Por qué un atractivo ciempiés puede llevar a la cárcel a su descubridor

admin

14/02/2021

El descubrimiento de una especie animal casi siempre es un acontecimiento científico relevante, incluso cuando se trata de un aparentemente insignificante ciempiés.

En el caso del Scolopendra paradoxa, una especie descripta científicamente por primera vez en 2018, el descubrimiento puede acabar con un complejo proceso judicial, con pena de prisión incluida.

En 2018, la revista ZooTaxa, especializada en taxonomía zoológica (clasificación y denominación de animales), publicó un artículo firmado por Carles Doménech, Víctor M.Barberà y Eduardo Larriba en el que se describían las características de una especie de escolopendra desconocida hasta entonces por la comunidad científica.

Los autores propusieron para esta especie endémica de Filipinas el nombre científico de Scolopendra paradoxa y el caso quedó archivado. S. paradoxa pasó a formar parte de la lista de más de un centenar de especies del género Scolopendra que se conocen en todo el mundo sin apenas llamar la atención de los no expertos, pese a que ciertamente se trata de un artrópodo de colores y extremidades muy llamativas.

El Scolopendra paradoxa es un artrópodo de colores y extremidades muy llamativas. Foto: Twitter
El Scolopendra paradoxa es un artrópodo de colores y extremidades muy llamativas. Foto: Twitter

La cosa cambió radicalmente cuando funcionarios del gobierno de Filipinas sospecharon que los ejemplares utilizados para documentar el descubrimiento podrían haber sido capturados, vendidos y exportados a España de forma ilícita o ilegal, según explica Yao-Hua Law en un artículo publicado el 10 de febrero en la edición online de la revista Science .

Coleccionistas y exportadores

El primer firmante del estudio origen de la polémica, Carles Doménech, de la Universidad de Alicante, España, indicó a la revista Science que inició su trabajo sobre esta especie después de ver imágenes de este ciempiés en internet, tras lo cual se puso en contacto con coleccionistas filipinos para conseguir algunos ejemplares.

Uno de los suministradores, Michael Andrew Cipat, atrapó ciempiés salvajes y los vendió, vivos y muertos, a Carles Doménech en 2016 y 2017, según relata Science. Según esta revista, Cipat indicó que tenía permisos para capturar este tipo de artrópodos y que la exportación fue realizada por un conocido suyo que tenía permisos para este tipo de ventas al extranjero.

El departamento de Medio Ambiente y Recursos Naturales de Filipinas no obstante, considera que “es ilegal vender especímenes a un investigador extranjero que no haya firmado un acuerdo” con este organismo oficial especializado.

El Scolopendra paradoxa mide unos 14 centímetros y tiene llamativas patas de color turquesa. Foto: Twitter
El Scolopendra paradoxa mide unos 14 centímetros y tiene llamativas patas de color turquesa. Foto: Twitter

Según el artículo de Yao-Hua Law, las fuentes oficiales consultadas indicaron que “el gobierno filipino no tolera tales actos ilegales” y “los recolectores podrían ser encarcelados o multados en virtud de una ley de protección de la vida silvestre de Filipinas”.

Carles Doménech explicó a Science que “no sabía que necesitaba permisos para exportar los ciempiés”. El primer autor de la descripción de la Scolopendra paradoxa, indicó que ni los responsables de la revista Zootaxa ni ninguno de los cinco revisores de su manuscrito preguntaron sobre los permisos que ahora reclama el gobierno de Filipinas.

“Ahora sé que fue un error. Ahora capturo mis especímenes y no dejo que nadie lo haga por mí sin los permisos legales correspondientes”, indicó Domènech, según el artículo de la revista Science.

Joaquim Elcacho, La Vanguardia.

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