Sharon Stone se confiesa: la muerte desde cerca, un abuelo abusador y la intimidad inventada por el público

admin

28/03/2021

Durante una larga internación, en 2001, cuando trataban a Sharon Stone por un derrame cerebral y una hemorragia subaracnoidea que le había desangrado el cerebro, la cabeza y la columna vertebral, escribe que recibió la visita de su abuela Lela, que había muerto hacía 30 años.

“Aquí es donde se pone raro”, escribe Stone en sus nuevas memorias, La belleza de vivir dos veces, que Knopf publicará el próximo martes. Lela vino a transmitirle una advertencia: “Hagas lo que hagas, no muevas el cuello”.

Es una de las varias escenas de su vida que Stone, la estrella de 63 años de películas como Bajos Instintos, Casino y Rápida y mortal, relata con franqueza y humor sarcástico.

A pesar de su larga carrera en Hollywood interpretando a mujeres fatales y misteriosas -incluso en series de televisión recientes como Mosaic y Ratched-, sus memorias son un relato más episódico de su vida y su crianza. En particular de su juventud en la modesta Meadville, Pensilvania, y de la familia, indeleble aunque problemática, que la crió allí.

Sharon Stone en "Ratched", uno de los trabajos más recientes de la actriz.
Sharon Stone en “Ratched”, uno de los trabajos más recientes de la actriz.

Como explicó en una entrevista, en el pasado mes de febrero, “creo que el objetivo de mi libro es narrar una vida bastante normal. No creo que mi vida sea excepcional, salvo que terminé siendo una estrella de cine. Este libro podría ser escrito por muchas otras personas que crecieron en un pueblo pequeño”.

Se trata de una historia que Stone suele contar con detalle implacable, empezando por la experiencia cercana a la muerte que la ayudó a inspirarse para escribir el libro. “Después de todo esto, pude volver a respirar”, dijo. “Podía volver a hablar. E iba a respirar y hablar de otra manera”.

Habló además de la creación de The Beauty of Living Twice, de las experiencias personales que relata y de cómo la animó a revalorizarse. Estos son extractos editados de esa conversación.

-¿Por qué decidió escribir estas memorias?

-Fui de un lado a otro intentando que me publicaran mis relatos cortos, y todo el mundo me decía que nadie quería leer relatos cortos. Creo que lo que en realidad querían decir era que deseaban meterse en mi vida privada. Yo no quería hacer eso en ese momento. Entonces mi amigo Kael (el escritor J. Kael Weston), que escribió The Mirror Test, me recomendó que su editor Tim O’Connell, de Knopf, lo leyera.

Mientras tanto, yo había escrito una carta a Janklow & Nesbit para conseguir un agente. Entonces Knopf y otra editorial empezaron a ofrecerme ofertas. Pensé en aprender más de Sonny Mehta (el venerado editor de Knopf que murió en 2019) y de Tim. Sonny leyó mi material y dijo que pensaba que yo era su próximo narrador irlandés.

-¿Tuvo un proceso de escritura particular mientras trabajaba en él?

-Cuando estaba muy cerca de hacerlo, tomé dos películas en Nueva York y cada día libre iba a Knopf y me sentaba en una oficina a escribir. Me llevaba algo de comida, o pedía algo, y me pasaba cinco, ocho, doce, quince horas… Y simplemente escribía.

-¿Le preocupaba que la reconocieran en sus oficinas?

-En lo peor del invierno llovía y nevaba. Me metía allí con mi gorro y mi abrigo de plumas, con mi computadora y mis cosas. Nadie daba un (improperio) por mí.

Sharon Stone junto a su hermana Kelly, con quien tomó la decisión de sacar a la luz uno de los capítulos oscuros de su vida. /Foto: Wire Image/Daily Mail
Sharon Stone junto a su hermana Kelly, con quien tomó la decisión de sacar a la luz uno de los capítulos oscuros de su vida. /Foto: Wire Image/Daily Mail

-En el libro revela mucha información muy personal sobre su familia y su infancia, incluyendo detalles de cómo usted y su hermana, Kelly, sufrieron abusos sexuales por parte de un abuelo. ¿Habló de esto con sus familiares sobrevivientes antes de publicar el libro?

-Mi hermana y yo tomamos la decisión juntas. Hablamos con mi madre y al principio se mostró muy estoica, y me escribió una carta sobre lo desconcertante que era toda esta información. Todo el rollo piadoso, horrorizado, el “no quiero hablar de eso” directamente.

Entonces mi hermana se descargó cuando mi madre se quedaba con ella y tuvo un gran avance. Cuando terminé el libro, se lo leí a mi madre durante tres días. Yo tenía gripe en ese momento. Estaba en cama y ella se metió en la cama conmigo mientras terminaba el libro, y luego grabé una hora y media de su conversación.

Entonces, reescribí gran parte del libro. Fue entonces cuando le dediqué el libro a ella.

-¿Le preocupa que la gente se entere de estas cosas sobre su vida cuando se publique el libro?

-Si no lo hacés, la gente lo inventará todo por vos. Llevo toda una vida adulta en la que la gente se ha inventado mi vida. He tenido bastantes problemas de panza esperando la llegada de este libro. Ahora voy a salir en el período más amenazante, perturbador y psicológicamente agresivo en el que se encuentra nuestro mundo desde los años ’60 y voy a estar vulnerable y abierta. Entiendo que me encontraré con una cierta cantidad de todo eso. Pero no quiero estar a la defensiva. Quiero prepararme para estar abierta y presente. Porque ése es el objetivo de mi viaje.

