Un mercado singular en Berlín y una cosecha roja contra el olvido

admin

09/02/2021

Nochmall. Una traducción difícil, como la de todo juego de palabras. Ocho letras, dos vocablos: uno en alemán (noch), otro en inglés (mall), una combinación que dice y nombra a otra cosa: un centro comercial situado en el distrito de Berlín-Reinickendorf donde las cosas descartadas tienen la oportunidad de regresar al circuito del consumo, ese que mueve al mundo y alimenta a multitudes. Este calambur –un probable pasaporte al premio de este año a la adulteración del idioma alemán–, es una invención muy reciente de las oficinas de propaganda de la Berliner Stadtreinigung (BSR), la empresa municipal de limpieza. Con él bautizaron a una de sus tantas iniciativas para dar nueva vida a la basura, evitar la acumulación de residuos y contribuir a la conservación de los recursos.

La base de una cafetera con su marca de origen. Foto Adela Schaeffner.
La base de una cafetera con su marca de origen. Foto Adela Schaeffner.

“Reutilizar en lugar de tirar” –es el lema de los basureros berlineses–. “Muchas cosas son demasiado buenas para su descarte y, tal vez, alguien pueda seguir utilizándolas. Ese sofá que Ud. ya no quiere o la colección de CDs de sus años mozos. Antes de tirarlos o de comprar algo nuevo, visítenos”, invitan.

Para ello, la BSR ofrece de manera gratuita una plataforma en línea para el intercambio de objetos y regalo de artículos usados. Y ahora inauguró NochMall, su tienda de segunda mano: 2.500 metros cuadrados poblados de muebles, ropa, electrodomésticos, artículos para el hogar, juguetes y libros recuperados en la ronda diaria de los barrenderos y de los camiones recolectores de residuos, pero también recibidos por entrega directa en las estaciones acondicionadas para ello.

En Nochmall cada producto es una pieza única, un tesoro, y la oferta cambia día a día. Dos veces por mes, se realizan subastas donde se pueden comprar desde obras de arte a discos de Montserrat Caballé o Plácido Domingo. Y con suerte, el último de Anna Netrebko. Todo explícitamente salvado de la basura, su marca de origen, la única novedad en una ciudad donde, desde hace décadas, se recicla y las tiendas y anuncios de cosas ya empleadas por otros, abundan en barrios ricos y pobres, en objetos de lujo y no tanto.

La iniciativa de la BSR, sin embargo, surge en un momento particular, cuando el consumo y el descarte parecen corroer la prudencia de las generaciones marcadas por las carencias de la guerra o de la economía planificada de la RDA.

Recuerdos sovieticos y de la ex RDA por pocas monedas.
Recuerdos sovieticos y de la ex RDA por pocas monedas.

Basta salir a la calle con ojos y mochila de coleccionista. Así en Berlin como en París, las veredas se han vuelto una playa que hace feliz a los adultos nostálgicos de la infancia y a los necesitados de un medio para sobrevivir gracias a la venta o adopción de cosas desechadas por la abundancia.

En los barrios de la antigua Berlín del Este –por ejemplo– se deshacen de cámaras y recuerdos soviéticos traídos de alguna vacación en el Mar Negro, de alguna misión de la amistad internacional o de algún congreso de la juventud. Hoy, los hijos o nietos de aquellos pioneros de ese futuro que se perdió de repente, deciden que los recuerdos del finado ocupan demasiado lugar y adiós, muchas gracias, a la basura. Pero, el remordimiento protestante, más fuerte que el desapego, horada el seso y despierta la mala conciencia: las cosas, en vez de terminar entre las cáscaras de naranja y los saquitos de té, acaban en una caja de cartón que, en las puertas de las casas, anuncian “Se regala”. Como Moisés en su canastita, ahí se quedan, confiando en la llegada de la hija del faraón. No lloran, es cierto. Pero tampoco lo necesitan: el ejército de recolectores aficionados o de profesión no duerme, dispuesto a las sorpresas del día y a lo que le depare el azar y el horario de las rondas cotidianas.

La que suscribe esta nota cae en la categoría de recolectora compulsiva, impulso heredado de sus ancestros piamonteses. Además, ostenta y con orgullo una nueva especialidad en marcas de países hoy inexistentes, obtenida gracias a una serie de becas y premios internacionales que le permitió desarrollar una rama del saber que –en otras épocas y en el barrio de San Francisco Solano– se llamaba cirujeo.

