“Puede fallar”: Tusam, el ilusionista inseguro

admin

07/04/2021

Después se escucharon cosas como estas: “Un pariente lejano de Tusam hacía aparecer pan de la nada o lo multiplicaba. Y con el pescado, lo mismo”.

Tusam. Un tipo que hacía trucos, cuyo latiguillo lo delataba. “Puede fallar”. ¿Fue un ilusionista inseguro que poco a poco, en base a una pericia incierta, se ganó el corazón de la gente?

De lo más humilde, hasta con cierto fatalismo telúrico, el hombre transportaba el rostro que el encantamiento necesitaba. Por completo alejado de una búsqueda de perfeccionismo. Si los magos de capa caída se tiñen el pelo, Tusam, dicen, usaba peluca.

Prefirió patentar “mentalista”, “hipnotizador”. En vez de partirte al medio como un rayo, te ayudaba a dejar de fumar (le interesaban las decisiones personales con repercusión social).

Eso lo fue transformando en el “Mago más famoso de Latinoamérica”.

¡Pero él decía que no era mago! Mala suerte: si la gente conoce sólo 50 palabras, sus pensamientos serán de 50 palabras.

Tusamn fue onjeto de estudio para la ciencia. Foto David Fernández TU SAM-DAVID FERNANDEZ
Tusamn fue onjeto de estudio para la ciencia. Foto David Fernández
TU SAM-DAVID FERNANDEZ

Juan José del Pozo, devenido Tusam ostentaba el raro privilegio de independizar los órganos de su cuerpo y manejarlos como si fuera un titiritero del San Martín.

De chico hasta lo estudiaron en la Facultad de Medicina. Ese atractivo fisiológico de niño índigo lo llevo a otra dimensión y así como Claudio María Domínguez pasó de “chico Odol Pregunta” a elevado sujeto de espiritualidad, Juanjo -como le dirían en el barrio- saltó de ratón de laboratorio a experto en hipnosis.

Tusam no hizo otra cosa que aprender a tocar el instrumento de tu mente.

El por qué del nombre

“Técnica, “Unción”, “Sabiduría”, “Amor” y “Mística”. Las palabras, dignas del arcángel San Gabriel, arrojaron el origen de la sigla más famosa después de YPF: Tusam. Un señor que podría haber triunfado en Hollywood. Pecho inflamado a lo Johnny Tolengo, semblante lleno de ángulos, bigote apto para películas Clase B.

Tusam y Ringo Bonavena, en una de las pruebas del ilusionista.
Tusam y Ringo Bonavena, en una de las pruebas del ilusionista.

En 1966 entendió que ser “hipnotizador” no era algo que pudiera ponerse en un cartelito de consultorio y prefirió el mejor ámbito posible para sus prácticas oníricas: la tele.

Una tarde apareció en Sábados continuados (del viejo Canal 9) y mostró su fenomenal dominio del cuerpo, en este caso de los pulmones. ¿Qué fue lo que hizo? Batió una especie de record de permanencia bajo el agua –esto es, sin respirar- que todavía debe figurar en alguna edición del Guinness.

Un nieto de Jacques Cousteau que se crió en el Calypso también batió un récord de permanencia bajo el agua. Sin embargo, hay una sustancial diferencia con nuestro hechicero: el descendiente estuvo 30 días a unos nueve metros del Mar Rojo. Pero adentro de un habitáculo.

La tele, su hábitat

Con los años Tusam tuvo su propio programa de televisión. Epocas donde triunfaban Chasman y Chirolita. Incluso reemplazó a Horangel (QEPD) en un programa de astrología (¿qué tendrán qué ver uno y otro?).

Acaso inspirado en las simultaneas de ajedrez a ciegas de Najdorf, Tusam hizo un “hipnotismo colectivo”, proeza que aumentó su fama.

Tusam en el Teatro Colón.
Tusam en el Teatro Colón.

Eligió enemigos con actitud imperial: a manosantas y curanderos los consideraba mentirosos. La gente le creía porque el interlocutor era un fulano que tragaba sables, lámparas encendidas, masticaba vidrios y se metía clavos en el cuerpo mucho antes de que tuviéramos noticias del alfiler de gancho de Sid Vicious.

Iba tan al límite que, como él decía, podía fallar. Y fallaba. ¿Pero volverse humano también era parte de la gracia?

