Roland Garros 2021: En el “Coliseo” parisino, Novak Djokovic fue el mejor gladiador y dejó afuera al emperador Rafael Nadal

admin

11/06/2021

Como Máximo Décimo Meridio, aquel personaje a quien Russell Crowe le pusiera voz y cuerpo en la ya legendaria Gladiador, Novak Djokovic se lleva el reconocimiento absoluto. Aunque esta vez no hay un Cómodo que se lleve la reprobación del Coliseo del otro lado: es que el vencido no es otro que Rafael Nadal, un emperador al que en París se lo ama y venera.

El serbio aplasta, juega un tenis durante todo el partido, pero sobre todo en el último set, que hace que el español luzca humano; algo que sobre el polvo de ladrillo parisino es prácticamente imposible.

La placa final dirá que fue 3-6, 6-3, 7-6(4) y 6-2 en 4 horas y 11 minutos para el hombre de la exYugoslavia, que jugará la final contra el griego Stefanos Tsitsipas.

Djokovic levanta los brazos y París cae a sus pies. Foto EFE
Djokovic levanta los brazos y París cae a sus pies. Foto EFE

Es la tercera derrota que sufre Nadal en París en 108 duelos, la segunda a manos de Nole, número 1 del mundo, el único que ha logrado derrotarle en suelo francés (ahora en una cifra récord de dos ocasiones) junto al sueco Robin Soderling.

Fue tras un partido inmenso, un homenaje al tenis sobre polvo entre los dos mejores tenistas en esa superficie, un premio extraordinario para el serbio que, por fin, logró derrotar al español en plenitud de sus condiciones.

En 2015 lo hizo con un Rafa mermado física y psicológicamente y los otros fueron todos triunfos del español.

Fue un duelo en el que los dos tenistas mostraron que son capaces de quebrar las leyes del tenis, las leyes antipandemia, las leyes de la naturaleza. El público pudo asistir al espectáculo hasta el final, porque las autoridades se lo permitieron pese al toque de queda. Sensato. No se le podía quitar al pueblo tamaño espectáculo como si se tratara de un chupetín removido de la boca.

Nadal sacó la apisonadora desde el inicio, levantó dos puntos de quiebre y puso quinta a fondo para colocarse 5-0. El serbio tardó 35 minutos en anotar un punto, pero cuando lo hizo encadenó 3, tras hacer bueno el quinto break-point y levantar dos puntos de set del español.

No se descompuso Nadal, que aguardó su siguiente saque para cerrar la manga, una hora después del inicio.

Nadal celebra. Tuvo sus momentos, pero no pudo con la solidez de Djokovic. Foto Anne-Christine POUJOULAT / AFP
Nadal celebra. Tuvo sus momentos, pero no pudo con la solidez de Djokovic. Foto Anne-Christine POUJOULAT / AFP

La mejoría de Djokovic en el final del primer set se confirmó en el segundo: el serbio estuvo más incisivo, más asentado en su servicio y, sobre todo, más agresivo en la devolución, lo que hizo sangre en el juego de Nadal, obligado a ir al límite.

El español se defendió y se creó sus oportunidades, pero no estuvo fino a la hora de aprovecharlas. Hasta cinco puntos de quiebre desperdició, contra uno solo convertido.

El empate no le sentó bien a Nadal, desdibujado, timorato con su servicio, agredido con la devolución, que no carburó, lo que dio alas al serbio, agresivo desde el fondo de la cancha, siempre metiendo presión al español, que parecía condenado a la deriva.

Caía la noche en París y Nadal daba su peor cara, colgado de un hilo, pendiente de un soplido del serbio, aferrado a base de coraje, sometido a un acoso sin piedad.

Con 5-4 servía Djokovic para llevarse el parcial, pero Nadal siempre vende cara su piel. Reaccionó para empatar a 5 y aceleró para gozar, en el siguiente juego, de un set point.

Pero el serbio se rehizo, la levantó y forzó el juego de desempate, donde fue más sólido para colocarse 2-1.

El espectáculo era tremendo en la pista y la tribuna no quería perdérselo. “¡No nos iremos, no nos iremos!”, coreaban los 5.000 aficionados autorizados, mientras se acercaba el toque de queda de las 23 horas.

Mientras los jugadores se retiraban a vestuarios, cuando la carroza iba a convertirse en calabaza, la megafonía anunció contra todo pronóstico que, de acuerdo con las autoridades francesas, podían permanecer. Parecía difícil evacuar. Aplausos y algarabía en las gradas, júbilo para seguir viendo el fantástico duelo de titanes. “¡Merci Macron!” y que siga el espectáculo.

Suena La Marsellesa y prosigue la batalla. Toma y daca. Empezó golpeando el español, que arrebató el servicio del número 1, pero su reacción fue rápida, lo recuperó al cuarto y ahí apareció su mejor versión, la que necesitaba para doblegar al 13 veces campeón.

Nadal pidió asistencia para quitarse un vendaje del pie izquierdo y Djokovic olió la sangre, avanzó peones y arrinconó al español, que veía como de nuevo se abrían vías de agua en su línea de flotación.

La noche era ya cerrada y el público sentía que asistía a un momento histórico. Su aliento no era suficiente. La ovación cuando se retiró fue emotiva. Mañana, cuando amanezca de nuevo en París, el único Nadal que podrá verse en Roland Garros será el de acero que, para siempre, adorna el torneo en homenaje a su rey.

Con información de EFE.

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