Un pulpero de Las Grutas

admin

28/03/2021

El hombre camina bajo un sol que incinera. Hacen casi 40 grados y la pleamar amontona a todos los veraneantes contra los acantilados. La playa mide apenas unos metros y en ese camino lleno de obstáculos, él avanza a pasos de hormiga.

Lleva dos baldes colgados de un palo de escoba que le cruza los hombros. Están llenos de agua con pulpos miniatura flotando en su interior. Vive de eso, de venderlos, bien fresquitos, para que alguien los dore en una sartén y disfrute el sabor del mar.

Su trabajo no tiene horarios, depende de la marea. Cuando es baja, las olas se alejan y planicies de rocas llenas de mini-mejillones incrustados quedan al descubierto. Ahí es cuando, zuncho en mano, él sale en busca de esos pequeños cefalópodos. Su leitmotiv es pulpear. Cuando sube el agua, toca patear la arena con heladeros y churreros.

Pero lo suyo es casi un stand up veraniego que nunca falla, un chiste sin vencimiento, una película que no pasa de moda. Sigiloso, con la mirada afilada de un tiburón, busca una víctima. Los que se quedan dormidos en la arena, los que leen concentrados algún libro, diario o revista, y los distraídos que no lo ven venir, son sus presas favoritas.

Se acerca en silencio y cuando está a un centímetro, y el otro no tiene manera de defenderse, dispara: “¡Hayyyyyyyyyyy pulpitooooooooooooos!”.

El grito hace que todos a la redonda se volteen a ver cómo el desprevenido salta de pánico para segundos después morir de vergüenza. Las risas se mezclan con el arrullo de las olas. Es entonces cuando el pulpero más gritón del mundo acota susurrando: “¿Pulpitos?”.

Un personaje entrañable de veranos pasados en Las Grutas. ¿Seguirá vivo? Ojalá. Vivito y pulpeando.

Lo leiste en #FMVoz

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