Nunca se sabrá si lo hizo a propósito o no, pero se lo recuerda en Finalísima cuando casi ahoga a su único hijo dentro de un tanque hermético.

“Voy a hacer algo en circunstancias muy especiales”, dijo presentando el truco ante el perfil Illya Kuryakin de Leonardo Simons. Finalísima. 1990.

“No voy a ser yo el protagonista, sino Leonardo. Tusam Jr., como a él le gustaba que lo llamen”.

Tusam Jr, el hijo del mentalista, entrenando para una prueba en hielo. Foto Gerardo Dell'Oro
Tusam Jr, el hijo del mentalista, entrenando para una prueba en hielo. Foto Gerardo Dell’Oro

Clima de horror en el estudio. Lo que se veía era un enorme tanque onda publicidad de Milka. “Leonardo va a tener como única herramienta un martillo”, explicaba el padre mientras las cámaras mostraban los manguerazos sobre el recipiente.

“Si hay una emergencia, él golpeará de forma repetida”. Para la ocasión, el pibe peinaba y vestía como uno de Los Parchís. Al aire se trataban de “tu”. Habían probado que de esa manera el ambiente se volvía más ameno.

Una última bocanada de aire y el muchacho se sumerge. Beso al pibe, caricia en cachete y un deseo de papá. “Suerte”.

La cara de Tusamito era  la súplica de alguien que se preguntaba: “¿Por tengo que hacer esto, papi?”

Introducida la cabeza, meten candados para que todo quede (demasiado) herméticamente sellado.

“Cuando cerraron la tapa es como que me apagaron el mundo”, diría Leonardo, ya vestido de otra forma, años después al recordar el episodio.

Dos minutos 13 segundos marcaba el reloj que se veía en la pantalla del 9 de Romay. Tusamito empezó a martillar. Tac tac tac tac. El golpeteo era perfecto y constante. Casi un ritmo del El Choque Urbano.

Tusam padre ordenó destapar el recipiente. “Cuando dije que no daba más, había aspirado. Agua a los pulmones”, nos recuerda Tusamito.

Lo que siguió fue Simons imperturbable, una manta cubriendo el tacho donde estaba el pibe y clima de duelo. Tusam lamentará el suceso sin dejar de mirar a cámara. Su hijo, mientras tanto, volvía de la muerte.

Una voz maquinal y en off permitía que escucháramos: ¡Emergencia!, ¡Emergencia!

Tusam, mano al hoyuelo del mentón: “Quizás usted esté pensando que damos un dramatismo que no corresponde”. Simons, silencio. “No podemos seguir hablando. Nos vemos la semana próxima. Perdón, perdón. Perdón”.

Pedir perdón en exceso, dicen, es propio de quienes tienen socavada la confianza. Recordemos su estribillo kármico: Puede fallar.

“Cuando te estás por morir el tiempo pasa muy lento”, dijo Tusamito.

Nunca se entendió en todos estos años: ¿Cuál era el truco en Finalísima? ¿Aguantar mucho tiempo? ¿Inaugurar una dinastía de récords? ¿Convertirse en influencers tempranos? ¿Aparecer afuera del tanque?

Un mago enmascarado de nuestras pampas dio a entender que solo fue un truco que pasó a la historia por haber salido mal “a propósito”.

Nadie habla de los aviones que aterrizan, sino del que se estrella. Entonces parece que Tusam, un visionario que sabía cómo llevar el pan a su casa, pudo habernos engañado hasta el día de hoy.

Un misterio que quizás conozca Beto Casella. Lo llamamos una y otra vez pero siempre daba ocupado.

“Ningún mago en ningún truco alguna vez estuvo en peligro”, se lo acusó. “Hasta los golpes del martillo, muy rápidos en relación a la supuesta densidad del agua y el sonido, no se corresponden con dicha densidad”.

Cosechó fama extrema. Tusam fue mago, faquir & mentalista. Sin embargo, un día de 1999 se murió. Infarto agudo de miocardio. Tenía 66 años y estuvo internado en terapia intensiva como cualquier hijo de vecino.

Alguna vez declaró que sólo a naturaleza impone límites. “Voy a seguir experimentando hasta que el cuerpo me diga basta”.

WD

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