Tute cabrero con protocolo y el poroto que más vale: la vacuna

admin

13/04/2021

El pacto de caballeros fue los primeros días de enero. Tapabocas obligatorio. No más de seis, la mesa afuera de la carpa y alcohol en gel cada tres o cuatro manos. Arrancaba un verano diferente a los 30, 40 o 50 anteriores.

En la misma playa de Miramar vieron crecer hijos y nietos. También empezaron a extrañar a muchos amigos de los tiempos en los que las mesas para jugar a las cartas eran tres o cuatro.

En este 2021 todos andaban entre los 60 y los 80. Y hasta un poco más. Para todos fue su primer verano en pandemia. Pero se las arreglaron igual y el Tute cabrero dijo presente con protocolo.

Juego de ingenio, el Tute requiere memoria, estrategia, saber elegir cuándo conviene ir a más y cuando ir a menos. Hay que contar los triunfos, el palo que domina, saber cuándo fallar y cuidarse de no renunciar, porque el que pierde se anota un poroto. El que tiene cuatro porotos queda “en capilla”. Y a los cinco afuera: a esperar que termine esa partida para empezar de nuevo.

Ahí se sentaban todas la tardes. Con la tecnología como aliada inesperada para saber si los demás estaban en la playa. Con la alegría del reencuentro si el clima cantaba dos o tres días de lluvia.

El bar de Pepe, a metros de la playa, esta vez no podía ser refugio para los días de viento y lluvia. Todos se cuidaban. Sabían que contagiarse coronavirus los podía dejar “en capilla”.

El verano pasó. Hubo varios capotes, algún tute de reyes. En febrero empezaron a hablar de la vacuna entre mano y mano. Me anoté pero no me llaman, contaba alguno. En Capital es solo para los mayores de 80, decía otro.

Empezó marzo. Me voy porque me vacunan pasado mañana; a mí no me salió el turno todavía… La mesa se achicó de a poco por los que tenían que volver por el ansiado pinchazo. Siguieron hablando por whatsapp. Entre fin de marzo y principios de abril toda la mesa tenía su dosis. Y ahí sí, todos se anotaron el poroto que más vale.

SC

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