Alrededor de 2012, Sharon Stone comenzó a salir con el modelo argentino Martín Mica. /Foto AP
Alrededor de 2012, Sharon Stone comenzó a salir con el modelo argentino Martín Mica. /Foto AP

-Hay algunas escenas violentas en el libro -una lesión en el cuello que recibió en un accidente de equitación cuando era adolescente; el fallecimiento de un tío que se resbaló y murió congelado- sobre las que encuentra formas irónicas de escribir. ¿De dónde viene eso?

-Tengo un poco de personalidad de comedia negra. Realmente creo que estamos destinados a enfrentarnos a la vida con cierta gracia, y el humor ayuda a que eso ocurra. Quiero decir que he tenido una oportunidad única en mi carrera de hacer de mala. Cuando estaba en la escuela, mi profesor de interpretación me hizo estudiar con un tipo que te enseñaba a explorar tu sombra. Y me sorprendió mucho cuando me vi bien a mí misma.

Me dije: “¿Eso es todo? No eres tan mala.” No tengo miedo de mi sombra. Una vez que conoces la profundidad y la amplitud de tu lado oscuro… (En su teléfono empieza a sonar el tono de llamada Happy, de Pharrell Williams. Desestima la llamada y, tras unas risas, reanuda su respuesta).

La gente sigue acudiendo a mí para esos papeles porque creen que se me da bien, y yo creo que creen que me gusta hacerlo. En realidad, no me gusta hacerlo y no quiero seguir haciéndolo, sin propósito. Si voy a hacer algo oscuro ahora, necesito una razón que no sea simplemente que es divertido.

Lo del mono en el hombro (una excentricidad favorecida por su personaje Lenore Osgood en la serie de Netflix Ratched) me parece súper divertido. Le dije a Ryan (Murphy, que desarrolló la serie), que podríamos quitar el mono digitalmente, cuando se acabe la actuación, y seguiría siendo muy interesante.

-Aparte de los pasajes del libro en los que escribe sobre su trabajo en películas como Bajos instintos y Casino, no se centra mucho en su carrera cinematográfica. ¿Por qué?

-(Pausa) En realidad no es en lo que estaba trabajando en ese momento. Simplemente no formaba parte de lo que realmente quería conseguir.

Sharon Stone en "Bajos instintos", filme cuyo rodaje recordó recientemente concierta carga de amargura.
Sharon Stone en “Bajos instintos”, filme cuyo rodaje recordó recientemente concierta carga de amargura.

-Tampoco se detiene mucho en sus matrimonios anteriores. Sin embargo, dice que tuvo que firmar un acuerdo de confidencialidad con su segundo marido, el periodista Phil Bronstein.

-Sí, antes de casarnos me pidieron que firmara un tipo de acuerdo de confidencialidad.

-¿Le pareció un acuerdo inusual?

-Sólo diría que eres un tipo muy inteligente, eres periodista, y si quieres saber algo sobre ese tema, estoy seguro de que puedes averiguarlo por ti mismo.

-¿Piensa alejarse de la actuación para centrarse más en la escritura?

-Bueno, en realidad he dejado ir a mis agentes y al management y a toda esa gente. Ahora sólo quiero que me contraten los directores que yo elija. Ya no quiero que me propongan nada. No quiero que me den a la gente porque puedo financiar su película. No quiero que me vendan. No quiero que otras personas decidan qué material debo ver o no. Así que sólo acepto ofertas directamente.

-¿Cómo se dirigirá la gente a usted con estas ofertas ahora?

-La mayoría de la gente sabe cómo ponerse en contacto conmigo. Pueden enviar cosas a mi publicista, que me las reenvía. Por supuesto, estoy en Instagram. He dejado que la gente me diga todas las razones por las que no puedo trabajar. Creo que 40 años de demasiado alta, demasiado baja, demasiado gorda, demasiado delgada, demasiado rubia, demasiado morena, demasiado joven, demasiado vieja. Demasiado esto, demasiado aquello… Ya no me interesan las razones por las que no puedo devolver la llamada. Así que, si un director me quiere, específicamente, podrá encontrarme.

Así se la veía a Sharon Stone en 2001, poco antes de sufrir el derrame cerebral que la puso al filo de la muerte. /Foto AP Photo/Kim D. Johnson
Así se la veía a Sharon Stone en 2001, poco antes de sufrir el derrame cerebral que la puso al filo de la muerte. /Foto AP Photo/Kim D. Johnson

-¿El título de su libro hace referencia a una sensación personal de resurrección después de haber sobrevivido a su crisis de salud en 2001?

-Tuve esa experiencia de luz blanca en la mesa de operaciones. Y cuando te desplomas literalmente en una mesa, tienes que hacerte algunas preguntas. Quería revisar mi vida y preguntarme: ‘¿Por qué te presionaste a ti misma sin escucharte? ¿Qué parte de tu dispositivo de escucha se fracturó o rompió tanto que no viste hacia dónde te dirigías?’

El libro es de las grandes preguntas. No soy la clase de persona que dice “perdoná, pasame el sobre y rompamos un poquito para ver”. Soy la persona a la que le gusta hacer explotar el sobre. Soy como, (ruido de explosión) ¡bum!. Empujá, mirá los restos del mismo y vas a ver.

Dave Itzkoff, para The New York Times

Traducción: Patricia Sar

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E.S.

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