Ser (o no ser) estudiante en la Argentina

admin

21/09/2021

Hoy se conmemora la llegada de los restos de Domingo Faustino Sarmiento a Buenos Aires en 1888 y se celebra el “Día del Estudiante”, con asueto y motivo de festejo para las y los adolescentes que transitan la secundaria en nuestro país. Si bien la obligatoriedad de este nivel educativo motorizó compromisos para garantizar nuevas oportunidades a partir de la Ley de Educación Nacional (2006), las desigualdades estructurales a nivel socioeconómico y territorial —profundizadas por la crisis del COVID-19— plantean un escenario en el que ser (o no poder ser) estudiante en la Argentina refleja experiencias muy distintas.

Antes de la pandemia, ser adolescente no equivalía a ser estudiante para una proporción significativa de la Argentina. Según datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), en 2019, 7 de cada 10 jóvenes de entre 20 y 22 años en los grandes centros urbanos contaba con el secundario completo.

Este promedio esconde una importante desigualdad: entre los sectores altos, egresaban 9 de cada 10; en los sectores en situación de vulnerabilidad, solo 4. A nivel regional, un estudio de la UNESCO observaba que solo el 63% de los y las jóvenes completaba la escuela secundaria en América Latina, con probabilidades de finalización hasta 5 veces más altas entre el quintil más rico y el más pobre.

Aún para quienes llegan al último año del secundario, ser estudiante puede implicar experiencias muy distintas de acuerdo con el recorrido y los aprendizajes. Las pruebas Aprender 2019 muestran que el 71% de estudiantes se encuentra por debajo del nivel satisfactorio en matemática, pero esta cifra aumenta al 90% entre jóvenes del nivel socioeconómico (NSE) más bajo y desciende al 49% entre los del más alto. También advierten que la proporción de estudiantes con rendimiento satisfactorio en matemática en una determinada provincia de la Argentina puede llegar a quintuplicar la de otra.

Estos desafíos se multiplicaron con la pandemia. La posibilidad de aprender de las y los jóvenes estuvo interpelada por diferentes factores.

Hoy, casi 6 de cada 10 menores de 14 años viven bajo la línea de pobreza en Argentina, con oportunidades desiguales de acceso a dispositivos y conectividad. Estudios de UNICEF señalan que un 43% de adolescentes de 13 a 17 años cuida a niños/as o a personas mayores con los que conviven, y un 13% busca trabajo.

En otro informe para la región, el 27% de adolescentes y jóvenes (13 a 29 años) dice sentir ansiedad y 15% manifiesta depresión. Este escenario aumenta el riesgo de abandono escolar. Si bien no existen datos para estimar con precisión el número de jóvenes en esta situación, un relevamiento de UNICEF entre abril y mayo de este año muestra que en el 6% de los hogares del país encuestados algún niño, niña o adolescente abandonó la escuela durante 2020, y el 19% de estos casos afirma no haber retornado en 2021.

El contexto actual interroga la capacidad de nuestro sistema educativo, de las políticas y de los sectores dirigentes para establecer compromisos dirigidos a que toda y todo adolescente de la Argentina pueda ser estudiante cada 21 de septiembre. La implementación de políticas educativas dirigidas a las nuevas generaciones implica la construcción de una perspectiva de largo plazo capaz de abrir nuevos caminos para nuestro país.

El medio siglo de democracia se encuentra a unos pocos calendarios. Una Argentina en la que todas y todos sus jóvenes sean estudiantes cada año representa una parte irrenunciable para delinear un modelo de país más justo, productivo y sustentable, capaz de responder a los grandes desafíos que deparen las próximas décadas.

Alejandra Cardini es directora del programa de Educación de CIPPEC

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