Una arqueóloga –o una ciruja de la opulencia– de los restos de los países del Este. Made in DDR y Made in USSR. Cristales lisos y grabados, metales, libros infantiles, literatura y guías de turismo procedentes de Leipzig, la ciudad de las editoriales. Y loza, sobre todo loza, con sus sellos en la base, una puerta a esa historia que sus herederos desperdigan y, otros, reciclan. Uno tras otro plato, las teteras, las tazas, todos mostraban esas dos letras: CP.

En los barrios de la antigua Berlín del Este –por ejemplo– se deshacen de cámaras y recuerdos soviéticos traídos de alguna vacación en el Mar Negro.
En los barrios de la antigua Berlín del Este –por ejemplo– se deshacen de cámaras y recuerdos soviéticos traídos de alguna vacación en el Mar Negro.

No eran las iniciales de mi padre ni el acrónimo de mi colección sino la marca de Colditzer Porzellan, la porcelana de Colditz, una ciudad en Sajonia, a orillas del río Mulde, un afluente del Elba. Famosa por su castillo, utilizado como hospicio, manicomio y campo de prisioneros durante la Primera y Segunda Guerras Mundiales y dueña de grandes yacimientos de caolín, el material necesario para la porcelana fabricada, desde 1710, en Dresde y Meissen. Colditz, desde el siglo XIX, albergó a varios talleres de loza y ya en la postguerra, en 1958, vio el surgimiento de CP, una empresa del estado que se transformó en el mayor fabricante de porcelana para el hogar y la hotelería de la República Democrática Alemana.

Entre sus líneas, surgió “Racional”, la vajilla de Mitropa, la compañía de restauración y coches-camas de los ferrocarril alemanes, también liquidada. Esas piezas –que hoy se consiguen en el sitio Formost (Formas del Este)– se produjeron desde 1969/70 con un diseño de Margarete Jahny y Erich Müller. Ambos desarrollaron esta esta línea apilable, apta para el lavavajillas y cuyas cafeteras de tapa ajustada permitía su manejo con una sola mano. La necesidad de poco espacio fascinó a los hoteleros y su demanda llevó a la necesidad de abrir nuevas filiales de CP, que, con 1.400 empleados y empresas auxiliares, era el mayor empleador de la zona de Colditz.

Tras la reunificación, la privatización llevó ese mundo a la ruina. Las instalaciones fueron descuidadas y desmanteladas. Las máquinas, vendidas a México como chatarra donde, en realidad, se siguen utilizando. Siguieron el cierre y la demolición de la planta, la mayor intervención en el mercado laboral al sur del valle del Mulde con efectos fatales para la región, ahora marcada por la emigración y el desempleo. La materia prima –la arcilla y el caolín– permanecen bajo tierra; los numerosos pozos en los alrededores de la ciudad dan constancia de ello y de esta historia que sobrevive, olvidada, en el mercado de la basura que, por supuesto, está lleno de otras cosas.

Así, en otro recorrido apareció Un paseo por la Plaza Roja, un libro infantil del año 1979, cuando CP se usaba en los ferrocarriles que llevaban a Moscú al encuentro de “los niños de octubre“, los protagonistas de la última página de este relato, una guía para las familias asistentes a las olimpíadas del año siguiente. Los pioneros más jóvenes de la Unión Soviética, los que en vez de pañuelo en el cuello llevaban una estrella roja con un retrato de Lenin niño. Trabajadores, respetuosos de los mayores. Amaban el trabajo y por eso eran llamados hijos de la revolución. Sinceros y audaces, hábiles e inteligentes. Convivían en amistad, leían y dibujaban, jugando, cantando, felices.

En Nochmall abundan los objetos clásicos de la RDA.
En Nochmall abundan los objetos clásicos de la RDA.

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Esas palabras hoy forman parte de esa basura que no hace distinciones, no pregunta, no se queja. Tampoco recuerda. Se deja llevar. A la quema, a una tienda de segunda mano, a la casa de un coleccionista, a los remates de la caridad o a los discursos medioambientalistas. Una cosecha roja, donde la sangre derramada, ha sido negociada.

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https://arqueologialaplata.academia.edu/IrinaPodgorny

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