en el acceso al agua redujo significativamente el promedio de horas semanales usadas para acarreo y provisión de agua, que pasaron de 4,88 a 2,33.

La dedicación de niños y niñas a esas tareas mostró notables disminuciones, particularmente en el grupo de 5 a 12 años: su participación en el acarreo de agua pasó del 14 al 3,8 por ciento.

El estudio también muestra que en el 85 por ciento de los hogares encuestados se consideró que, a partir de la implementación de la tecnología, pudieron dedicar más tiempo a la escolaridad de los niños y niñas; además de dar nuevos usos al agua, como alimentación, lavado de ropa e higiene personal.

La educación es uno de los aspectos que más se ven afectados cuando los niños y las niñas asumen parte de la responsabilidad en las actividades productivas. En estos casos -aseguran desde OIT- “la continuidad educativa se pone en riesgo por falta de tiempo o cansancio”.

El relevamiento también mostró que el 4,5% del total de niños y niñas de entre 13 y 15 años, así como el 25,5% del total de adolescentes, no van a la escuela.

A partir del programa ProHuerta se pasó del 17 al 53% de hogares que tienen agua por cañería dentro de la vivienda, y todas las familias involucradas en esos proyectos tienen acceso al agua dentro de su predio, lo que reduce el tiempo destinado a obtener y transportar agua.

“La asociación con la OIT es clave”, dice Diego Ramilo, director del Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (CIPAF) del INTA, y destaca que los más de 550 proyectos especiales del programa Prohuerta beneficiaron a 16 000 familias y permitieron instalar tecnologías de captación, conducción, almacenamiento y distribución del agua para uso integral.

Para Ramilo, el estudio “permite desnaturalizar en distintos sectores lo que significa el trabajo infantil y profundiza las políticas públicas por parte del INTA, ministerios y organismos, porque esta problemática es clave en la tarea de satisfacer las necesidades básicas y derechos de las poblaciones rurales. Es uno de los desafíos más importantes que tenemos como país”.

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