“Them”: el racismo, ese horror nuestro de cada día

admin

27/04/2021

Como nuevo eslabón en la cadena del “terror étnico” que asaltó las pantallas chicas y grandes desde hace algunos años, Them (Amazon Prime Video), creada por Little Marvin, comparte con Lovecraft Country (HBO) algunas inquietudes temáticas y muchas señas estéticas. En ambas, el trasfondo político de los Estados Unidos partidos al medio por las leyes de segregación racial repercuten en los lazos familiares de maneras concretas, afianzando instintos de supervivencia y sentidos de pertenencia raciales y generacionales.

Esas claves se juegan en el terreno bien codificado del género de terror, con sus respectivas ominosidades argumentales y sus estrategias de puesta en escena. Pero entre las dos propuestas, se abre una brecha estética que permite apreciar los modos en que la historia del cine “oficial” de Hollywood está siendo reexaminada por los jóvenes artistas afroamericanos.

Si Lovecraft Country reformulaba algunos tópicos de la road-movie tradicional afianzándose en algunos otros clásicos más o menos contemporáneos como Ragtime (1981, Milos Forman) o Mississippi en llamas (1988, Alan Parker), Them se proyecta sobre el cine “blanco” de los años 50 y 60 idealizado por el Hollywood más plástico y azucarado que se recuerde. La referencia obvia son los filmes protagonizados por Rock Hudson y Doris Day, aún cuando la corrosividad de la serie y su espíritu crítico permitan superponer las influencias hasta alcanzar los más complejos e incómodos melodramas de Douglas Sirk.

Hay mucho de esos universos brillosos, coloridos y artificiales en Them. La sensación de que la suburbanidad del Este-Oeste norteamericano de la época, con sus casitas simétricas de impecables jardines, sus comunidades perfectamente cerradas sobre un ánimo de progreso personal basado en el sacrificio y el trabajo y sus idílicos paraísos de consumo y relajamiento pop esconden ánimos convulsos y pasiones egoístas.

La familia Emory (padre, madre, dos hijas) huye de la América “Jim Crow” donde la segregación racial permanece y se resiste a morir para instalarse en una (aparentemente) más pacífica y tolerante comunidad de Los Ángeles habitada casi íntegramente por personas de raza blanca. La serie se inicia durante la llamada “Segunda Gran Migración”, como se conoció al desplazamiento masivo que los habitantes de raza negra efectuaron a lo largo del país entre 1940 y 1970.

Los Emory, sin embargo, no parecen estar en las condiciones de precariedad que afectaban a la gran mayoría de sus pares. Livia y Henry tienen empleos prestigiosos (ella es maestra de escuela y él trabaja en la división de ingeniería de una empresa un tanto misteriosa) y sus hijas tienen aspiraciones literarias y creativas que ellos no dejan de fomentar. Esa singularidad en cuanto a la realidad afromaericana de la época contrasta con las características de la comunidad blanca en la que se instalan, que bajo esa apariencia de juguetería doméstica y felicidad patriarcal, esconde los prejuicios más bajos.

Pero además de sus nuevos vecinos, hay otros factores perturbadores. La casa a la que se mudan los Emory parece esconder algunos secretos terroríficos en un sótano tenebroso, la hija menor comienza a percibir una presencia amenazante surgida de un libro infantil del que no se separa, y tanto Livia como Henry comienzan a transparentar, con el correr de los capítulos, algunos traumas personales.

De a poco, la paranoia y el miedo interior (dos ingredientes que no fueron ajenos a la época en la que transcurre la trama) se apoderan del paisaje. Y lo que parecía la excusa perfecta para un nuevo comienzo, se transforma para los Emory en un viaje terrorífico e impredecible.

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